Archivo

Posts Tagged ‘Holanda’

La historia más grande jamás contada

Siempre he oído que no hay medicina que cure, lo que no lograr sanar la felicidad. Y así debe ser. Hoy todo pareció menos grave, más pasajero y completamente fútil ante la avalancha de emociones que la selección española de fútbol le ha dado a todo un país, a varias generaciones… a los que están y a los que no… gracias a una victoria histórica e inigualable. España es campeona del Mundo. Somos CAMPEONES DEL MUNDO. Y lo seremos siempre. Cuando encuentras tu estrella, nunca te abandona.

Los pensamientos se extremezclan con el desenlace tan cercano y con la sensación de haber subido el último escalón, aquel peldaño inalcanzable para un pueblo condenado a vivir martirizado por la impotencia. 23 jugadores y un superlativo Vicente del Bosque cambiaron el signo de la historia.

El miedo que siempre atormentó a Rousseau fue morir sin hallar la ansiada satisfacción completa. Y así terminó sus días. El fútbol español siempre fue su mejor émulo. Hasta hoy. Todo es distinto. Esplendoroso. Y eso sólo puede catalogarse dentro del abanico de las maravillas.

Final: Holanda 0 España 1 (Iniesta)

España se encontró con toda clase de pruebas a lo largo de su primera final mundialista. Los quince minutos iniciales permitieron el desarrollo cotidiano de toque y desmarque con una naturalidad impropia de un acontecimiento definitivo como el que nuestros representantes tenían sobre sus espaldas. Remates de Sergio Ramos (Mundial descomunal el que ha hecho, aquí el caballero; mejor lateral derecho de largo), una volea de Villa y la percepción de que se estaba arrollando a Holanda. Parecía que España encontraba el punto necesario para repetir la exhibición contra Alemania en semifinales.

Entonces llegó un período de 30 minutos (hasta el descanso poco más o menos) oprobioso para cualquier amante de este deporte. Y de la justicia. Holanda encarnó el mal absoluto con una colección de malos modos y de groserías inaceptables (no olvidar la canallada en la devolución de la pelota buscando no se sabe qué en el tiro a puerta de Sneijder) en un deporte en que hay reglas claramente marcadas. Si Holanda encarnó la infamia, sus profetas fueron dos demonios. Por un lado, el jifero Van Bommel, despreciable e innoble deportista, sucio, obsceno portador de una zamarra que un día llevaron Cruyff, Neskens, Gullit o Van Basten, que buscó la lesión de Iniesta a través de una entrada que hubiesen firmado los principales matarifes del Wimbledon de los 80.

Por otro, el criminal con galones De Jong, un asesino repulsivo y abyecto que decidió que lo mejor para evitar que España siguiera con su fúbol puro, dulce y limpio era enviar al centro de urgencias más cercano de Johannesburgo a Xabi Alonso. El chacinero de los Países Bajos (bajísimos con elementos de esta calaña) dejó la historia de su país por los suelos con una entrada de kárate sacada de la ficción más recóndita de Stephen King. Aunque el verdadero culpable de esta carnicería fue el inane Webb y su vomitiva parsimonia para con las tarjetas rojas. Holanda pegó como nunca se había visto en ninguna final mundialista. Esa mancha les perseguirá toda la vida. Y nunca la conseguirán lavar. Los buenos siempre podrán con los malos.

La segunda parte fue, tal vez, al menos hasta el minuto 70 la más equilibrada del encuentro. Casillas salvó a España en el minuto 60 con la parada del Mundial (con permiso del penalti paraguayo). El inagotable velocista Robben le encaró tras un pase fastuoso de Sneijder y el aguante de Íker evitó el 1-0 (bueno, concretamente su pie). Ese vuelco al corazón fue una victoria en sí misma. Era un señal divina. La puerta inmaculada de Casillas lo seguiría siendo hasta el final. Y eso que un calco de la anterior se produjo a poco del final, cuando el trastabilleo de Robben tras una carrera ganada a Puyol acabó con Casillas robándole nuevamente el esférico en el momento en que buscaba el regate final.

Entre medias, Villa falló debajo de los palos, Ramos no acertó a rematar en el área pequeña un córner de Xavi y Capdevila tampoco acertó entre rebotes a batir a Stekelenburg. La tensión era inaguantable. Prórroga.

