Archivo

Posts Tagged ‘Carlos’

Fiestas deslucidas

Bueno, el verano sigue su curso y en breve llegan las fiestas de Sanse. ¿Quién me iba a decir a mí que lo que otrora fue epicentro de un verano salvaje y desenfrenado ha menguado hasta el punto de que no sé si me acercaré con Mentxu más veces que a comernos un bocata?

Si además tenemos en cuenta que basura de la ralea del Míkel y Ortigoza (no tengo calificativos suficientemente duros para explicar la envidia que les tengo) están en Zanzíbar, que Fermín está desaparecido entre exámenes y quehaceres familiares, que Rodríguez está en otros lados y que Del Rosal también es pasado madrileño pues la cosa se reduce. Por otro lado, ya no vivo en Sanse, por lo que no se puede uno (no debe) mamar hasta altas horas de la madrugada y pretender coger el coche.

Hombre, imagino que parte de la olivina se pasará por allí para tomarse algo, así que en parte se compensa todo esto.

Pero si uno analiza de puertas hacia dentro, puede que los años pasen y que ya no nos mole tanto quedarnos hasta las mil y que por tanto, las excusas lo enmascaran todo. En fin. Algo haremos, eso por supuesto.

Albacete, caga y vete

Solo corroborar en este humilde lupanar que el dicho es cierto. Albacete, caga y vete.

Ayer tuve el honor de descubrir por primera vez la noble villa de Albacete. Fue de forma harto casual. Hubo que llevar al serdo a hacer un examen al erial más grande de España (con permiso de Los Monegros). Aquí un servidor hizo de taxista y fue el miércoles a buscarle al aeropuerto para que el comité de bienvenida le agasajara con unos típicos insultos sanseros en el Loyber. El jueves, lo dicho, fuimos a uno de esos recónditos lugares perdidos de España a hacer un examencillo (parece ser que el serdo lo hizo bien y no debería de tener problemas en aprobar… y tener que volver a hacer el tercero en unas fechas).

Hacias las 17:00 estábamos tomando unas cervezas-coca colas en la misma calle del examen (C/Zapateros…) y pudimos corroborar que Albacete es un pueblecito (ojo, aquí dice que de 170.000 habitantes). La gente se conocía, todos se saludaban, vimos al mismo policía con su motito haciendo la ronda, a un par de negros que subían y bajaban la calle… en fin, todo muy cercano.

Según se acercaba la hora del examen, el serdo pudo ir analizando a sus rivales en la prueba: basura en su gran mayoría (serdo dixit).

El tipo salió del recinto preparado al efecto a las 20:03. A las 20:05 estábamos en el coche rumbo a la civilización. Volvimos a cruzar el desierto manchego, hicimos parada y cena cerdil en Villarejo de Salvanés. Pequeña localidad en la que degustamos unos platos combinados (obviamente, lejos del nivel de los padraenses, pero aceptables, junto a unas croquetas). Finalmente vuelta a casa para levantarnos otra vez a las 6 de la mañana y dejar al serdo en su avioncito para que ahora mismo esté haciendo otro examen. La verdad es que el tío, se debe afirmar, se está dejando los huevos. Esperemos que sea para bien.

En fin, todo esto concluye recalcando que si alguna vez tienen ganas de echar de menos su ciudad habitual… vayan a Albacete, verán lo que es querer escapar.

Sin más, me preparo para otro viaje: Burdeos. Días de desconexión en la tierra del vino (¡Viva el vino!). Habrá que disfrutar.

Categorías:Sucede que Etiquetas: , , , , ,

Sábado Sabadete

Se acerca el sábado. Sensación agridulce. 31 años. Joder, 31 años.

El otro día vino a la garita un abuelete majete y hablábamos de temas recurrentes como el paso del tiempo. En un momento dado dijo una frase de esas socarronas, pero que me hizo gracia: «No te equivoques: el tiempo se queda, somos nosotros los que nos vamos». Ese punto cómico, ese otro trascendental y ese otro naturalista aromatizan el contenido de tan rotunda oración.

En fin, son 31 años, sí, pero vaya fiesta nos espera en el Padrao. Sólo parece que faltará Rodríguez, pero si todo se confirmase por allí aparecía el serdo canario con su señora, el Perrete con la suya, Fermín, el Míkel, Auro & Rubén, Cilli & Ortigoza, la Mentxu, por supuesto y seguro que algún agregado más. El mejor ejemplo de que puede ser un gran día es que pensamos ir en transporte público.

