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Archive for 31 mayo 2010

Pasarlo realmente bien

Imagino que más de una vez han acabado un día y han pensado «Joder, qué bien me lo he pasado hoy». Y entonces uno se para a enumerar la ingente cantidad de cosas que hicieron que un domingo cualquiera terminara en jornada espectacular.

Para pasar un buen domingo —y aunque cueste creerlo— toca madrugar. Y mucho. A eso de las 7 de la mañana hay que estar de pie. No por amor al arte, ni por ir a rezar ni por ver amanecer. Por ir a correr. Por hacer ejercicio. Por correrse 10 kilómetros por el centro de Madrid (Goya-Puerta de Alcalá-Cibeles-Colón-Castellana-Bernabéu-Ppe.Vergara). Para pasar un buen domingo hay que ir a correr con amigos.

Si es posible, lo suyo es no ir con expectativas demasiado altas. Más que nada por evitar decepciones. A un servidor le pasó. Tras unos dos primeros kilómetros a ritmo de vieja por la marabunta, decidió acelerar y pagó el esfuerzo en la segunda mitad de la carrera. De hecho, para disfrutar plenamente de una carrera, la clave es ir de menos a más, acabar entero y con sensación de haber progresado constantemente. Para disfrutar plenamente hay que hacer una carrera como la que el Míkel realizó. Perfecta.

Para que el sufrimiento de la carrera merezca la pena de verdad, hay que disfrutar del lugar en que se corre. Es importante darse cuenta de que no siempre se tiene la oportunidad de observar tan de cerca el centro de tu ciudad. A pesar de estar jodido, cansado, algo deshidratado y con ganas de llegar de una vez, uno no puede dejar de sonreír al pasar por ciertos emplazamientos.

Y cuando uno nota que quiere parar, que le duelen las piernas, que a veces incluso piensa «¡Es la última vez que madrugo como un anormal de carrito para pegarme esta paliza a correr!», entonces, hay que seguir disfrutando. Somos medianamente jóvenes. Capaces de correr 10 kilómetros en menos de 1 hora —unos discretos 57 minutos nos avalan— y tenemos salud (hasta que no se demuestre lo contrario).

Si uno quiere pasarlo realmente bien tiene que tener la suerte de que un tipo como el Sr. Ortigoza vaya con su cámara a hacer un espectacular reportaje gráfico mientras corre, subiendo y bajando, haciendo de perfecto gregario como tan acertadamente apuntó.

Y por supuesto, uno debe llegar a la meta e irse lo antes posible a celebrarlo con los amigos. A un bar o taberna con solera. A un lugar de cuyo nombre sí quiero acordarme. A poder ser cerca del coche. Y eso, a pesar de que no siempre sea fácil encontrarlo.

Después de los necesarios refrigerios cebadiles (que no cebatiles), un buen domingo te pide que te pegues una ducha reparadora y que planees un almuerzo digno de un marajá. Y vayas a una ciudad patrimonio de la humanidad. Allí lo mínimo es una parrillada y unas cuantas cervezas más.

Cuando ya sea hora de siesta, lo último que hay que hacer es decaer. Por ello, lo interesante de verdad es irse a un balcón a disfrutar de unos cubatas, de una buena conversación y de temas múltiples. Como por ejemplo la de aquel inolvidable Liverpool-Arsenal de mayo del 89 que tan increiblemente ha narrado ese genio al que todos llaman Nick Hornby.

Entonces y cuando las fuerzas flaqueen, lo que se hace es llamar al chino más cercano para que no decaigan los ánimos. Tantos como para que una mesa pueda caber por un lugar inverosímil o como para que siempre te pueda entrar una cerveza más. No importa que se vaya haciendo de noche. La temperatura no es problema. De hecho acompaña. El calor ha ido bajando y la perspectiva de los aviones despegando a lo lejos te invita a reflexionar. Es un domingo tan completo…

Pero como todo en la vida, llega a su fin. Vuelven las obligaciones laborales, las inevitables rutinas y los madrugones para cosas menos placenteras. Pero es lo que toca.