España, para entonces, había introducido a un incisivo Navas en el campo y a Cesc para intentar aprovechar su llegada y su sapiencia en momentos claves. No debería olvidarse en cualquiera de los análisis que estamos ante una generación de ganadores natos. Cesc tuvo un gol cantado tras pase al hueco de Iniesta, el propio Andrés no culminó una buena jugada de la delantera hispana, basada siempre en el toque y en la precisión… siempre fieles a un estilo único y reconocible. Cesc remató desde la frontal del área y Navas tocó la red por el lado incorrecto. España tenía el partido en sus manos. Sólo algún contraataque del Sr. Robben y disparos lejanos de Sneijder nos podían llegar a sobresaltar.

Segunda parte de la prórroga. La angustia tomaba los vomitorios del Soccer City. No había escapatoria. O se marcaba ya o nuestra suerte la iban a decidir los malditos penaltis. La lotería no parecía el desenlace más justo para el mejor equipo del torneo. Y volvió la magia. Y se apretó arriba. Se fue a por todas y el mejor ejemplo fue el cambio de Torres por Villa. Una obra de arte de Xavi habilitó a Iniesta. Nueva falta (innumerables parones y cortes los cometidos por la indecente Holanda a lo largo del partido) y roja a Heitinga. A la calle. Donde no acabaron los dementes del centro del campo holandés. Lo de Van Bommel no tuvo nombre —¿recuerdan su fingimiento de agresión después de haber castigado nuevamente los tobillos de Iniesta, cuando al levantarse se tiró como si le hubieran matado?—; sólo un miserable canalla podría haber hecho eso. Si tuviera vergüenza colgaría las botas mañana mismo.

Llegó el minuto 115. Y Navas decidió darle brillo a la palabra aventura. Arrancó desde su campo y acabó por cederle a Iniesta que de tacón habilitó a Cesc. Tras un nuevo paso por Navas, el balón recayó en Torres. Su centro al área lo maldespejó Van der Vaart. Jaque. Cesc le cedió educadamente a Iniesta el sueño de 46 millones de almas. El bueno de Andrés liquidó la final. Jaque Mate. Para Jarque. Y para España. Para todo un país sumido en el momento más duro de esta era contemporánea. Gracias Andrés. Estarás de por vida en el recuerdo de todos. Todo se nubla desde ahí al final. Lágrimas, emociones, recuerdos. Escalones subidos… el techo. La gloria. El final. El límite. El cierre del círculo. El punto de inflexión.

——————————————————————————————————————————————————————

Cuando Iker levantó la copa, uno se acordó de su padre, el otro de su hermana, el de más allá de su amigo. Ella de él. Que ya no está con nosotros. Él de ella que siempre estará. Tanta energia positiva debe alumbrar por sí misma el futuro del más iluso.

Entre sollozo y sollozo, acerté a divisar las sinceras lágrimas del Ferlein, la alegría indisimulable de ese genio llamado Miguel Barra, la profunda mirada de satisfacción del Sr. Del Rosal que ya es campeón del mundo como soñó desde que tuvo noción primeriza, la sonrisa inacabable del otrora hermético Rodríguez y de su jubilosa y risueña futura esposa Sara, los puños arriba del Papo, los saltos incontrolables del Perro y de Ana, ocupando en su simbiosis alada el espacio del regocijo, la emoción del sabio Ortigoza (y es que él ya lo sabía; ganador de la porra con diferencia, un crack infinito) y de la mirífica Cilli que también sonrió como una niña con zapatos nuevos. Y sobre todo acerté a rodearme de los brazos de mi querida y nunca suficientemente loada Mentxu, lo mejor de mi vida, la que le da sentido y forma al futuro.

Pude conversar con la familia, los del Te quiero verdadero, hablar con Auro (tenía que ser en Sudáfrica donde se produjera el milagro) y disfrutar en la distancia de un momento para la eternidad —Auro, ¡qué grande eres, tía! ¡Rubén, tenemos karaoke pendiente!—, ver a Mote el otomano con quien tantos disgustos pasados tuve la desgracia de compartir y pudimos, incluso, ser testigos del beso de Íker a Sara, vencedores de la porquería televisiva. Y todo en la tierra de Mandela, aquel que iluminó Sudáfrica como el sol, según epiloga John Carlin en su fabuloso El factor humano.

