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Archive for 30 octubre 2010

Pub nº49: O’Daly Irish Pub

by Asstomouth

Hay magia en el número 49. Son muchas las coincidencias curiosas que se pueden establecer en relación con este guarismo; 49 son el número de cuerdas en un harpa, en el mundo del deporte los San Francisco 49ers es uno de los más míticos equipos de fútbol americano y si nos ponemos transcendentales, fueron 49 los días de meditación que necesitó Sidharta para llegar a la iluminación. Para los integrantes de Bebedores Magazine el 49 también es un número cargado de simbolismo, pues nos sitúa en los albores del epílogo de una aventura iniciada hace ya casi un año, en la que nos propusimos visitar y disfrutar 50 pubs irlandeses en Madrid capital, elaborando a su vez nuestra experiencia, la evaluación, la crítica o el elogio que cada uno de estos templos del beber nos inspirase.

En esta ocasión, el azar nos llevó al sureste de la capital, en particular a la zona de Méndez Álvaro, más concretamente a la calle Eros, cuyo evocador nombre hacía presagiar una noche cargada de placeres.
Alrededor de las 21:30 de la noche 5 de los más habituales bebedores nos situamos ante la fachada del Pub O’Daly. La primera impresión fue de sorpresa ante el tono berenjena de la fachada, alguien comentó que recordaba más a la fachada de un restaurante chino que a un pub irlandés. En la puerta del local se encontraban varias motos tipo custom de alta cilindrada y abundaban los clientes ataviados con estética motera. Más tarde constatamos que el pub estaba siendo sede de una fiesta de amantes de las dos ruedas aquella misma noche.

Una vez dentro del pub nos encontramos un local amplio con una original forma semicircular. Esta particular distribución propicia que alguien situado en un extremo de la sala no alcance a divisar el extremo opuesto debido a lo curvado de la estancia. Lo que sí que no se pierde de vista en ningún momento es la barra, una gran barra semicircular que es sin duda la protagonista indiscutible del O’Daly.

Asentamos nuestras posaderas en una mesa de uno de los rincones del Pub. El O’Daly destaca por contar con abundancia de mesas, sillas, taburetes y zonas orientadas a la reunión y a la conversación, dentro de la apariencia poco refinada del establecimiento hay que resaltar que cuenta con una librería que ocupa buena parte de uno de los fondos de las esquinas. Observamos con curiosidad y con asombro como alguno de los títulos con los que cuenta la librería son auténticos incunables, ediciones antiquísimas (vimos una edición del año 1956) de títulos harto desconocidos.

Como señalaba con anterioridad, la decoración del O’Daly no es exquisita, se trata de un bar que roza sin alcanzarlo el adjetivo vulgar en su decoración, hay escasos ejemplos de esa “irlandidad decorativa” tan apreciada por los integrantes de Bebedores Magazine, sin embargo es muy loable en el caso de O’Daly, el hecho de cumplir con la premisa que deberían cumplir todos los pubs irlandeses y esta es la hospitalidad. El ambiente era agradable y acogedor, la selección musical era sublime, encadenando himnos mundialmente conocidos de U2 con clásicos de los Rolling Stones, salpicados de inquietantes y fascinantes temas de The Doors, sólo criticaría que el sonido no era impecable y retumbaba un poco, se notaba que algunos de los bafles no estaban operativos.

Los ya clásicos Rodríguez, Espáriz, Barra, Pascual y Ortigoza disfrutamos de hasta tres pintas en el O’Daly, fueron pintas diligentemente servidas y acompañadas por generosas y exquisitas tapas de huevos estrellados con patatas, habas con jamón y de morcilla de arroz. En este sentido, y aunque las tapas sean un detalle nada irlandés, hay que ponerle una muy buena nota al trato del O’Daly. Mención especial al hecho de lo notablemente bien servidas que estaban las dos pintas de Guinness que un servidor eligió degustar.

Cómo no podía ser de otra manera el 49 fue un pub con un ineludible carácter nostálgico, pero ello no impidió que echáramos la vista 15 días en el futuro y que evocáramos durante unos minutos el viaje que coronará esta singladura irlandesa. Efectivamente el 12 de noviembre los bebedores Barra, Espáriz, Ortigoza y Pascual se desplazarán a la mágica Dublín para hacer su particular ruta de bebedores a orillas del Liffey. Huelga decir que será un fin de semana inolvidable en el que paradójicamente corremos el serio riesgo de no recordar nada habida cuenta de la brutal ingestión de pintas de la que vamos a hacer gala. Previendo esta circunstancia los “reporteros” de Bebedores Magazine marcharán a la capital de la Isla Esmeralda armados con sus cámaras para atestiguar gráficamente nuestra presencia en la capital de nuestros corazones bebedores. Un post muy especial será publicado con ocasión de este viaje.

