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Archive for 29 noviembre 2008

La élite y la alcantarilla

La dicotomía eterna entre los antagónicos podemos llegar a verlo reflejado prácticamente a diario. En situaciones cotidianas, conversaciones cruzadas o puntos de vista de un contertulio o de otro.

En poco más de 24 horas he vuelto a tener la suerte y la desgracia (dicotomía tan antigua como Las mil y una noches) de observar a un erudito mayúsculo, un genio de las palabras, un vendedor de sueños a un lado del escenario y un lamentable pintamonas, ignorante hasta la náusea y analfabeto hasta el vómito en el otro. Así son los contrastes. Mi padre recita a Borges, menta 8 entremeses no representados de Cervantes y eleva el arte literario a categoría de dulce abrazo del saber compartido con cubiertas de terciopelo y por otro lado el patético estasiano, ese despojo cerebral que mal dirige una empresa, esputa sobre la lengua de nuestros antepasados como quien orina en una taza de váter infecta y hedionda.

Hace unos días, supe de la mano de un gran amigo que el chancero cabezón, por todos conocido como “el mantecas”, mencionó mi nombre para desprestigiarlo (obviamente por rencor) como antaño hizo con mi amiguísima Ejter o como en el futuro hará con cualquiera de los grandes profesionales que por allí continuan y que tienen la desgracia de tener a este tuercebotas chusquero como arrendador de su tiempo.

En el fondo me entró risa. Ya conocen al tipo. Ignorante hasta la náusea y analfabeto hasta el vómito. Podríamos definir al penoso ignaro con cualquier hipálage barroca de esas que alegran la vista y envuelven el oído, pero es probable que estuviéramos perdiendo el tiempo, porque da igual: no lo entendería. Así es el personaje; no da para mucho. Mezcla de cuervo de Allan Poe y de cretino cainita, mezcla de tiranillo de segunda y de torpe caricato.

Por contra: mi padre. Joder, no es porque sea mi padre, pero ¡que categoría! Qué grandeza en el discurso, qué templanza, qué grandiosidad. Un octosílabo por aquí, un endecasílabo por allá, una frase alentando esperanza con tierna sapiencia, un discurso seductor, una expresión cautivadora… un maestro de la alegría de aprender, de saber y de compartir.

Hoy pude asistir a su majestuosa clase en el Máster de Edición y han sido las mejores horas lectivas desde las clases de Fuentes en la Universidad. Enlazando a Quevedo con Lope, la generación del 27 con Góngora, una epístola por aquí y un verso por allá, Job por el Este y un proverbio latino por el Oeste. Con la “percha” de las sardinas de Sancho o con el Zalacain de Baroja recuperando su verdadero nombre. Una puta maravilla de clase, permítanme la procacidad (aunque difícilmente habrá mayor obscenidad que pararse a diagnosticar remotamente al pobre escombro ese del que también les hablaba).

Como irónicamente escribió Borges: “Este original es infiel a la traducción”. Hagan un paralelismo. En el mundo de hoy, los que conducen coches de alta gama, los que han provocado esta crisis tan exagerada, los que destruyen la esencia misma del hombre son hijos de puta como el estasiano. Es así de sencillo. Basura que ha corrompido los valores y contra los que habría que levantarse y eliminar. Deberían ser los protagonistas de cualquier cuento cómico de El Conde Lucanor. Sentir desprecio por ellos es lógico. Pero quizás, el sentimiento más cristiano sería el de la pena. Son pobres diablos que vagan por la tierra aprovechándose de errores del sistema aún a trueque de condenar su posibilidad de reciclamiento.

Hoy es de esos días en que presumo de tener cerca a uno de esos talentos puros, de conocimiento a doble espacio pero ilimitado: la gran historia del mundo por volúmenes. Al alcance de la mano.

Por momentos me embarga la tristeza. Tal vez no he explotado lo suficiente la fuente de conocimiento que, verbi gratia, representa lo más noble del conocimiento humano. Demasiado tiempo atufado por la mierda que desprende el estasiano. Y eso, sí que es sólo culpa mía.