Quizás lo propio es soltar un corto y cierro. Todo importa ya menos. El fútbol pasa a un segundo plano. Al menos durante un tiempo. La excelencia nos rodea. Y los trofeos le dan brillo. El oro de la copa del Mundo. Y sobre todo el valor incalculable de 23 amigos que representan intachablemente a un país tan heterogéneo como único. Puede que todo a partir de ahora sea menos cálido, menos intenso. Menos vivo.

O puede que la verdadera felicidad esté en la imaginación y no tanto en el acto. Que, tal vez, el placer se encuentre primero en la ilusión y finalmente y por siempre en el recuerdo. Allí donde eternamente guardaremos y podremos rememorar, hasta que el destino considere oportuno, la historia más grande jamás contada.

11 de julio de 2010

Final Campeonato del Mundo Sudáfrica 2010. 20:30. Soccer City (Johannesburgo).

Holanda – España

«El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas: eso es lo que la sostiene». Víctor Hugo.

Jornada de reflexión

Sábado. Quedan horas.

Antes el Uruguay-Alemania por ver quién será tercero.

La disyuntiva en estos momentos radica en si se prefiere que llegue cuanto antes el momento de comenzar a sufrir o se prefiere que tarde lo más posible para disfrutar de esta sensación maravillosa previa a la posibilidad de ser campeones del mundo. Hay gustos para todo. Es lógico.

Una vez metido en la vorágine peligrosa de la imaginación, a uno le da por verse siendo campeón. Comprando periódicos, grabando reportajes, analizando y escrutando opiniones de los expertos. Uno se ve delante del televisor viendo a Pepe Reina volviendo a protagonizar el mejor Reality Show jamás visto de un campeón.

Y uno está disfrutando, cuando empiezan a cruzarse otra serie de imágenes no tan divertidas. Y da por acordarse de los últimos subcampeones. Uno tiene que estirar, como un chicle, la fantasía para imaginarse a Xabi Alonso dándole un cabezazo en el pecho al Materazzi de turno o a Casillas escupiendo un remate como Khan en 2002 a la espera de algún remache. O incluso a una defensa incapaz de defender, como la Brasil del 98, correctamente los córners. O lo que es peor… perder la final por penaltis. Mejor ni pensarlo.

Tras tanta ida y venida, se conviene en que lo más inteligente es no darle demasiadas vueltas. Mañana, día de concentración y de fatiga completa (va a ser muy muy duro; esperemos que gratificante al menos), pero hoy algo de relax y de descanso. Al menos hasta que empiece la final de consolación.

La sandez del pulpo antes de la final

Paul tiene nombre de pulpo. Y retraso mental es la definición de lo que le pasa a la mitad de la humanidad.

Lo he dicho ya y me repito: si el pulpo supiera que es el ser más racional de todos los que hemos estado pendiente de esta memez, se ahogaba con sus tentáculos.

El cefalópodo más famoso desde el Míkel cuando lleva cuatro copas ha predicho que ganamos a Holanda. Si lo dice el pulpo… Por si acaso que no se lesionen Xavi o Iniesta.

Bueno, más allá de paridas sin sentido, hoy toca pensar ya en el último partido. El que decide si el sueño se sumple hasta el final. O suena el despertador antes de terminar.

Comprobado está. España y Holanda no se han enfrentado nunca en fase final de Mundial ni de Eurocopa. Parece increíble, pero así es. Vaya forma de debutar.

Mañana partido por el tercer y cuarto puesto: Uruguay – Alemania. Aquí también ha pronosticado el pulpo de los cojones. Y triunfo germano. En el fondo, da que pensar sobre el nivel mental de los seres humanos. Mirando a un puto pulpo zampándose un mejillón. De locos.

En fin, si vamos a lo «serio», habría que comentar que Holanda es un conjunto que a uno le deja frío. No me parece un equipo de súper clases, en absoluto. Y están en la final. Habiéndose cargado a Brasil. Sí, pero… no me parece una barbaridad de equipo. Sneijder y Robben son lo mejor que tienen. Grandes jugadores, pero, insisto, para mí no se pueden comparar a los nuestros. Yo no me olvido de que estos dos fueron titulares en aquel Liverpool 4 R.Madrid 0 en que fueron (fuimos) literalmente humillados. Y de repente, ¿son los mejores del mundo? Son buenos, sí, pero hasta ahí.