La nostalgia tomó protagonismo cuando ayudados por una servilleta, empezamos a escribir en orden, uno a uno, cada uno de los 48 pubs que habían precedido al O’Daly. No fue tarea fácil, pero finalmente lo conseguimos. Tantos conocimientos, tantas experiencias y tanto disfrute derivaron en unos interrogantes que rondan las cabezas de los integrantes de Bebedores Magazine desde hace tiempo. ¿A dónde nos va a llevar esta pasión? ¿Tal vez tendríamos que hacer de esto nuestro medio de vida..? Las ideas y los sueños fluyeron a la par que apurábamos la última pinta de la noche…

O’Daly toma su nombre del vocablo gaélico O Dalaigh, de la palabra dalach, que a su vez proviene de dail, que significa asamblea. Podemos asegurar que el pub O’Daly es un agradable lugar de encuentro y diversión donde uno se puede sentir muy a gusto en compañía de amigos, tras una larga jornada laboral con compañeros de trabajo, o viendo un partido de fútbol en cualquiera de las grandes pantallas distribuidas por el local. En su contra podemos aducir que el precio de las consumiciones no es módico, (4,10 Pinta Rubia – 5,30 Guinness) pero habida cuenta de la excelente calidad y cantidad de las tapas que se sirven con la consumición sería injusto tachar al O’Daly de excesivamente caro. Todo esto, sumado a la buena música, la atención más que correcta de los camareros y a la nutrida presencia de público, hacen del O’Daly una acertada elección para una noche irlandesa en la zona sur de Madrid.

Para los integrantes de Bebedores el O’Daly siempre será además el penúltimo paso antes de la meta y quién sabe si el génesis de un éxito sin precedentes.

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Pub nº48: Quinn’s Irish Pub

by Vicente Rojo

Reconozco que una de las deudas de esta humilde publicación con los aficionados a la buena bebida (esa que va acompañada por buena conversación o una buena jamba, o ambas a la vez) es el sur de Madrid. Nosotros, humildes seres, vivimos en el norte, en la plácida villa de San Sebastián de los Reyes. Por tanto, todo lo que baje de la glorieta de Pirámides nos parece el culo del mundo. Pero, tan cerca como estamos del anhelado pub número 50, había que pagar esa deuda. Por ello, una noche de jueves, y presionados por el quehacer diario y los jefes cuyas madres trabajan como rameras, cogimos el utilitario del señor Ortigoza y nos plantamos en el barrio de Aluche, distrito de Carabanchel.

Siempre me ha gustado Carabanchel y sus lugares eternos donde, aunque hayan pasado años desde la última vez que los visitaste, cada vez que la fortuna te hace volver te los encuentras igual que siempre, como lo recordabas, atemporales, mágicos. El barrio, por otra parte, ha cambiado mucho. Ahora se ven, como el señor Espáriz apuntaba, muchos comercios para extranjeros, y de hecho la población procede, en un porcentaje muy alto, de otras culturas y profesan otras religiones. Nos puede parecer bien o mal (si te parece mal, eres un facha), pero es la nueva realidad, y hay que adaptarse a ella. En todo caso, aunque las cosas cambien, siempre hay un pub irlandés cerca, y eso es lo importante.

El Quinn’s es un pub muy grande. De hecho, es pub irlandés, sin duda, pero también discoteca y Karaoke. Tiene tres plantas, de las cuales sólo estaba abierta una. Dos pantallas grandes para acontecimientos deportivos. La decoración es interesante, con detalles francamente bonitos, y con acertada iluminación. Nada más entrar y acercarnos a la barra nuestra sorpresa fue mayúscula por lo que había al otro lado de ella. Lo voy a explicar de dos formas para los diferentes públicos que puedan leernos, y no diré que tipo de públicos para no meterme en fregaos. La primera forma es que había una cachonda rubia con unas perolas espectaculares. La segunda forma es que había una dama interesante de grandes senos. El caso es que parecía rusa o de por ahí. Ella y su amiga, y otras dos que entraron… en fin, que el ambiente era más que aceptable. Por lo que cuentan los compañeros que bebieron Guiness, las pintas no estaban bien tiradas, pero vamos, que la camarera, como ya he indicado, irlandesa de Cork no era.