Entonces, para rematar la faena, lo que se hace es pensar en el futuro. En la próxima semana. En la casa que la Mentxu ya podrá abrazar, por ejemplo. Y bien que se lo merece. Y a niveles menos trascendentes uno piensa en los exámenes que le quedan la siguiente semana, otro vuelve al zulo, el de más allá vuelve a corregir y el de más acá tiene de nuevo que pensar en su despreciable jefe… aunque eso sí, el jueves no se curra, por lo que el miércoles tiene affaire por delante…

Un domingo aprovechado da para mucho.

¿En qué están pensando?


Pub nº27: Morrighan Irish Tavern

Según nos cuenta la mitología, Morrighan fue una diosa celta cuyo papel primordial era el de utilizar su magia para fortalecer a los guerreros y elegir a aquellos que debían morir.

Bella y sensual mujer de cabellos rojos, se dice que podía adoptar múltiples formas, siendo su forma predilecta la que representaba a un cuervo.

Esta diosa pertenece a los Tuatha Dé Danann, los seres mágicos que habitaron Irlanda antes que los irlandeses actuales.

En Madrid, concretamente en Santa María de la Cabeza, 65 hay un pub que responde a ese nombre. Al entrar, uno se encuentra con una única planta, dividida por zonas, en general bastante espaciosa. Parece grande, aunque tampoco lo sea tanto.

La decoración también tiene un punto ambiguo. Tiene cuadros, tiene imágenes, tiene madera, tiene referencias irlandesas, está claro que uno cree estar en un pub irlandés. Pero tiene un póster del Madrid, tiene otro del Castilla (además enmarcados) y desprende un cierto tufillo cañí que le quita irlandidad. No sé. Algo raro. Muy irregular. Lo que sí es grande y muy bien equipada es la barra.

Es una sensación particular la que deja este pub. Porque el precio es muy bueno. No en vano, nos tomamos rubias por 3’80€ y negras por 4’40€. Claro, hay un pequeño problema. Si de verdad se quieren tomas una Guinness en condiciones, no vengan jamás a este local. Y es que hay un asunto a resolver: aprender a tirar bien una Guinness. Absolutamente lamentable las pintas de negra servidas. Sin consistencia, sin espuma. Infame presentación. Habría que explicarle a este tío cómo se deben servir. Y lo que significa la palabra reposo. Pues eso digo, sensaciones contradictorias: precio muy bueno y pintas muy malas.

El ambiente es algo difícil de valorar. Unos argumentarán que es miércoles y había poca gente, otros que sin embargo está en un punto bastante transitado de la capital. La realidad es que nos encontramos con poca gente.

El servicio fue también desigual. El tipo se dio prisa en atendernos, pero ninguna en cobrarnos. Fue desesperante tener que esperar casi 15 minutos a que nos cobraran, tras varias veces de pedir la cuenta. Cutre-cuenta, por cierto, hecha a mano. El que nos atendía era un pelín rarito, dejémoslo ahí. Ya digo, extraño.

Fuimos los mismos cerdos de siempre. Los siete samuráis de la birra. Conversación interesante. Muy variada, más que otras veces. Que si el Spectrum, que si el Fifa, que si Celia Blanco, que si la carrera del domingo, que si la comilona en Alcalá de Henares, que si el Mundial, que si planificando la espectacular jornada de inauguración… hubo de todo. Buena gente, estos cerdos.

Posiblemente, el resultado de Morrighan Irish Tavern sea lo que en fútbol definiríamos como ni frío ni calor. No se va a acercar a puestos europeos, pero francamente es poco probable que ronde el descenso. Es de esos lugares a los que, te podrías meter, si te apetece tomarte una birra y estás andando por la zona. Pero es un lugar al que jamás irías si un día estás en casa y te planteas a qué pub ir para mojar el gaznate.

Todo está en la mitología… Se ha presentado también a esta diosa como la reina de los fantasmas y los espectros y transformada en hada Morgana se la conoció por su maldad. Sin embargo, como dama del lago se la conoció por ofrecer su lado más bondadoso.

