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Archive for 29 noviembre 2010

La paliza de cada año

Bueno, pues otra vez.

Podría copiar el post del día del 2-6 o el 0-2 del año pasado. Es un baño sin excusas.

Desde el principio del partido no había color. Lo de siempre.

Si es que no sé qué decir. Es pura impotencia.

El Barça es mejor equipo desde demasiados puntos de vista.

El Madrid tiene que pensar que los títulos no se ganan en noviembre. Yo no digo que no. Pero quién convence a nadie de que el Madrid puede con el Barça de la manera que sea. Es imposible. Es uno de los mejores equipos de la historia contra uno que a la hora de la verdad nunca puede.

Hay poco que hacer.

Mirar el calendario y esperar que Xavi, Iniesta, Messi y todos esos se retiren. Y que falle la cantera. Casi nada.

Nada que hacer.

Quizás lo mejor sea dejar de pensar que en breve podremos hacer algo contra estos tíos.

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Penoso

A mí me ha parecido deplorable. Lamentable. Impropio. Y bastante inaceptable.

Sí, ya sé que lo importante es que cuando llegue el mes de marzo, el Madrid se asegure que dos de sus piezas defensivas se aseguren (salvo expulsión) el partido de vuelta. Pero no merece la pena. De verdad.

No digo que provocar la tarjeta no sea algo que se hace desde hace siglos y que se seguirá haciendo. Pero lo de provocar tu expulsión… no recuerdo haberlo visto muchas veces.

Hablamos de imagen y eso cuesta mucho ganarla y poco perderla. De hecho, en las declaraciones a Silvia Barba, me ha dado la impresión de que hasta Mourinho se avergonzaba en cierta forma. Él, con lo chulo y arrogante que es, intentaba echar balones fuera, pero no lo conseguía. Tenía el semblante marcado por esta «chapucilla» que todo el mundo valorará negativamente.Como dice Paco González: «Mal en el fondo y peor en la forma».

Mourinho y Chendo hablando del tema de las tarjetas. Luego Mourinho y Karanka. Finalmente Mourinho habla con Dudek y éste se va hasta la portería para transmitir su orden al capitán. Casillas se lo dice a Ramos y todo el vodevil montado.

No sé qué hará la Uefa, pero a uno le entra hasta miedo de que pueda tomar cartas en el asunto. Todavía recuerdo la que le liaron a Raúl cuando marcó con la mano al Leeds. En fin, un pelín abochornados por esos 3 minutos en que Xabi Alonso y Sergio Ramos (siguiendo órdenes) han escupido sobre nuestra historia, sí que deberíamos estar. Joder, es que estoy hasta de acuerdo con el despreciable Julián Ruiz.

Me molesta, especialmente, si pensamos que el Madrid ha jugado un gran partido ante una referencia del fútbol como el Ajax, que aunque venido a menos, siempre tiene un nombre imponente. 0-4 y una autoridad apabullante. Recordaba mientras lo veía que hace unos 15 años (en la primera Champions League que recuerdo seguirle al Madrid) en la primera fase de un grupo en el que también nos tocó el Ferencvaros y el Grasshoppers, el Ajax nos barrió como no recuerdo igual (probablemente parecido al 2-6 del Barça) y ganó 0-2. Sí, pero con dos goles legales anulados y dos tiros a los palos, entre otras cosas. El Madrid ni existió. Recuerdo, como si fuera ayer, a Lorenzo Sanz diciendo que lo mejor del partido había sido que sólo nos habían ganado 0-2.

Pues es tremendo que el día en que uno se «vengaba» en parte de aquel día, se encuentre con este bochorno.

Porque, señores, no es una anécdota, es un bochorno.

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Vomistar

Mira que uno lo ha oído veces. Pero hasta que no le pasa a uno, parece que no aprende. Telefónica es una gentuza despreciable, amantes del robo y paradigma de los principales problemas de codicia, avaricia y pestilencia que este país sufre.

La cuestión es que te dicen que te cobran una cosa y luego te cobran otra. Les hacen ofertas a los nuevos y a los que tienen, poco les interesa conservarlos. Juegan con el hecho del coñazo que significa cambiar de operador, quedarte unos días sin conexión, hipotéticos problemas y bla bla bla. ¿Qué les voy a contar?

