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Posts Tagged ‘Destino’

Jurisprudencia

Yo reconozco que el tío nos ayudó a ganar el Mundial. Es la verdad. ¿Quién no recuerda la estampa de ese chulito catalán escupiendo sangre y con la ceja abierta por unos tacos suizos excesivamente afilados?

Es una sensación agridulce. Defensor de la selección para un buen lustro (o dos), pero también —por ende— pilar básico de nuestro gran rival por antonomasia del fútbol diario.

Además, el muy cabrón siempre que puede hace sangre (que si la manita, que si celebro como un loco el 2-6, etc.).

Pero bueno, hablamos de fútbol y parece que todos entendemos la rivalidad sana y no debería pasar de ahí.

Pero es que lo que era un secreto a voces se ha confirmado. El tío cuelga —parece ser que aconsejado desde su club— una foto con esa mujer a la que más de uno mataría por ver de cerca (¡¡sólo por ver!!).

Sí, esa reina del Waka Waka y seguro que del Folleteo-teo se está zumbando a un tío que ha nacido en la madrre patrria. Joder, y encima a éste.

El Míkel tiene la teoría de que el mundo esconde bajo su aparente equilibrio una justicia poética en su devenir. Y por tanto, todo lo bueno suele contrarrestarse con algo no tan bueno.

Y yo me pregunto: si mañana mismo a Piqué le echan del Barça por lo que sea, acaba jugando en el Alcalá de Guadaira por 45.000 pesetas al mes, su familia burguesa reniega y prefiere darle el dinero en un principio destinado para él a la ONG Chochos sin fronteras y su actual NOVIA decide mandarle a paseo por descubrirse bollera para liarse con Sara Carbonero, ¿sería suficiente justicia después de haberse zumbado a Shakira?

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El destino de los elegidos

«Aunque el hombre se vuelva a un lado y a otro y emprenda múltiples obras, por fin tornará a aquella senda que la Naturaleza le ha señalado». Goethe.

¿Alguien dudaba que iba a pasar esto? ¿Alguien lo dudaba, de verdad?

Evidentemente, no nos podía tocar la lotería. Como bien dice el Míkel: «eso hubiera sido demasiado vulgar». Lo nuestro era puro destino.

Pues sí, un 1% de posibilidades. 3€ fue el elevado coste de la apuesta (caballo ganador). Y 50 el número elegido por el azar. Me gusta la idea de que al sino le apasione nuestra forma de entender la vida. Con una sonrisa… detrás de otra.

En fin, de locos. De ese grupo heterogéneo llamado Bebedores.

Señores, sólo queda decidir el día de la semana que viene en que los 6 afortunados & señoras se dispondrán a meterse un cebatil (another one) como Dios manda entre pecho y espalda.

Joder, miren la cesta. Creo que voy a llorar.

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Ocaso humano

Una niña de 10 años y origen rumano ha dado a luz a un bebé de casi 3 kilos en el hospital de Jerez (Cádiz). El padre de la recién nacida es igualmente menor de edad y mantiene una relación consentida con la progenitora en su país de origen.

Imagino que hay poco que decir. Con 10 años a duras penas sabía qué era eso que tenía entre las piernas. Con esa edad me parecía increíble lo que hacía Butragueño. Y deseaba ir a ver la nueva de Indiana Jones. Yo no tenía ni idea de qué era eso de las guerras ni quién era Felipe González y mucho menos Bush, Gorbachov o Mitterrand.

Está claro que la realidad ha pasado por la derecha a la ficción y los límites inaccesibles ya lo son menos. Lo que vemos alrededor es ciertamente menos inocente. El futuro es difícilmente esperanzador.

El ser humano se destruye y no respeta nada. El otro día leía uno de los informes de Wikileaks donde un asesino yanqui  había bombardeado en Irak desde su avión a un grupo de civiles A SABIENDAS de que eran civiles y A SABIENDAS de que había niños. Tras arrojar sus bombas y su metralla, volvió al lugar y vio el cadáver de la niña entre el de los adultos. Su ocurrente frase fue algo así como «¡A quién se le ocurre llevar a niños con lo que está pasando!».

Las generaciones cada vez son menos puras. Ya no se trata de raza, se trata de corazón. Las generaciones que vienen nacen entre falta de valores y se crían entre nulas responsabilidades y menos referencias válidas. Ellos se quedan sin inocencia y los que lo permiten sin dignidad.