Si España juega como sabe, con sus centrocampistas embelesando y creando jugadas de ataque, tenemos muchas posibilidades de lograr un triunfo para la eternidad.

Hasta entonces, toca entretenerse con gilipolleces del tamaño de un pulpo.

Holanda marca el camino

Volvíamos de ver la primera semifinal y pensábamos en voz alta que para el Mundial de 2014 ya no estarán posiblemente jugadores como Xavi, Xabi Alonso, Puyol, Villa o incluso Casillas. Esa es la realidad. Y ya ha llovido desde la última vez que estuvimos en una situación relativamente parecida a ésta.

Nos da por pensar, por tanto, que esta oportunidad que se nos presenta parece difícilmente igualable en el futuro.

El equipo teutón ha cambiado bastante con respecto al de la final de 2008. El centro del campo que formaban Hitzlsperger, con Frings y Ballack ha dado paso a uno formado por Khedira, Özil y Müller (que no podrá jugar). Además Schwensteiger ya no juega por la derecha, sino que es mediocentro, Friedrich no es lateral, sino central y Lahm ha cambiado de banda. Además, han desaparecido Lehmann y Metzelder. Vamos… que el equipo ha mejorado por doquier. Y además están jugando de manera extraordinaria.

Hasta ahí, todos de acuerdo. Y es cierto que siempre llegan lejos y que les da igual cómo jueguen. Nosotros tenemos nuestra primera oportunidad real.

Del Bosque dice que van a jugar los mejores… por lo que todo apunta por que repetirá, con Torres en el once. Si finalmente hay sorpresa, sería Silva o Cesc el que entrase. Pero a un 99% de posibilidades, jugará Fernando Torres. Y seguro que a más de un alemán le da un poco de canguelo el tema, recordando el pasado.

En fin, quedan horas… para ser recordados toda la eternidad.

——————————————————————————————————————

Semifinales: Uruguay 2 (Forlán y Maxi Pereira) Holanda 3 (Van Bronckhorst, Sneijder y Robben)

No fue un gran partido. Pero más que suficiente para estar tensionados hasta el último balón colgado por los uruguayos. Es lo que tiene un Mundial. Al final, cada minuto se sorbe y se valora como si fuera el último. Son partidos únicos y tardaremos cuatro años en volver a verlos…

El partido tuvo un gol inolvidable: el de Gio Van Bronckhorst desde 35 metros. Zurdazo descomunal a la escuadra. Impresionante. El gol del Mundial, salvo que alguien diga lo contrario. De lo mejor en lo que a disparos desde fuera del área se refiere. Varios acercamientos holandeses y poco más. Forlán empató en el 40 con un zurdazo que quizás se topó con un portero algo torpe. Tremendo el campeonato del jugador del Atlético.

El descanso dejaba un empate a 1 y el suspense por compañero. Y es que Holanda tiene puntos de gran equipo, pero otros (los más) de conjunto poco ambicioso y aparentemente menos fuerte de lo que pudiera aparentar el hecho de haber ganado todos los partidos del Mundial (6 de 6).

20 minutillos de toma y daca y de repente 7 minutos de arreón gigantesco. Robben falla bajo palos, Sneijder que ya la toca, Van Persie que hace algo bien y gol de Sneijder (posible fuera de juego de Van Persie) en un golpeo desde la frontal que volvió a pegar en un defensa celeste. Acto seguido, centro de Kuyt y Robben percute inmisericordemente contra la red su cabezazo. Todo parecía acabado. Pero una orgullosa selección uruguaya (¡vaya Mundial se han marcado!) marcó en el descuento el 2-3 y achuchó hasta el final. Holanda mereció la final, pero no sé hasta qué punto merece ser campeona. Ya habrá tiempo para ver eso.