Como cantaría uno de los ídolos de juventud del Ferlein: Usted, no es ná, no es chicha ni limoná.

Pub nº26: Jarritus Irish Pub

Fue una gran noche la del Jarritus.

De verdad buena. Muy divertida. Fuimos prácticamente todos. Con nuestras respectivas vidas y problemas, pero con la sensación de que estos momentos hacen que la vida merezca la pena (perdonen el gayerismo). El sitio además acompañó.

Este 26 fue el pub más pequeño al que hemos ido desde que comenzó la andadura. Con diferencia. Hablamos de una veintena de metros cuadrados. Poco más. Un polígono de cuatro lados perfecto con una barra a la izquierda, dos espacios a la derecha divididos para que así haya un mínimo de aislamiento para algunos que se quieran sentar y la zona central. 41 personas ponía como aforo máximo permitido. Muchos parecían.

El lugar es la antítesis evidente de, por ejemplo, The Irish Rover en que estuvimos hace poco. Éste es más recogido, más de barrio. Más íntimo. Y en muchos casos… más irlandés. Porque uno en la vida conoce a muchas personas. Muchas más de 41. Uno en el móvil tiene más de 41 números telefónicos. Y probablemente cualquiera tiene en Facebook más de esos 41 contactos. Pero no creo que se necesite mucho más espacio para acudir con los verdaderos amigos que se tienen a lo largo de la vida. Es ideal para escapar de los agobios de la marabunta. Es el pub que te puedes encontrar en cualquier pueblo pequeño irlandés. Muy auténtico.

La decoración era interesante. Pequeños cuadros, botellas, imágenes relacionadas con el mundo de la isla verde y en definitiva parafernalia habitual.

Gustó mucho la barra del pub. Probablemente uno se fija más en ella al ser tan pequeño el local, pero me pareció repleta de pequeños detalles, como aquellas curiosas botellas de la final de la Champions. La cerveza fue bien servida, no fue para nada cara (creo que 4€ la rubia y 4’30€ la negra es un precio más que razonable) y el camarero fue un tipo agradable, que aguantó con estoicismo nuestras risas y nuestras conversaciones y que se ofreció, incluso, para tirarnos más de una foto. Muy buen servicio.

La conversación fue sublime. Quizas por el hecho de ir sin parientas y, sobre todo, de que el pub estuviera vacío. Completamente para nosotros. Una gozada. Era jueves por la noche y había buen tiempo, por lo que la gente acude más a las terrazas. Dentro se estaba de lujo. Tal vez, un poco alto el aire acondicionado. Pero en general, más que aceptable.

Hablamos de todo. Del Mundial que llega, de la liga que se fue, de Mourinho, del Madrid, del Barça, de Pepe Domingo Castaño, de Paquito, de la Copa del Sevilla, de Basile y especialmente de David Vidal. Ese genio incomprendido que ha hecho tanto por que el fútbol sea un lugar al que ir a divertirse que nunca le podremos dar suficientemente las gracias.

Definitivamente habría que decir que el pub podría sintetizar su idiosincrasia en la palabra «acogedor». El Jarritus es una elección más que interesante. En general el tipo de bares de esta índole, con una estructura similar basada en la sencillez y en la tranquilidad probablemente sean los que mejor respetan la esencia irlandesa.

Más de una vez he analizado la forma de ver y de beber la vida que tenía George Best. Talento inacabable, ingenio desbordante y necesidad de evadirse del mundo real a través del alcohol y de las drogas. «En 1969 dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores 20 minutos de mi vida». Es una de esas frases que todo el mundo conoce. La cuestión es que investigando más, he sabido que años antes de morir, a Best se le realizó un transplante de hígado. Y fue un éxito rotundo.

Sin embargo, su biografía se encarga de repetir una frase que me ha maravillado: «A pesar de lo cual, continuó bebiendo, y fue visto varias veces en su pub de Surbiton, en Surray». Me ha fasinado comprobar que incluso un tipo como él tenía «su» pub.

Eso es lo que andamos buscando. Es por ello que tendremos que recorrernos todos los de Madrid. Arduo sacrificio el nuestro. Pero la historia nos lo agradecerá.