Una niña de 10 años ha parido. Probablemente ni a Mengele se le hubiera ocurrido. Pero sí ha habido unos padres que han sabido demostrar que el mejor experimento siempre está por llegar. Y el resultado es cristalino: el ser humano es demasiadas veces la mejor muestra de que el mundo, tal y como lo conocíamos, tiene fecha de caducidad.

La magia de la vida

En un rato, los mineros chilenos empezarán a salir de la mina en que se encuentran aherrojados. Es un momento histórico y demuestra que la tecnología y el saber humano siguen superando situaciones que hace un tiempo parecían imposibles. Suerte.

Si uno cierra los ojos y se imagina varios meses en la oscuridad más absoluta, comido por la ansiedad y el miedo, creo que valoraría enormemente aquello de aprovechar el tiempo que nos toca.

España, por su parte, venció en un estadio mítico a una selección maravillosa. De tradición basada en valores como el esfuerzo, el coraje y el orgullo, Scotland The Brave dejó nueva muestra de la belleza sinfónica de los sentimientos con el inolvidable Flower of Scotland al inicio. La mejor selección que jamás hemos visto y que probablemente veremos tuvo ratos nuevamente de excelencia. Silva, Cazorla, Xabi Alonso, Iniesta y Busquets volvieron a configurar un centro del campodigno de un cuento de Chéjov. Pura delicia. Y todo sin Xavi, Cesc, Navas o Torres. Villa marcó el 44 (felicidades) a pesar de un partido relativamente pobre por su parte, Casillas y Del Bosque volvieron a Hampden Park 8 años después y la selección con el gol de Iniesta (poco más de 3 meses después del día D) y Llorente (espectacular delantero) camina firme hacia la fase final del europeo de 2012.

Finalmente, el día de la Hispanidad de 2010 deja para la posteridad el óbito en forma de mirada bondadosa de Manuel Alexandre. Una vida plena y ejemplar. Siempre habrá un recuerdo para él. Hasta siempre.

Décadas

«Gran médico es el tiempo, por lo viejo y por lo experimentado», dice Gracián. Pues sí.

Don Miguel de las Barras cumple 30 palos. Ya sólo queda el Sr. Alonso, de los cercanos al grupo de bebedores habituales para cumplir la tercera década. Y Del Rosal, claro. Pero él no cuenta; una buba de su tamaño no merece ni que nos acordemos de su efeméride.

Digo esto, porque si nos planteamos dónde estábamos y quiénes éramos cuando llegamos a la segunda década, intuyo que veríamos más acné, más pelo (en mi caso seguro), más hormonas (o no), menos cicatrices (podría ser peor) y con total certeza… bastante más ignorancia.

La película sigue avanzando, pero nosotros con ella. Es importante ver que nuestra particular clepsidra ha podido comprobar que somos entes más o menos bien formados. Hemos viajado y viajaremos, hemos conocido y conoceremos, hemos estado bien jodidos y posiblemente llegarán tiempos peores, nos hemos divertido como pocos y lo que nos queda. Pero parece fundamental saber estar en cada momento. Y creo que estamos en un punto excelente.

No sé qué pasará cuando la campana de la siguiente década taña en el horizonte. Ya veremos. Al menos, parece propio desear que los mismos que nos hemos encontrado aquí, lo hagamos allí.

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La historia más grande jamás contada

Siempre he oído que no hay medicina que cure, lo que no lograr sanar la felicidad. Y así debe ser. Hoy todo pareció menos grave, más pasajero y completamente fútil ante la avalancha de emociones que la selección española de fútbol le ha dado a todo un país, a varias generaciones… a los que están y a los que no… gracias a una victoria histórica e inigualable. España es campeona del Mundo. Somos CAMPEONES DEL MUNDO. Y lo seremos siempre. Cuando encuentras tu estrella, nunca te abandona.

Los pensamientos se extremezclan con el desenlace tan cercano y con la sensación de haber subido el último escalón, aquel peldaño inalcanzable para un pueblo condenado a vivir martirizado por la impotencia. 23 jugadores y un superlativo Vicente del Bosque cambiaron el signo de la historia.