Uruguay cae con honor y ha vuelto a jugar unas semifinales 40 años después. Holanda después de las finales del 74 y del 78 y la victoria en la Eurocopa del 88 vuelve a sentirse en el meollo del asunto. Después de la maravillosa Naranja Mecánica y del equipo de Gullit, Van Basten y Rijkaard, parece que Sneijder y Robben llevan la batuta. Enhorabuena para los tulipanes. Y para los uruguayos, por descontado.

——————————————————————————————————————

En un momento dado de El halcón maltés, un policía le pregunta a Sam Spade (Bogart) acerca de la composición de la estatuilla. Bogart mira y le contesta: «Del material con que se forjan los sueños».

Amén.

Jornada inolvidable

Llegaban los cuartos de final. Todo o nada. Holanda-Brasil y Uruguay-Ghana. Campeones del mundo contra aspirantes y revelación africana. Pocas cosas más emotivas que vivir un Mundial en su fase de cruces.

Cuartos de Final: Holanda 2 (Melo (p.meta) y Sneijder) Brasil 1 (Robinho)

Son pocos los hechos que después de sorprender siguen siendo sorprendentes. Suelen, estas sorpresas, quedar reducidas a simples realidades asumidas. Pero en el fútbol es diferente. Y lo que se ha visto hoy en Johannesburgo no se nos olvidará nunca. Y siempre lo tendremos en el baúl de las sorpresas inolvidables. El partido ha sido el ejemplo tan manido de que nunca se puede dar por muerto a nadie, que un encuentro cambia en una décima de segundo, que hasta el rabo todo es toro y todas esas cosas… Brasil, la gran favorita se va para casa sin pisar las semifinales. Holanda, con una sensación agridulce se mete en semis y se venga de las eliminaciones de los años 90.

Brasil jugó un primer tiempo exactamente como había pensado su entrenador. Dunga es perro viejo. Amante del fútbol control. Poco dado a la imaginación. Sobre todo en el centro del campo. Su teoría de que sólo pueden perder balones los de arriba se contrarresta con la rigidez y la ausencia de fisuras en sus sistema defensivo, donde emplea como mínimo 7 jugadores por partido. La realidad es que así ha ganado títulos. Pero está en la calle. Porque un Mundial te exige más. Los primeros 45 minutos fueron de Brasil, como digo. Un gol anulado y un tanto de Robinho en un error infantil de la zaga holandesa hacían presagiar un choque cómodo para los sudamericanos. Y así se sentían los propios futbolistas. Robinho aparecía en su mejor versión, Kaká poco pero útilmente, Luis Fabiano trabajaba en abrir huecos. Y atrás ni un solo apuro. Sólo quedaba esperar a cerrar el partido. La primera parte de Holanda fue para desterrarla de por vida. Desastrosa. Sin profundidad, sin juego, sin Robben, sin Van Persie (como casi siempre), sin Kuyt (pido públicamente la lapidación de ese pseudocomentarista llamado Carlos Martínez; cada vez que lo llama ‘kaut’ mi tensión se elevaba hasta el punto de que creo que he perdido varias semanas de vida) y sin Sneijder, todo parecía condenado a decidirse en la segunda mitad.

La segunda parte comenzó igual. Nada parecía cambiar. Hasta que la sorpresa se hizo presente en Sudáfrica. Centro con la izquierda de Sneijder, sin ningún peligro aparente, cafrada de la defensa brasileña y especialmente de Julio César y el balón que entra sin remedio en la portería. De locos. Holanda sin nada, sin una sola ocasión veía se metía en el partido. Brasil no tenía esto introducido en el chip de Dunga y no supo reaccionar. Tremendamente llamativa la impotencia brasileña. No supieron volver a jugar como antes. Parecía como si el error no formara parte de su credo. Se bloquearon. Desaparecieron. Y un detalle que habla de lo que es un equipo campeón: Holanda se lo creyó. En un córner, Sneijder remató de cabeza (metáfora perfecta para definir la caraja brasileña_ un tío de 1’70 remata en el centro del área pequeña, de cabeza, entre todos los mastodontes de Brasil) y puso el 2-1. La sorpresa tenía forma definida. No había dudas. Holanda estaba cerca. Y parecía poco probable que si Brasil no pudo hacer frente al imprevisto del empate, lo hiciera con la derrota momentánea.