Viendo a los presentes uno sintetiza perfectamente la realidad sociolaboral de este país en un declive tan peliagudo: tenemos funcionarios, estudiantes, parados, un burgués amante del bebercio, un par de periodistas cojonudos, una extraordinaria superviviente, un cerdo mayúsculo (bueno, más de uno)… de todo un poco, pero unidos por esos lazos de verdad rígidos: la amis..¡perdón! Quería decir: el alcohol.

Será una buena ocasión de reencontrarse con muchos y con muchas. Quizás llueva. Paradigmático.

Límite 48 horas

Debe de ser una especie de axioma implícito en las cartas de viaje o en los cuadernos de bitácora. Si al terminar un viaje te da la impresión de haber hecho más cosas de las que el tiempo real permitía, es que has aprovechado el tiempo.

Aterrizamos en el aeropuerto de Gran Canaria el viernes día 31 por la tarde, casi noche y allí volvimos menos de 48 horas después. Viaje relámpago. Pero para truenos los que dejamos en Madrid. Las Palmas tiene el maravilloso detalle de que suelen estar por encima de los veinte grados de temperatura. Y así fue.

Cena en casa de los padres de Del Rosal, a los que no sería posible loar lo suficiente por su hospitalidad, por su simpatía y por su enorme derroche de los mejores valores que pueden exportar las personas. Dar gracias no sería suficiente. Del Rosal, sus padres (y en general su familia) deberían formar parte de algún tipo de código que se enseñase en los colegios para ejemplarizar qué es lo más reseñable de la conducta humana.

Cena exquisita, compañía inmejorable, temperatura agradable, terraza con vistas oníricas y un fin de año tan especial como las personas que allí se encontraban. Y más de una hora de fuegos artificiales…

Después, rumbo a Vegueta, copitas y marcha (algo floja porque no había tanta gente como otros años; todo sea dicho). Fantástico.

El sábado lo dedicamos a desayunar tranquilamente en el parque de Santa Catalina y coger una guagua hasta Maspalomas. Calorcito, playita, mas algún pero. «Suciedad», que diría Del Rosal, en forma de piedras y barro y un viento excesivo combinado con olas gigantescas provocaron que el baño fuera algo menos intenso de lo que en un primer momento se había pensado. Para muestra un botón: Ortigoza se bañó con unas zapatillas que tenía más que amortizadas, por las condiciones difíciles de la superficie pedregosa. Aún así, sería injusto recalcar lo bien que lo pasamos en esos paseítos hasta el lugar elegido —excepción hecha, claro está, de la señora que entre dos dunas estaba sacando lo mejor de sí misma—.

Cilli, Ortigoza, Mentxu y un servidor acabamos comiendo en uno de esos chiringuitos anexos al mar con un relaciones públicas que nos invitó a una sangría y donde probamos por primera vez las papas. Cebatil necesario. Cebatil conveniente. Y de vuelta a Las Palmas a seguir con la tarde sabatina (esta vez con Lau y Carlitoh y el serdo de Barra que prefirió tocarse la huevada en vez de acompañarnos hasta el sur de la isla).

Decidimos salir por Vegueta para visitar la parte más bonita —y muchas veces la más olvidada— de la capital grancanaria. Con el extraordinario guía autóctono como altavoz pudimos empaparnos de la historia canaria y disfrutar de la catedral, de las plazas, de los edificios y del barrio más auténtico de la ciudad. Cenamos por allí cerca en un garito con un camarero bastante chapas (ahora entiendo el nombre del garito: Macabeo), pero con buenas viandas.

El domingo era el día indicado para la playa de Las Canteras. Con una temperatura más cerca de los treinta que de los veinte grados pudimos disfrutar de un día inolvidable de mar, sol y comilona en el paseo marítimo. Leer el periódico, jugar en el agua con una pelotita de mierda, tomar el sol, pasear y disfrutar de un impresionante belén de arena… son actividades que uno no puede disfrutar un 2 de enero habitualmente. Por eso fue todo tan disfrutado. Por lo diferente.

Tocaba pillar la última guagua (a partir de ahora volvemos a los autobuses) y plantarse en el aeropuerto para volver a casa.

Corto, pero intenso. De esas cosas que uno rememorará con el paso del tiempo.

Un fin de año a 25 grados.

Creo poder afirmar que no nos importaría repetir… otra vez.

Categorías:Viajes Etiquetas: , , , , ,

Fin de año en Las Palmas

Último post del año.

De este año variopinto, extraño, difícil y bañado en incertidumbre, el ingrediente más agrio que pueda haber.

Nos vamos a Las Palmas el viernes. Cogeremos un avión los ínclitos ya conocidos para reunirnos en la tierra que vio nacer a Galdós con ese cerdo canario y su adorable familia. Serán poco más de 50 horas, pero merecerá la pena poder estar a veinte grados, bañarse (casi con total seguridad) y reír sin parar. Y quizás tomarse algún que otro Arehucas (Asstomouth ha prometido comportarse adecuadamente), así como unas papas en honor al Sr. Barra, ese ser directo como las almorranas, que huye de las arterías para lograr su fin: homenajear a su estomago, su mejor aliado.