El miedo que siempre atormentó a Rousseau fue morir sin hallar la ansiada satisfacción completa. Y así terminó sus días. El fútbol español siempre fue su mejor émulo. Hasta hoy. Todo es distinto. Esplendoroso. Y eso sólo puede catalogarse dentro del abanico de las maravillas.

Final: Holanda 0 España 1 (Iniesta)

España se encontró con toda clase de pruebas a lo largo de su primera final mundialista. Los quince minutos iniciales permitieron el desarrollo cotidiano de toque y desmarque con una naturalidad impropia de un acontecimiento definitivo como el que nuestros representantes tenían sobre sus espaldas. Remates de Sergio Ramos (Mundial descomunal el que ha hecho, aquí el caballero; mejor lateral derecho de largo), una volea de Villa y la percepción de que se estaba arrollando a Holanda. Parecía que España encontraba el punto necesario para repetir la exhibición contra Alemania en semifinales.

Entonces llegó un período de 30 minutos (hasta el descanso poco más o menos) oprobioso para cualquier amante de este deporte. Y de la justicia. Holanda encarnó el mal absoluto con una colección de malos modos y de groserías inaceptables (no olvidar la canallada en la devolución de la pelota buscando no se sabe qué en el tiro a puerta de Sneijder) en un deporte en que hay reglas claramente marcadas. Si Holanda encarnó la infamia, sus profetas fueron dos demonios. Por un lado, el jifero Van Bommel, despreciable e innoble deportista, sucio, obsceno portador de una zamarra que un día llevaron Cruyff, Neskens, Gullit o Van Basten, que buscó la lesión de Iniesta a través de una entrada que hubiesen firmado los principales matarifes del Wimbledon de los 80.

Por otro, el criminal con galones De Jong, un asesino repulsivo y abyecto que decidió que lo mejor para evitar que España siguiera con su fúbol puro, dulce y limpio era enviar al centro de urgencias más cercano de Johannesburgo a Xabi Alonso. El chacinero de los Países Bajos (bajísimos con elementos de esta calaña) dejó la historia de su país por los suelos con una entrada de kárate sacada de la ficción más recóndita de Stephen King. Aunque el verdadero culpable de esta carnicería fue el inane Webb y su vomitiva parsimonia para con las tarjetas rojas. Holanda pegó como nunca se había visto en ninguna final mundialista. Esa mancha les perseguirá toda la vida. Y nunca la conseguirán lavar. Los buenos siempre podrán con los malos.

La segunda parte fue, tal vez, al menos hasta el minuto 70 la más equilibrada del encuentro. Casillas salvó a España en el minuto 60 con la parada del Mundial (con permiso del penalti paraguayo). El inagotable velocista Robben le encaró tras un pase fastuoso de Sneijder y el aguante de Íker evitó el 1-0 (bueno, concretamente su pie). Ese vuelco al corazón fue una victoria en sí misma. Era un señal divina. La puerta inmaculada de Casillas lo seguiría siendo hasta el final. Y eso que un calco de la anterior se produjo a poco del final, cuando el trastabilleo de Robben tras una carrera ganada a Puyol acabó con Casillas robándole nuevamente el esférico en el momento en que buscaba el regate final.

Entre medias, Villa falló debajo de los palos, Ramos no acertó a rematar en el área pequeña un córner de Xavi y Capdevila tampoco acertó entre rebotes a batir a Stekelenburg. La tensión era inaguantable. Prórroga.

España, para entonces, había introducido a un incisivo Navas en el campo y a Cesc para intentar aprovechar su llegada y su sapiencia en momentos claves. No debería olvidarse en cualquiera de los análisis que estamos ante una generación de ganadores natos. Cesc tuvo un gol cantado tras pase al hueco de Iniesta, el propio Andrés no culminó una buena jugada de la delantera hispana, basada siempre en el toque y en la precisión… siempre fieles a un estilo único y reconocible. Cesc remató desde la frontal del área y Navas tocó la red por el lado incorrecto. España tenía el partido en sus manos. Sólo algún contraataque del Sr. Robben y disparos lejanos de Sneijder nos podían llegar a sobresaltar.