Por suerte, me reconduzco. Una segunda oportunidad se me ha abierto y sin necesidad de citar ningún evangelio procuraré aprovecharla.

Al otro…que le den por culo.

Toda la verdad

Qué curioso resulta a veces mirar atrás. Han pasado 10 años. Casi nada. Echen la vista atrás una década y analicen. Será que hay gente que sabe más que otros.

LOS AMOS DEL MUNDO Arturo Pérez- Reverte

(Artículo del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicado en ‘El Semanal’ el 15 de noviembre de 1998)

“Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla antro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro. Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management , y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.

Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.”.

Los nombres de la alegría

Muchas veces queremos decir una cosa y nos sale otra. Otras veces, simplemente pensarlo es suficiente.

El subconsciente es una suma de hábitos, nostalgias, recuerdos y posiblemente querencias interiores. Me dio por pensarlo esta noche al llegar a casa. Las palabras son las que le dan forma a los momentos. Y también le dan color. A veces, no siempre el deseado.
El caso es que entre dudas, temores, vacíos y errores, uno ha aprendido a fiarse lo justo de lo que se considera apuntalado en la certeza más absoluta.
Nuestra selección española de tenis tenía, a priori, perdida la final de la Copa Davis. Fuera de casa, sin Rafa Nadal, con los argentinos y sus respectivos ortos encendidos y con la tradición en contra.
Le dimos la vuelta. Y además con toda la clase que atesoran los nuestros.
Feliciano López y Fernando Verdasco son nuestros héroes hoy, como en su día Juan Carlos Ferrero, Rafa Nadal o Carlos Moyá. Pero más allá de los nombres, tantas veces confundidos entre la multitud, se huele el espíritu de una línea creciente del deporte nacional.
Fútbol, basket, tenis, ciclismo, balonmano…y así hasta el final. España, España, España.
Ayer fue un gol del niño, o una canasta de Gasol, o aquel passing de Ferrero, o los riñones de Samu Sánchez o la parada de Barrufet. Este hoy será el ayer de mañana, porque como apuntaba el clásico: “…esta ola, ya no parará más…”.
Sólo les pido una cosa, amigos, no se cansen de ganar. Intenten saborear cada momento excelso con la alegría del que no despega de su piel el aroma a lágrima derramada.
Lo hemos pasado mal. Nunca será la última vez. Pero hoy, al menos esta noche, no hay más motivo que una sonrisa. La enésima.

Sin nexo

El primer libro del Pentateuco. La línea que separaba el ayer del mañana. O al menos eso pensaba el tipo aquel de Valladolid que una vez reconoció que su mayor pena fue no haber sido un buen padre.
Es complicado, si lo piensan, cerrar los ojos que nos reflejan lo que podemos tocar. Eso de abigarrar es propio de daltónicos emocionales. Aunque, a veces, sea conveniente pensar en una bonita casa en cualquier paraje de una de las islas perdidas de la urbe.
Una vez escuché que Mosas Lealiyah Beth significaba algo así como Organización para la Segunda Emigración. Curiosa palabra esa, que implica movimiento, no siempre previsto.
¿Y qué les parece eso de tener celos? Es complicado. Tanto como el raid. Algo así como una prueba deportiva en la que los participantes miden su resistencia. ¿No ven la hilazón?
Ayer leí en un panfleto a un supuesto ´juntaletras´ que escribió “exhuberante”. Para exuberancia la de una buena película cualquier tarde en que las obligaciones no tienen cabida.
Vanuatu tiene un presidente que se llama Kalkot Mataskelekele. Y un primer ministro que responde al grito de Ham Lini. Y la moneda es el vatu.
Joder, ¿para cuando una buena conversación sobre el alfabeto cirílico búlgaro? Es que así podríamos recordar a todos esos genios que acababan en “ov”.

Por cierto, no dejen de ver el sábado por la noche una película en un especial homenaje a Fernando Fernán Gómez. Vaya genio.

Me meto con el Deuteronomio. Todo es poco cuando se necesita que la suerte no tenga lugar.