El punto negativo más notorio se encuentra en que, siendo un pub grande, con un amplio espacio central, no había ni una mesa. Tuvimos que tomarnos nuestras dos pintas de pie. Y la cosa daba un efecto de no-irlandidad. Parecía más una discoteca en horas tempranas, cuando hay cuatro mataos alrededor de mogollón de espacio desocupado destinado al bailoteo y arrimamiento de cebolleta .Había una cabina de DJ y todo.

En resumidas cuentas, se nota que el Quinn’s es un pub interesante, con mucho ambiente y diversión a raudales. Pero es tan polifacético que su parte irlandesa queda un poco empañada. Quiere ser todo, pero aquí estamos para medir irlandidad. Y en esa seguimos hasta que dentro de 2 semanas partamos a la matriz de todo esto

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Despotismo ilustrado

Justamente acabo de pedir un libro de Pérez Reverte (el de artículos de 2005 a 2009) titulado Cuando éramos honrados mercenarios para leerlo y con total seguridad, disfrutar. Porque la realidad es que el tío escribe muy bien, es mordaz, sarcástico, irónico y ácido. Todo en uno.

Hace ya meses que venimos hablando de que el creador de Alatriste tiene Twitter y que contesta a sus seguidores y sobre todo que es alguien muy activo. Se ve que le gusta estar en contacto con la gente y sobre todo necesita que se sepa lo que piensa. Quizás por ahí esté el error. Esa adjudicación propia de faro o guía del pueblo a veces puede jugar una mala pasada.

Obviamente partimos de la base de que cada uno dice o escribe lo que quiera y al otro lado del mensaje hace de receptor quien esté dispuesto. Pero aún así, e incluso suponiendo que Pérez Reverte se dirija a una masa de personas mayoritariamente próximas a sus pensamientos y elucubraciones no parece elegante dejar perlas como las que ayer twitteó sobre Moratinos.

Estoy a «mil jodidas millas» (inolvidable Pulp) de proferir una frase loando a Moratinos, pero de ahí a decir que «Ni para irse tuvo huevos» o «Se fue como un perfecto mierda» dista un abismo. Insisto, especialmente, teniendo en cuenta que lo dice alguien que es consciente de que va a tener repercusión notable.

Ya conocemos a Pérez Reverte, un escritor interesante, articulista fantástico (del que ya hemos hecho mención aquí) y conocedor profundo de la Historia de España y más allá, pero ese punto de provocador prepotente y soberbio puede acabar por convertir una perfecta y deliciosa sátira en una cutre astracanada.

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El chiste sin final

Pues nada, tenemos nueva pirueta. Vamos a seguir con la diversión. Total, no cuesta nada.

Yo tenía claro y, desde luego, no había lugar apenas a la discusión cuando decía que la segunda legislatura de José Mari fue la peor de toda la democracia. Es que ni el PSOE del Gal y del caso Filesa. Ni cuando Juan Guerra o Roldán. José Mari nos había sumido en el mayor enfrentamiento interno desde el 75. Pues yo no sé si con Epo, transfusión o con ayuda divina, el inefable Zapatero ha superado el récord. Tenemos ganador.

Resulta que a poco más de un año de terminar su participación en la vida política española, deja de nuevo su firma. Yo creo que de este tío se hablará dentro de décadas y décadas. Tal vez no tenga la habilidad oratoria tan alabada en Castelar o en Azaña, tal vez no sea especialmente bueno con las predicciones, pero creo que nadie cuenta mejor los chistes que él. Yo creo que hay que dejar de utilizar la rima fácil del «Zapatero, embustero» o «Zapatero, trilero». Mejor «Zapatero, fiestero». Lo suyo sólo se explica con el botellón de por medio.

Veamos: aquí el artista pone todos sus huevos en la cesta de Rubalcaba. Días después, además, de asegurar que no habría cambios. Al menos confirmamos que cuando uno está en el precipio intenta buscar cualquier opción para salvarse… aunque sea la última. Por eso no le criticaremos. Quién sabe, quizás con Alfredo saquemos un poco el cuello. Mi opinión personal es que es de los pocos (pese a que siempre se le recuerde como el portavoz de los Gal) que todavía sabe un poco de qué va esto. Vicepresidente primero, ministro del Interior y portavoz. Me pregunto yo que por qué no le ponen a dirigir el país. Creo que todo el mundo votaría por ese cambio ya. Una cosa… sigo pensando que no se presenta a 2012. Intuyo que él no querría. Sigo pensando en súper Chacón. Desaparece la Vice, aunque se va al Consejo de Estado con toda seguridad. A mí nunca me convenció (lo sé, es personal). Me pareció siempre más ruido que nueces.