Fue en esos minutos cuando aparecieron los jugadores más talentosos de Holanda: Robben y Sneijder. Robben desquició a Bastos, que le cosió a patadas, pero que al final tuvo que ser sustituido, porque si no iba a ser expulsado. Entonces apareció el camorrista de turno, ese engendro despreciable que desplegó su arte mortuorio en el Rácing y que con una calidad indigna para jugar en la Juventus ha acabado en el centro del campo nada menos que de la selección brasileña (error indisimulable de Dunga): Felipe Melo. Tuvo que ser sustituido en la primera fase un día que ya perdía los papeles y hoy ha hecho el mayor de los ridículos. El sinvergüenza Felipe Malo dio dos patadas a Robben hasta que cayó al suelo, entonces lo remató con una plantillazo cobarde y propio de un descerebrado portero de discoteca. El agresor fue expulsado convenientemente. Y si el próximo seleccionador brasileño (adiós, Dunga) tuviera el coeficiente intelectual de un simple chimpancé no volvería a convocar a este criminal con pintas. Este tipo de jugadores denigran un campeonato tan importante como es el Mundial. No vuelvas nunca, pendenciero de barrio. A tu casa. Que este tío lleve el 5 de Brasil define por qué no debían ganar la Copa del Mundo.

Holanda debió sentenciar en varias ocasiones (la del final con 3 tíos contra nadie es cómica). Brasil pudo incluso empatar en un córner y en una ocasión de Kaká. La realidad es que los últimos 35 minutos del partido fueron lo mejor de este Mundial. Todo podía suceder. Precioso. Memorable.

Holanda está en semifinales. Pero que no se confundan. No me ha parecido un equipo bueno hasta el milagroso empate a 1. Parece «menos» rival que otros, pero habrá que ver. Desde luego, esto en un subidón para ellos. La única vez que vencieron a Brasil se metieron en la final del Mundial. Aspiran a lo mismo. Adiós Brasil. Holanda tiene ante sí una oportunidad única.

Cuartos de Final: Uruguay 1 (Forlán) Ghana 1 (Muntari) (4-2 en Penaltis)

Superar lo ocurrido en el primer partido de Cuartos parecía imposible. Pero, verdaderamente lo del último minuto de la prórroga de este partido es para recordar. Pero, por partes. Uruguay salió responsabilizada al campo, con verdadera intensidad. Acorraló durante la primera media hora a los africanos, que parecían superados por el envite al que se medían. Pero enseguida dos ocasiones de Muntari y Gyan volvieron a dar empuje a Ghana. Una tijera de Boateng pudo ser el gol del encuentro.

De repente, todo cambió. Y volvió a cambiar. Parecían condenados a ir de la mano hasta el final. El miedo al precipicio del éxito y al abismo de la derrota. Muntari marcó en el 46 y Forlán lo hizo en el 54. Lanzamientos lejanos. Quizás reprochables a los guardametas. Algunos dirían que hablamos de golazos. La realidad es que desde ahí hasta el minuto 120 (o sea una hora larga por delante) aunque prevaleció el respeto y el preservar, Ghana mereció llevarse el triunfo si hablamos globalmente. Enormes físicamente tuvieron las ocasiones más claras. Pero fallaron, su principal problema a lo largo del campeonato. Se iban a los penalis… Pero en el 121, el destino tenía guardado uno de esos finales que pasarán a la historia de los mundiales. La sorpresa, que decíamos antes. Brutal.

Cabezazo a bocajarro, Muslera batido y Luis Suárez se erige en protagonista otra vez (como en octavos, pero al revés). Salva con los pies un primer remate africano y acto seguido con las manos lo que era la clasificación de Ghana. Penalti. El del Ajax espulsado. Se va llorando. No mira atrás. Parecía la mitología y Orfeo con Eurídice. Pero no. Miró atrás. Justo para ver a Gyan lanzar el penalti al larguero. El momento más importante de su vida se estrelló con la madera uruguaya. De las semis a la incertidumbre sin pasar por taquilla. Terrible.