Pero he pensado que para listo y basuro, yo. Me he dado de baja de lo que tenía con ellos (a nombre de la empresa) y a las pocas horas, me he dado de alta como autónomo (o sea a mi nombre). Entonces, la oferta que les exigía horas antes, sí me la han aceptado. «Son más tontos que mis cojones», le oí decir un día a un erudito de la talla de David Vidal. Pues eso. Más razón que un santo.


Desde luego, tengo pensado que cuando pase otro año (si todavía tengo la empresa… toquemos madera), volveré a hacer lo mismo, si es que hay alguna oferta interesante. Si no, pues me pasaré a otros operadores. En fin, digamos que lo mejor sería ir directamente a las oficinas de los directivos de la actual Movistar (¿cómo era eso de distintos perros con el mismo bozal?) y sacar un lanzallamas (me encanta esa frase de Al Pacino en Esencia de mujer) para arrasar ese lugar.

Bueno, poco más.

P.D. Sé que siguen esperando el post del viaje bebedor a Dublín, pero si se solucionan los problemas logísticos de uno que yo me sé, puede que por fin salga a la luz.

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Débil e incierto

He de decir que estoy un poco acojonado. Es un día de esos…

Veo que Irlanda y Portugal se hunden. Veo que el ayuntamiento de Madrid está en quiebra más que técnica —escuchaba hoy en el programa de Carlos Herrera a un tío que dirige una empresa que presta servicios al ayuntamiento a nivel bastante importante, que llevan 10 meses sin pagarles y que no hay nada que les haga presentir que van a cobrar. Lo cachondo era que el pobre hombre argumentaba que ellos no son como los basureros que se ponen en huelga y a los 4 días les están pagando por la alarma social (y el hedor ambiental), decía que si se ponen el huelga, encima el ayuntamiento se carga de razones para no pagarles nunca— y veo la situación de tanta gente cercana a nosotros. La cosa está dura.


Lo mejor son las noticias que transmite el erudito creador de aquella mítica frase de la «Economía de la Champions League». Dice ZP que la mejora es débil, que la recuperación es incierta y que no hay demasiadas pruebas que alienten con certeza la teoría de que el paro irá menguando en breve.

Entiendo que aquí cada uno mira lo suyo y hace sus números. Y la cosa está fea. Muy chunga.

En mi caso, al menos, lo peor no es tanto la situación real actual, sino la incertidumbre intrínseca. Es decir, ¿qué pasará cuando poco a poco todo se vaya recuperando? Imaginen (que ya es mucho imaginar) que dentro de 5 años las cosas están mejor. Imaginen que el paro ya sea asumible. Imaginen que después de muchos malabarismos laborales y cardinales, parece que las empresas grandes vuelven a necesitar contratar a empleados. No imaginen, piensen que entonces rondaremos los 35. ¿Las empresas nos preferirán a uno de 24? No lo sé.

En fin, lo que la vida nos ha enseñado (si uno mira para atrás) es que no se sabe lo que pasará. Hay que pensar que poco a poco iremos saliendo del agujero. Pese a esta caterva indigna de políticos, banqueros y especuladores.

Verdades que duelen

Pues una vez que hemos superado el mono de no beber una cantidad indecente de pintas, vivir en un pub (o en 14), comer hamburguesas (o sucedáneos) y escuchar los horrísonos gañidos de algún que otro cerdo por las noches, volvemos a la normalidad.

Ya tendrán cumplida cuenta de nuestras andanzas por tierras irlandesas en menos que canta un gallo o que uno dice Maricón y Tontico.

Mientras tanto, quería resaltar que todavía me dura el enfado por la cagada de Ferrari. Me ha gustado lo que escribió el otro día Palomar. Algo así como que si Webber hubiera puestos neumáticos cuadrados, los musos de rojo hubieran hecho lo mismo. Es una pena enorme, pero habrá que conformarse con esto.

Por otro lado, el hecho de estar casi en una vida paralela nos impidió enterarnos de qué pasaba por el mundo. Y por supuesto, no nos enteramos de todo el lío que se montó entre Preciado y Mourinho.

A ver, para que quede claro: Mourinho tiene razón. O mejor dicho, Preciado no la tiene.