P.D. “Tenía una casa en la costa, pero para llegar a ella había que pasar por un bar. Nunca llegué a ver el mar”, George Best (1946-2005). ¡Qué gran miembro de Bebedores se perdió por el camino!

Mourinho también gana el triplete

Bueno, Mou ha logrado lo que parecía imposible: que el Barça no ganara la Champions en el Bernabéu. Y levantarla él. No es moco de pavo.

Ciertamente, ahora que parece que, casi con total seguridad, será entrenador del Madrid, uno no sabe qué pensar. Solemos acentuar más lo políticamente incorrecto de su carácter, su punto defensivo inexcusable y su falta de presencia en muchas fases de los partidos. Pero, tal vez, también deberíamos mirar un poco que suele sacar lo mejor de los grupos con los que trabaja. Y que los jugadores siempre sienten que les protege. Y claro, ha conseguido resultados. Ha ganado ayer la Champions con el Inter 45 años después. Por cierto, qué bonita es la Copa de Europa y qué bonito es el Bernabéu.

Yo, sinceramente, prefiero que mi equipo esté comandado por Xavi, Iniesta, Cesc, Villa y Messi. ¿Quién no lo preferiría? Pero como no puede ser y tenemos que conformarnos con los también muy buenos jugadores (aunque sean de otro perfil) hay que intentar ser lo más competitivos posible. Y parece que Mourinho puede lograrlo.

No me apasiona la idea de que el Madrid vuelva a arrancar un nuevo proyecto, pero como la decisión está tomada, quizás sea interesante analizar que Mourinho ha ganado la Copa de Europa con Samuel, Lucio, Cambiasso, Motta, Chivu, Pandev y Diego Milito como base esencial. Si me lo dicen hace un tiempo, no me lo creo.

Esperemos acontecimientos. Pero todo eso después del Mundial. Porque nos llega la oportunidad que hemos esperado siempre. Imaginen…

P.D. No quiero olvidarme de Ángel González Ucelay. Él solo está haciendo frente desde su modesto micrófono de Punto Radio a la tiranía patética y lamentable del diario Marca (o Maraca; nunca fue tan acertado el calificativo de Del Rosal) que comanda y dirige ese despojo de tres al cuarto al que ya todos llaman Don Pantuflo. Ucelay, segundo de Castellote (gran tipo y gran profesional, lo conozco y sé lo que digo) presenta viernes y sábados El Mirador… hasta que «se marche o le marchen» como dijo el otro día. Los secuestradores con Pantuflo al frente son más, pero la razón está de la parte del que está siendo acosado por decir la verdad . Y viendo la sombría deriva a la que se dirige el mundo del periodismo deportivo, pueden contar con mi voto. Ucelay, gracias por decir lo que cualquier persona de bien piensa.

Sombreros de Copa

Bueno, pues nada. Enhorabuena al Sevilla. Son campeones de Copa.

0-2 en la final, como predijo el Míkel, y un nuevo título para el equipo dirigido por ese impresentable que se hace llamar Del Nido. Capel y Navas goleadores.

Partido precioso en sus primeros minutos y que, quizás, fue más intenso que bueno a partir de ahí. Poquito de las estrellas atléticas. Y los putos sombreros por todos los lados. ¿No les ha dado vergüenza ajena ver en el palco al ‘tonto laba’ de Del Nido con ese sombrero? Vaya personaje. A ver si lo meten en la cárcel de una vez. Antes que a Fabra, espero.

El encuentro que medía a los dos únicos conjuntos españoles que han ganado al Barça esta temporada dejó un extraño regusto. El Sevilla, que ha hecho una temporada irregular gana un título y se mete en Champions. El Atleti, otro tanto de lo mismo, también se va con un triunfo y además europeo.

Lo siento por los amigos atléticos que tantas ganas tenían de revivir el doblete, pero ya deben pensar en la temporada que viene y en mejorar ese centro del campo y esa defensa. Seguro que habrá más opciones de disfrutar de una final con el Atleti como protagonista. Y seguro que no hay que esperar tantos años.