Nunca mais

Siempre me pasa lo mismo.
Me juro y me perjuro que entre semana, si salgo, es para tomarme un vinito, una cervecita o una copita. Pero lo que se pretende sea un sufijo acaba convirtiéndose en varios.
Vino la Ejter y la cena era obligada, pero lo que no era tal fueron las copas que siguieron a las tapas en el bar del gran Rubén.
Que, por cierto, me contó las que está liando el hijoputa del estasiano. Vaya cerdo.
Recuerdo que siempre hemos hecho mención a la memorable noche pasada con Del Rosal y Barra en el Arriba un día entre semana que confirmó nuestra querencia absoluta a la diversión transgresora. Lo de esa noche esté posiblemente marcado en el código penal como ahogamiento de neuronas en cebada y tal vez se castigue con la obligatoriedad de leer (en plan La Naranja Mecánica) el último libro de Boris Izaguirre sin ningún tipo de opiáceo para que pase sin demasiado dolor.
Pues eso. Hoy el pertinente despertar cotidiano se ha transformado en un incesante martilleo terrible que ha terminado por agotar mi paciencia. Sí, leen bien. Agotar mi paciencia ¡conmigo!
¿Cuándo acabará esto? Es urgente terminar con estos despiporres.
Puedo prometer y prometo que no volveré a ingerir líquidos graduados ninguna noche de domingo a miércoles. Algún jueves no es descartable. Pero nunca más un lunes.
Es más, si me ven en el entorno de un centro de no lectores (como dijeron de coña el otro día en el máster) llamen a la benemérita. Saquen los tanques. Impídanlo.
Tengo más que claro que esto es culpa de esos que se hacen pasar por mis amigos y que valiéndose de la inocencia que define mi existir, me llevan por el camino de la cerveza y del oprobio tasquil (de tasca).
Y encima, por fin esta tarde, si no pasa nada raro, subiremos el sofá-cama que sobra chez Zurita con la ayuda de un par de peruanos. No sé ni como son, pero como sean primos hermanos de Torrebruno, tendré que llamar al vecino para que nos ayude.

Sería interesante que mis queridos amigos me echaran un cable. Creo que si fuese el caso, les invitaría al Nostalgia a tomarse un buen batido de plátano…que es martes.

La vida es sueño

Sueña el rey que es rey,
y vive con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe prestado,
en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Señores, no tengo tiempo para escribir. Les dejo este texto para que reflexionen. O para que se planteen, metafísicas aparte, qué es qué, quién es quién y y si hay algo mejor que soñar.

Lo mejor del fin de semana fue la obra que pudimos ver de Calderón. No se la pierdan.

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Petición

Señores, utilizo este lugar, cada vez más vacío para hacer una petición pública.
En unos días tendré que desplazar a mi hogar algeteño un sofá que la familia Sánchez Zurita pretende dejar de usar. Por tanto, tras resolver el tema logístico, habrá que proceder a subirlo hasta el quinto ese donde de vez en cuando me paso.
Así que necesito a unos hombretones fuertes y sanos (bueno, bien pensado, con que tengan manos me vale) que me ayuden al traslado.

Sé que puedo contar con todos esos grandes personajes que componen el día a día de mi vida, pero por si acaso lo suelto acá.

Digo yo que la fuerza hercúlea de Rodríguez o Don Miguel, el perrete o quien sea podrán echarme un cable, ¿no?
En fin, iré llamando a los candidatos un día de éstos para ir convenciéndolos.
Soy un tío agradecido, así que es probable que los filántropos que me acompañen se vean recompensados con una refrescante birra en ese lugar de moda llamado “Nostalgia”.
Como diría el anormal de Quique Guasch: ¿se lo van a perder?
Por otro lado, creo que el que se va a perder en breve será Schuster. Vaya escándalo.
En fin, ya he podido empezar a notar la nueva muestra de ventajismo rancio de Don Miguel para con Penépolis. Reminiscencias…
Poco más. Ya queda menos para que llegue el puente de Diciembre tan necesario para poder evadirse de tanta movida que nos atosiga por doquier.
Y para seguir aprendiéndome ese temazo que tarareo los domingos por la tarde.
P.D. Espero confirmaciones verbales de mis grandes amigos para la tarea tan gratificante de ayudar a un amigo del alma como transportista y “mudanzero”.