No entro en si Preciado hizo mal en llamarle al otro canalla y decirle no sé qué parida sobre perfidias, traiciones y asechanzas. Y sinceramente me la suda. Lo que sí sé es que Preciado sacó a lo que él considera (tirando de alineaciones en las 11 primeras jornadas) a sus más titulares o más habituales y contra el Barça no. Cuando Mourinho dice que tiró el partido, tiene razón.

El valiente Preciado utilizó contra Villa, Messi y compañía a un tal Sastre de lateral derecho (no ha vuelto a jugar de titular), un tal I.Hernández (no ha vuelto a jugar de titular), un tal Matabuena (no ha vuelto a jugar de titular), a Lora fuera de puesto, a Bilic (creo que sólo ha sido titular una vez más), José Ángel (que sólo es titular desde la 7ª jornada) y lo más cachondo: a Cuéllar. Eso es, cambio de portero en el Camp Nou. Obviamente, no ha vuelto a jugar. ¡Vaya! Qué curioso. Si Mourinho dice que hay equipos «que tiran los partidos», ¿no tiene razón? Los cojones. Claro que la tiene.

Preciado se comportó como un absoluto cagón impresentable sacando a jugadores a los que él considera suplentes (tirando de datos) en un partido que daba por perdido. Eso sólo lo hacen los mediocres, pusilánimes y cobardes.

Mourinho dijo algo que todo el mundo piensa (los primeros los propios aficionados del Sporting), pero que está mal visto decir o que es políticamente incorrecto. No digo que no. Pero él es así. Nadie niega que Mourinho es el entrenador más chulo del mundo. Y seguro que muchas veces mete la pata. Pero sin ninguna duda, dijo lo que todos pensábamos ese día.

Sí, señor Preciado, usted además de ser de pueblo, y hacerse la víctima, y de ser un honrado trabajador y no querer que se le inmiscuyan en su trabajo y todas esas cosas tan bonitas se comportó de manera cobarde tirando el partido del Camp Nou sin ningún problema. Otra cosa es cómo se desarrollara (el Sporting perdió «sólo» 1-0, pero no tiró a puerta ni una vez y tuvo un impactante 21% de posesión del balón), pero de partida, tiró CLARAMENTE el encuentro por verse incapaz de, ni siquiera, plantarle cara al Barça. Para eso, hubiera sido más digno no presentarse.

Pues eso, las patadas que dieron, los malos modos, las gradas encendidas y toda esa patraña, a ver si lo demuestran contra otros también. Imagino que no. Volverán a darlo por perdido y pensarán en el siguiente partido. Estaría bonito que el Mallorca, que empató en el Camp Nou o el Hércules, que ganó, se salvaran. Y que el Sporting se fuese a Segunda por un punto. No me iba a reír ni nada.

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Dublín*

Pues nada, nos vamos otra vez a la capital irlandesa. A ese maravilloso emplazamiento en la desembocadura del río Liffey y en el centro del condado de Dublín.

DUBLIN: La ciudad moderna conserva el nombre irlandés anglificado del antiguo y original nombre irlandés de este último. Después de la invasión normanda, Dublín se convirtió en el centro clave de poder militar y judicial, con la mayoría de su poder concentrado en el castillo de Dublín hasta la independencia. Desde el siglo XIV hasta finales del siglo XVI Dublín y sus alrededores, conocido como la empalizada, formaron la mayor zona de Irlanda bajo control gubernamental. Durante varios siglos el parlamento estuvo situado en Drogheda, pero se trasladó permanentemente a Dublín después de que Enrique II conquistase el Condado de Kildare en 1504.

Dublín también tenía administración ciudadana local vía su corporación desde la edad media. Representaba el gremio oligárquico hasta que se reformó en 1840 aumentando las líneas democráticas. Desde el siglo XVII la ciudad se expandió rápidamente, ayudada por la Wide Streets Commission. Por corto período, Dublín fue la segunda ciudad del imperio británico después de Londres y la quinta ciudad más grande de Europa. La mayoría de la arquitectura más notable de la ciudad, data de esa era y está considerada como su edad de oro. La afamada fábrica de cerveza Guiness también se estableció en esa época. En 1742 se tocó por primera vez el “Messiah” de Handel en el New Music Hall en la calle Fishamble con una participación de 26 chicos y 5 hombres combinados de los coros de las catedrales de San Patricio y de la Iglesia de Cristo.