Y volviendo a lo apuntado antes. El Míkel (con diferencia, el tipo que menos sabe de fútbol de todos nosotros) ha acertado el resultado final. Tiene cojones. Porque no es la primera vez. A veces pienso que el tío sabe algo que los demás ignoramos. En fin… Que sepan los colchoneros que lo ha celebrado metiéndose una botella de vodka con sus entrañables amigos Barbitas y Bofio. Ahí es nada.

Olvidemos toda la temporada ya. Del Bosque da la lista hoy. Empieza lo verdaderamente importante del año. ¿Se imaginan a Iker levantando la copa en Sudáfrica el 11 de julio? Dios, qué orgasmo.

Pub nº25: The Irish Rover

Era un día de celebración.

Lo que empezó como un camino, a priori, dificultoso sigue su senda. Ya son 25 los pubs visitados por los miembros de Bebedores. Y los que quedan. Porque como en su día dijo el Ché Guevara: «Esta ola, ya no parará más».

La elección para el pub 25 fue un clásico de Madrid. Un lugar mítico. Un emplazamiento digno de cualquier noche: The Irish Rover.

Es un clásico de Madrid. Ubicado en la Avenida de Brasil, una zona digamos algo pijilla, se sitúan estos 500 metros cuadrados de pura irlandidad. 2 plantas enormes con varios ambientes repartidos. Hay mesas para sentarse y cenar correctamente a lo largo del pub, hay dos barras bastante amplias, una terraza que abren en verano, una zona cerrada con forma de biblioteca y, en definitiva, un pub ingente. De los más grandes de Madrid, si no el más grande.

Lo impresionante al entrar en el pub, quizás sea su múltiple decoración. Hay de todo. Incontables referencias a Guinness, tucanes, imágenes, espejos, colores, banderas irlandesas… de todo.

Repito, que quizás lo interesante de este pub son las múltiples posibilidades que ofrece su amplísimo espacio. Por ejemplo, nosotros empezamos arriba y finalizamos en mesas de la parte inferior, no demasiado lejos de la entrada.

Bebimos un par de pintas a lo largo de la noche. Cierto es que estuvimos en la primera parte (de 21:00 a 23:30 más o menos) lo que provoca que el precio sea de 5€ por pinta (tanto rubia como negra; algo extraño). Pero todo apunta a que el pub sube el precio según avanza la noche. Es un punto negativo que puede llegar a tener The Irish Rover: está demasiado pensado como puro negocio y quizás, por ahí pierde algo de la magia que pueda tener el típico pub irlandés, algo más pequeño, recogido, de música celta y que en Irlanda puede llegar a verse incluso dentro de la propia casa de cualquier habitante. Es un irlandés focalizado en el negocio, pero si uno sabe a lo que va, es una opción excelente.

Batimos el record de asistencia. 11 personas. Y es que era jornada de puertas abiertas. Se admitían sin ningún tipo de recelo féminas, amigos, amigas, primos lejanos, tíos terceros y quien quisiera apuntarse. Sólo faltó el Papo, disfrutando de la Uefa en el Calderón, Rubén el Atlético y Guillermo Mote. Allí estuvimos los cerdos de siempre con las parientas, el Ferlein, que ya ha vuelto a casa y el Perro también con la jefa. Fue una noche divertida. El 25 fue un día de celebraciones.

Para nosotros el Irish Rover siempre fue un lugar especial. Por eso lo escogimos en un día como el del sábado. Allí pasamos casi todos los fines de semana de nuestra época primeriza en Madrid. Allí hemos ido a celebrar títulos deportivos, hemos tomado pintas hasta reventar y hemos escuchado unos conciertazos espectaculares. Más de un San Patricio se ha celebrado entre esas paredes. Y es que el ambiente suele ser bastante interesante. Es innegable que uno se encuentra con mucho guiri y quizás en otros momentos no sea el mejor lugar para pasar momentos más íntimos, pero The Irish Rover merecía estar en un lugar de privilegio en nuestro recorrido.