La idea es llegar del aeropuerto con dirección a los hotelillos (cada uno en el suyo —si lo piensan es demencial—), de allí a casita del serdo y la mirífica Lau, que allí se encontrará y cenar en armonía con esa familia para la que los epítetos se quedan cortos. Después de las uvas godas o guanches, vaya usted a saber, fiesta por las calles y bares, como si del mes de Agosto se tratara. El día 1 (si el hígado lo permite; que así sea) viaje a Maspalomas y a la vuelta paseíto por Vegueta, con guía gayer de lujo. Y el día 2, Las Canteras y más baño insular.

El plan apetece, desde luego.

Allí podremos pensar cómo se plantea el 2011. No sé por qué me da que será otro año muy, pero que muy complicado. Pero eso ya será otro cantar.

Categorías:Viajes Etiquetas: , , , , ,

Malum signum

Me gusta que me den consejos. Esa es la verdad. Pero, claro, no que te los dé Benito Camela, sino alguien que tenga algún prestigio. Y me gusta aprender de los consejos que les dan a otros. Es una forma indirecta, pero perfectamente válida de aprendizaje empático y de reflexión propia.

Una vez, dicen, que Butragueño le dijo a Raúl, cuando era inevitable que se producía la sucesión, algo así como: «Escucha siempre, Raúl. Escucha lo que te digan. A veces es mejor hablar menos y escuchar más». En fin, obviamente no tiene que venir El Buitre con el libro de las moralejas, para que nos demos cuenta de que esto es una verdad como un templo.

Quizás por eso, se me ha venido automáticamente a la cabeza un comentario que, el nunca suficientemente loado, Sr. Ortigoza me hizo hace unos meses sobre Marta Domínguez. Venía a colación, a su vez, de otra observación hecha por su amigo y gran atleta, Miguel: «Esta tía va hasta las trancas».

Es Marta Domínguez; a uno le cuesta mucho hacerse a la idea de que nuestra grandísima campeona, ejemplo de superación, esfuerzo, coraje y gallardía, pueda estar detrás de algo así. Pues algo huele a podrido en Dinamarca. La Guardia Civil la ha detenido en el marco de una operación contra el dopaje.

Y a uno se le caen los anillos al suelo, los palos del sombrajo. Y las pocas esperanzas que le quedan.

Nos tomamos a broma en su día lo de Juanito Muehlegg. Ya nos pareció más serio tanto ciclista. Pero llevamos varias cornadas y más trayectorias. Paquillo fue un palo gordo. Contador fue el siguiente y ahora Marta Domínguez. Ciclistas y atletas… los deportes más duros, ¿no? Quizás sea sólo en este mundillo. Pero me da a mí que no.

La cosa pinta mal. Evidentemente, nadie es culpable hasta que se demuestre, o sea que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero la cosa pinta muy mal. Otra vez.

Voy a hacer referencia a un último comentario de alguien, además de conocido pornógrafo, eminente cabeza pensante, Sr. Del Rosal: «sólo nos queda Nadal».

Qué razón tiene.

Décadas

«Gran médico es el tiempo, por lo viejo y por lo experimentado», dice Gracián. Pues sí.

Don Miguel de las Barras cumple 30 palos. Ya sólo queda el Sr. Alonso, de los cercanos al grupo de bebedores habituales para cumplir la tercera década. Y Del Rosal, claro. Pero él no cuenta; una buba de su tamaño no merece ni que nos acordemos de su efeméride.

Digo esto, porque si nos planteamos dónde estábamos y quiénes éramos cuando llegamos a la segunda década, intuyo que veríamos más acné, más pelo (en mi caso seguro), más hormonas (o no), menos cicatrices (podría ser peor) y con total certeza… bastante más ignorancia.

La película sigue avanzando, pero nosotros con ella. Es importante ver que nuestra particular clepsidra ha podido comprobar que somos entes más o menos bien formados. Hemos viajado y viajaremos, hemos conocido y conoceremos, hemos estado bien jodidos y posiblemente llegarán tiempos peores, nos hemos divertido como pocos y lo que nos queda. Pero parece fundamental saber estar en cada momento. Y creo que estamos en un punto excelente.

No sé qué pasará cuando la campana de la siguiente década taña en el horizonte. Ya veremos. Al menos, parece propio desear que los mismos que nos hemos encontrado aquí, lo hagamos allí.

Categorías:Sucede que Etiquetas: , , , , ,