El periodo de 1800 consistió en una disminución relativa con el crecimiento industrial de Belfast; en 1900 la población de Belfast era casi el doble. Mientras que Belfast era próspera e industrial, Dublín se había convertido en una ciudad de miseria y división de clases, construida sobre los restos de grandeza perdida, mejor descrita en la novela Strumpet City, por James Plunkett, y en los trabajos de Sean O’Casey. Dublín era todavía el centro primario de administración y transporte de la mayoría de Irlanda, aunque completamente al margen de la revolución industrial. El Alzamiento de Pascua de 1916 ocurrió en el centro de la ciudad, ocasionando gran parte de su deterioro físico. La guerra civil anglo-irlandesa y la guerra civil inglesa contribuyeron todavía más a su destrucción, dejando muchos de sus mejores edificios en ruinas. El estado libre irlandés reconstruyó muchos de estos edificios y trasladó el parlamento a Leinster House.

Durante La Emergencia (Segunda Guerra Mundial), hasta 1960, Dublín permaneció como una capital fuera del tiempo: El centro de la ciudad en particular se mantuvo en reposo arquitectónico lo que hizo que ésta fuese perfecta para filmar películas, con muchas producciones como The Blue Max, y My Left Foot, capturando las vistas de ese tiempo. Hecho que sirvió como fundación de éxitos posteriores en cinematografía y producción de películas. Con el aumento de prosperidad, se introdujo la arquitectura moderna en la ciudad, aunque se comenzó una vigorosa campaña para restaurar la grandeza de la época jorgiana de las calles de Dublín, en lugar de perder la grandeza para siempre. Desde 1997, el paisaje de Dublín ha cambiado inmensamente, con enormes construcciones privadas y de agencias de transporte y negocios. Algunas de las calles más conocidas siguen conservando el nombre del Pub o el negocio que ocupaba el lugar antes de su cierre o reconstrucción.

Desde los comienzos del gobierno Anglo-normando en el siglo XII, la ciudad ha servido como capital de la isla de Irlanda en varias entidades geopolíticas:

Desde 1922, con la división de la isla, se convirtió en la capital del Estado Libre Irlandés (1922–1949) y ahora es la capital de la república de Irlanda. (Muchos de estos estados coexistieron o compitieron entre el mismo marco de tiempo rivalizando entre teoría constitucional irlandesa o británica). Una de las memorias para conmemorar esos tiempos consiste en el Jardín del recuerdo.

*: Dublín es un derivado hiberno-normando de las voces irlandesas Dubh Linn, que significan textualmente «laguna negra».

The Brazen Head

The Hole in the Wall

Nancy Hands

The Cobblestone

O´Donoghues

Etc…

P.D. Pura matemática: Dublín + * =

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Pub nº50: La Fontana de Oro

by Atticus Finch

«(…) Los grupos avanzan hacia la mitad de la calle y desaparecen por una puerta estrecha, entrada a un local, que no debe de ser pequeño, pues tiene capacidad para tanta gente. Aquélla es la célebre Fontana de Oro, Café y Fonda, según el cartel que hay sobre la puerta; es el centro de reunión de la juventud ardiente, bulliciosa, inquieta por la impaciencia y la inspiración, ansiosa de estimular las pasiones del pueblo y oír su aplauso irreflexivo. (…)”.

Como ven, a tenor de las palabras arriba reproducidas, en 140 años, fecha en que fueron publicadas por primera vez, pocas cosas han cambiado. Y no es el pub que nos ocupa esta semana, el último de esta larga y divertidísima serie que comenzara hace un año, una excepción. No pretende este que les escribe igualar al mayestático literato, Pérez Galdós, por supuesto. Sería una cuestión indecente procurarlo y, por tanto, no encontrarán en esta crónica el más mínimo atisbo de intento de copia de estilo —suspirarán de alivio en este momento muchos— ni nada parecido. Simplemente, sirva la descripición del inigualable escritor canario, madrileño de adopción, para introducirnos en el meollo y comprobar, de manera contundente, que el espíritu de aquella fonda, hoy pub irlandés, no ha cambiado lo más mínimo.