Los penatis comenzaban con un vencedor moral. Uruguay sabía que se había salvado en el último milímetro. Y no podía fallar. A Ghana le temblaban las piernas. Aún así, tras marcar Forlán el 1-0, Gyan demostró lo que significa la palabra valentía en fútbol. Demostró lo que es un profesional de verdad. La antítesis de lo que es Felipe Melo. Lanzó el penalti y el balón entro limpiamente en la escuadra. Impecable. Imagino que en ese instante, tuvo más ganas que nunca de derrumbarse. «Si lo hubiera metido antes». Ghana notó la falta de experiencia e incluso, la falta de conocimiento futbolístico global. El «Loco» Abreu (¿Quién no recuerda aquella jugada de hace 15 años en que falla un gol increíble y todos se ríen de él?), que ya pasó por Deportivo y Real Sociedad entre otros tuvo la oportunidad de congraciarse con todo el mundo del fútbol. Marcó el último penalti. Y todo el mundo ya intuía que lo iba a hacer a lo Panenka. Todos lo sabían. Menos Kingson, el cancerbero de Ghana. Suárez, Muslera y Abreu. Héroes por un día.

Quien pudo pensar que Suárez recordaría negativamente su expulsión toda su vida… se equivocaba. Probablemente haya sido el día más feliz de su existencia. Y fue expulsado. Sus compañeros le sacaron a hombros. Enhorabuena Uruguay. Su éxito es incuestionable. Están en semifinales. Y con serias posibilidades ante Holanda. Impresionante.

Terminados los dos primeros partidos de cuartos, el resultado es satisfactorio para los amantes del fútbol y de las emociones fuertes. Enhorabuena a los semifinalistas. Y también a los que cayeron, por la forma en que lo hicieron. Lo inesperado se instaló en estos partidos. Se confirma el Mundial como el acontecimiento por excelencia. Maravilloso.

Y lo que sigue… Argentina-Alemania y Paraguay-España. De locos. Del partido entre el bocazas de Maradona y la Alemania de Ozil, poco que decir… partidazo, sin duda. Del nuestro… que nos va a costar tinta china, pero que tenemos que lograrlo. Estamos a un partido de hacer historia. Nunca hemos llegado a las semifinales… y se dice pronto. Ahora o nunca. Está claro que hoy puede ser un gran día. Lo mejor para coger fuerzas… fijarse en Nadal. Ese embajador español por el mundo se ha metido en su cuarta final de Wimbledon tras vapulear a Murray. El domingo contra Berdych. Ojalá sea un fin de semana inolvidable.

Antecedentes

No viene mal un poquito de relax. Un par de días sin fútbol sirven para fijar, limpiar y dar esplendor. Descansar, vaya.

Empezaron 32 y ya sólo quedan 8.

4 enfrentamientos: Uruguay – Ghana; Holanda – Brasil; Argentina – Alemania y Paraguay – España.

Más allá de hablar de los equipos y de cómo llegan y de las posibilidades de cada uno, es interesante ver qué pasó entre ellos hace años.

Uruguay y Ghana se van a medir por primera vez en su historia. Y justo en el partido más importante que hasta ahora hayan jugado todos los jugadores. Cualquiera puede ganar.

Pero, por ejemplo, si hablamos del Holanda Brasil, hay 3 recuerdos muy claros: el baño holandés en el 74 en un partido violentísimo, el 3-2 de EEUU y los penaltis del Mundial de Francia. En esta ocasión, Brasil parece algo más favorita por la dureza de su juego y lo compacto que parece, pero ojito con Holanda, cuya mejor baza parece ser que todavía no ha dado su mejor cara.

Tampoco nos quedamos atrás en el Argentina-Alemania. Además, partidos trascendentales por definición. Sin ir más lejos, en el pasado campeonato de Alemania, se encontraron también en esta ronda: Alemania pasó por penaltis. Pero no olvidemos que estos equipos han jugado dos finales de mundial…¡ y consecutivas! La del 3-2 de México y el 1-0 en Italia. Partido incierto, éste. Parece más equipo Alemania, pero no hay mejores delanteros que los argentinos. Interesantísimo.

Del España-Paraguay, todos nos acordamos de aquel desastre de Javier Miguel Clemente Barra en Francia 98 donde no pudimos ni marcar un gol al provocador Chilavert. En 2002 al menos nos vengamos y les derrotamos 3-1 con doblete de Morientes. Somos favoritos, bastante mejor equipo y no podemos dejar lugar a las dudas.

En fin… todo por delante.