Segunda parte de la prórroga. La angustia tomaba los vomitorios del Soccer City. No había escapatoria. O se marcaba ya o nuestra suerte la iban a decidir los malditos penaltis. La lotería no parecía el desenlace más justo para el mejor equipo del torneo. Y volvió la magia. Y se apretó arriba. Se fue a por todas y el mejor ejemplo fue el cambio de Torres por Villa. Una obra de arte de Xavi habilitó a Iniesta. Nueva falta (innumerables parones y cortes los cometidos por la indecente Holanda a lo largo del partido) y roja a Heitinga. A la calle. Donde no acabaron los dementes del centro del campo holandés. Lo de Van Bommel no tuvo nombre —¿recuerdan su fingimiento de agresión después de haber castigado nuevamente los tobillos de Iniesta, cuando al levantarse se tiró como si le hubieran matado?—; sólo un miserable canalla podría haber hecho eso. Si tuviera vergüenza colgaría las botas mañana mismo.

Llegó el minuto 115. Y Navas decidió darle brillo a la palabra aventura. Arrancó desde su campo y acabó por cederle a Iniesta que de tacón habilitó a Cesc. Tras un nuevo paso por Navas, el balón recayó en Torres. Su centro al área lo maldespejó Van der Vaart. Jaque. Cesc le cedió educadamente a Iniesta el sueño de 46 millones de almas. El bueno de Andrés liquidó la final. Jaque Mate. Para Jarque. Y para España. Para todo un país sumido en el momento más duro de esta era contemporánea. Gracias Andrés. Estarás de por vida en el recuerdo de todos. Todo se nubla desde ahí al final. Lágrimas, emociones, recuerdos. Escalones subidos… el techo. La gloria. El final. El límite. El cierre del círculo. El punto de inflexión.

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Cuando Iker levantó la copa, uno se acordó de su padre, el otro de su hermana, el de más allá de su amigo. Ella de él. Que ya no está con nosotros. Él de ella que siempre estará. Tanta energia positiva debe alumbrar por sí misma el futuro del más iluso.

Entre sollozo y sollozo, acerté a divisar las sinceras lágrimas del Ferlein, la alegría indisimulable de ese genio llamado Miguel Barra, la profunda mirada de satisfacción del Sr. Del Rosal que ya es campeón del mundo como soñó desde que tuvo noción primeriza, la sonrisa inacabable del otrora hermético Rodríguez y de su jubilosa y risueña futura esposa Sara, los puños arriba del Papo, los saltos incontrolables del Perro y de Ana, ocupando en su simbiosis alada el espacio del regocijo, la emoción del sabio Ortigoza (y es que él ya lo sabía; ganador de la porra con diferencia, un crack infinito) y de la mirífica Cilli que también sonrió como una niña con zapatos nuevos. Y sobre todo acerté a rodearme de los brazos de mi querida y nunca suficientemente loada Mentxu, lo mejor de mi vida, la que le da sentido y forma al futuro.

Pude conversar con la familia, los del Te quiero verdadero, hablar con Auro (tenía que ser en Sudáfrica donde se produjera el milagro) y disfrutar en la distancia de un momento para la eternidad —Auro, ¡qué grande eres, tía! ¡Rubén, tenemos karaoke pendiente!—, ver a Mote el otomano con quien tantos disgustos pasados tuve la desgracia de compartir y pudimos, incluso, ser testigos del beso de Íker a Sara, vencedores de la porquería televisiva. Y todo en la tierra de Mandela, aquel que iluminó Sudáfrica como el sol, según epiloga John Carlin en su fabuloso El factor humano.

Quizás lo propio es soltar un corto y cierro. Todo importa ya menos. El fútbol pasa a un segundo plano. Al menos durante un tiempo. La excelencia nos rodea. Y los trofeos le dan brillo. El oro de la copa del Mundo. Y sobre todo el valor incalculable de 23 amigos que representan intachablemente a un país tan heterogéneo como único. Puede que todo a partir de ahora sea menos cálido, menos intenso. Menos vivo.

O puede que la verdadera felicidad esté en la imaginación y no tanto en el acto. Que, tal vez, el placer se encuentre primero en la ilusión y finalmente y por siempre en el recuerdo. Allí donde eternamente guardaremos y podremos rememorar, hasta que el destino considere oportuno, la historia más grande jamás contada.