La Fontana de Oro es un pub con historia. Es famoso por la novela del ya mentado Galdós, pero en sus taburetes se han relajado las posaderas de un buen número de personajes ilustres de la vida política española. Fundada allá por el año de 1760, tuvo su momento de mayor esplendor durante el Trienio Liberal (1820-1823), período durante el cual este país llamado España pudo disfrutar de nuevo de las libertades perdidas a manos del indigno Fernando VII siete años antes. El personaje que marca esta época fue Rafael del Riego, militar de alto prestigio, que tras deambular por medio país como capitán general, finalmente llegó a Madrid, donde fue prendido y, posteriormente, ejecutado por fuerzas extranjeras, los Cien Mil Hijos de San Luis, los cuales habían llegado desde Francia en apoyo del absolutista rey Fernando y como representantes de la Santa Alianza. Antes de tan triste final, a buen seguro que este garante de las libertades degustó comida y bebida en abundancia en el pub que hoy nos ocupa, un magnífico establecimiento, dicho sea de paso.

La actual Fontana de Oro, situado en el mismo emplazamiento en que ha estado siempre, el número tres de la Calle de la Victoria, en el madrileño barrio de las letras (Huertas), no es un pub muy diferente del que podía haber sido aquel de la época de que trata el anterior párrafo. Es obvio y evidente que la decoración habrá cambiado algo, aunque menos que en otros establecimientos de rango parecido y pretensiones similares —no debe usted, estimado lector, dejar de ver los múltiples retratos de personalidades que decoran las paredes—, pero el espíritu acogedor, envolvente y cálido que encierran estas cuatro paredes sigue siendo el mismo de antaño.

Es un pub grande en el que el espacio está ricamente aprovechado. Las mesas ocupan la mayor parte del recinto y están lo suficientemente separadas las unas de las otras como para no agobiarse cuando el local está lleno —lo que ocurre tan a menudo como días tiene el año, claro—. Destacan, por su elegancia, las lámparas y farolas que iluminan el espacio y que realzan aún más ese carácter clásico del que les hablaba. Un carácter, por otra parte, que no está reñido ni por un momento con el dinamismo que todo bar en el centro de Madrid debe poseer y que, en este local, está representado a través de la magnífica atención que los camareros dispensan agradable y servicialmente a sus clientes.

El precio es el estándar. Ni más ni menos, aunque es de justicia recalcar el hecho de que los miembros de Bebedores Magazine disfrutaron de un precio rebajado en su primera consumición gracias a la invitación ofrecida por un tipo (hay quien le diría «flyer» que nos abordó por la calle y que trató de que entráramos en el local a cambio de dichas reducciones en el precio. Teniendo en cuenta que nosotros íbamos a ir allí de todas, todas, pues… Todo un detalle del señor «flyer». La calidad con que fueron servidas las Guinness dejaba que desear, la verdad. De las rubias nada que objetar.

Al final, tras dos rondas de cerveza y un sinfín de inigualables conversaciones, al grupo le entraron ganas de cerrar la noche como sólo los grandes acontecimientos se clausuran: en Padrao y comiendo el mejor bocata de bukake que se hace en el mundo. Los seis —en esta ocasión no se rajó nadie— pusimos rumbo hacia San Bernardo y, recorriendo a pie la distancia —destáquese la hazaña—, llegamos para finiquitar de la mejor manera posible lo que, por otra parte, no podía terminar de otra forma: con risas y más risas.

En fin, da pena decirlo, pero el cincuenta llegó y el cincuenta ya se marchó. Un visto y no visto. En menos de 365 días, Bebedores Magazine ha recorrido medio centenar de pubs irlandeses, todos ellos en Madrid, y les puedo asegurar que, a titulo personal, todo ha sido todo una pura diversión, cachondeo. No creo errar si lo hago extensivo al resto de bebedores. Seguro que no.

Decía otro genio de las letras, Edgar Allan Poe, que «todas las obras de arte deben empezar por el final». No sé qué decir. Quizás sea una premonición de lo que pueda depararnos el futuro. Saquen sus propias conclusiones.

Señoras y señores, en nombre de todos los miembros de Bebedores Magazine, ha sido todo un placer.