Pub nº31: O’Neill’s

Ahora que el destino se ha llevado a Saramago, parece propio recordar una frase inmortal, ésta sí. Imaginen al hacedor de cuentos portugués. Prosopopeyas al margen, esa «La vida es una sorpresa» contiene tal realismo lírico que no debiéramos dejarla pasar sin al menos reconocer su verdadera fuerza. La esencia de esa frase es obligarte a parar y recordar que estás vivo; que piensas, luego existes y tienes conciencia de ser; que nunca nadie te podrá arrebatar esa sensación.

Aceptado el punto uno, todo tiene sentido. ¿Cómo se explica si no que los miembros de Bebedores buscaran el Irish Shelter y se encontraran una La Parrilla? «La vida es una sorpresa». La improvisación es una virtud difícilmente calibrable, pero permite encontrar ventanas cuando las puertas se han cerrado. Por ello, nos dirigimos hacia el centro. Sin un destino claro. Atraídos por la seguridad. Allí habría un buen sustituto. Y vaya si lo hubo.

La excusa en estas fechas era el Mundial. El Francia-México. Llegamos con el choque comenzado. El pub es único. Si no es el Irish Pub más conocido de Madrid poco le falta. Ese punto de personalidad perdida es imposible de recuperar, pero para ciertas noches en que se busca ambiente es el mejor sitio al que se puede ir. Calle Príncipe 12. Puro centro de Madrid. Huertas. Al lado se cargaron a Canalejas hará pronto un siglo. Localización extraordinaria, por tanto.

O’Neill’s puede sorprender por muchas cosas. Unos dirán que tiene muchísimas zonas bien separadas y diferenciadas. Otros apuntarán que el precio de la pinta es carísimo (la rubia más cara de Madrid). Los de más allá comentarán que para conocer gente (sobre todo guiris) es un emplazamiento incomparable. Realmente todos dirán lo mismo: «¡Qué grande es!». Cierto. Es un bar de un tamaño ingente. Hiperbólico. Alguien apuntó que era el más grande de Europa (el Míkel dudó; yo con él). Pero grande es, desde luego.

2 enormes plantas subdivididas a su vez en diversas estancias, varias barras, tropecientas pantallas, etc. Decoración más que correcta, respetando los cánones establecidos, yo creo que desde Michael Collins y ambiente. Mucho ambiente. Cuasi insuperable.

En época de Mundial la cosa se pone interesante. Francia y México dirimían sus diferencias sobre el campo. Y los compatriotas «exiliados» (daba la sensación que gustosamente) en España disputaban su particular choque. Himno de México, himno de Francia. Cántico mexicano, cántico francés. Ocasión verde, intentona azul. Pancho Villa por acá, Brigitte Bardot ¡Oh lá lá! Gol de Hernández. Silencio gabacho. Sepulcral. 0-1. Míkel y Del Rosal no caben en sí de gozo. Los dos tienen succionado el miembro más corrompible (la p…atata) por el pueblo oficialmente conocido como Estados Unidos Mexicanos.

Digamos que el pub se lo ha montado de lujo pensando en el Mundial. Incluso una Clara de día te permite la opción de ganar camisetas divertidísimas (humor irlandés lo llaman) si marcas un gol tras pedir una Guinness. No hizo falta. Tuvimos la suficiente habilidad y simpatía para que la chica nos regalara un par de ellas que tras el pertinente pucherazo nos apropiamos los más demócratas de todos (el Sr. Barra Brava y un servidor).

La chica era encantadora, las cosas como son. De hecho el Míkel no descarta enviarle un ramo de flores acompañado de su teléfono y alguna referencia de sus labores amatorias (el tío está que lo tira).

Pero lo mejor llegó con el 0-2. Euforia desatada. La gente apiñada en las escaleras, riadas de personas y felicidad en la mayoría de ellos. Así es un partido en el pub.

En cuanto a los demás cerdos (Espáriz, López, Ortigoza y un servidor) convinimos que lo propio tras un par de horas exquisitas era cenar un bocatita en el Padrao con sus respectivas cañas y con la prohibición más marcial posible de que no caerían copas. Discusiones con el Míkel (lamentable cizañero sin igual) sobre el porvenir de la selección española y vuelta a casa tras comprobar que las sorpresas que el día a día escribe en tu diario son el verdadero sustento con el que nos encontramos todos.