Más: Valeriano Gómez, que ya fue secretario general de Trabajo con el gran Caldera (¿no se acuerdan del tío que inventó la posibilidad de que se dieran «los papeles» enseñando el simple abono de transporte?) asciende a ministro dejando a Corbacho en Cataluña. Sinceramente, poco podrá hacer. Está atado por unas circunstancias trágicamente gestionadas desde la presidencia.

Clásicos: la Trini, pierde, pierde y vuelve a perder, pero tiene buena prensa por lo que se le sigue manteniendo en nómina ministerial, aunque con la cartera diferente. ¿Y Moratinos qué piensa? De eso poco, más bien llora. Marcelino Iglesias, por su parte, secretario de organización y Rosa Aguilar (sex simbol del Míkel desde hace décadas) al de Medio ambiente, rural y no sé que gaitas más. Finalmente, Jauregui, ministro de la Presidencia (con la de putadas que le hicieron a este tío, ahora le recuperan).

El estoque: esa analfabeta con sonrisa de hiena, embeleco permanente, hija de corrupta y anagrama de la descomposición más sangrante del país, o sea, Pajín, ya es ministra. Con 34 años, flamante ministra de Sanidad. Entre la sanidad de Espe a nivel comunitario y ahora este gozque ladrando, voy a empezar a plantearme si pagar la seguridad social. Va a dar igual. Como se me infecte la uña de un pie, me voy a morir. La animadversión que siento hacia esta cara de vulpeja, como alguien la llamó una vez, es indisimulable y probablemente inacabable. Aquí la socióloga, paradigma de los graves defectos de gran parte de la juventud: vagancia, incultura, ignorancia y aprovechamiento, pasa a primera línea de fuego. Zapatero ha rizado el rizo. ¿Qué digo? Ha tirabuzoneado el tirabuzón. Nos hundimos.

La risión: desaparecen Vivienda e Igualdad. ¿Y qué quieren que yo les diga? Bibi seguirá dando guerra, no se crean. Porque alguien tiene que seguir explicando con palabras (del género femenino a poder ser) que un feto de 13 semanas no es en ningún caso un ser humano (será que ese feto procede del caballo o del chimpancé), que hay culturas inferiorizadas (sí, sí, sigan buscando, que yo no encuentro el palabro en ningún diccionario —o diccionaria, perdón—) y que, sobre todo, a cada miembro le corresponden siete miembras, según la tradición clásica del apareamiento. Bibi nos deja con el condón puesto y sin casa, porque esa parte corría (del verbo correr) a cargo de la Sra. Corredor (de Beatriz) después de sustituir a la inolvidable ApreTrujillo y sus soluciones habitacionales en forma de armario empotrado.

Conclusión: lo que el donoso ZP debería haber hecho hace años, esto es, confiar en la gente experimentada, con conceptos claros y suficientemente estable como para no hacer el ridículo permanentemente, lo hace ahora e intenta arreglarlo todo a menos de año y medio para las elecciones que le desplazarán inevitablemente de la política española. Rubalcaba será su última carta.

Sinceramente pienso que da igual. Tiene todo perdido. El de la economía de la Champions League, el pleno empleo o la alianza estratégica con Marruecos sigue utilizando subordinadas en vez de acabar la frase. Este tío se irá dejando nuestro futuro hecho mierda. Si gana Rajoy, malo. Si gana Rubalcaba, Chacón, Bibi, Pajón (creo que se ha ganado el derecho a quitarle el diminutivo) o Alfonso Guerra, peor.

El desenlace puede que esté próximo, no lo sé. Mientras tanto la chirigota de Moncloa sigue sonando. Empiezo a pensar que sería mejor si nos compran los chinos.

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El espíritu de Voltaire

Mi prima (esa que tan bien conoce el cerdo canario que no es capaz de pasar unas horas para ver a sus amigos en sus 8 días en la península: vergonzante) tiene la teoría de que en Francia la gente es dègueulasse, palabra muy utilizada en territorio galo y que aquí podríamos traducir por «asquerosa» o algo así. Pero allí lo utilizan de manera mucho más cotidiana, con mucha mayor cobertura de situaciones. No sé, aquí por ejemplo utilizamos mucho el «lamentable»… pues algo así.

El caso es que ella dice que la gente es desagradable, generalmente borde y descortés y que cuando ha estado en España ha notado justo lo contrario: que la han tratado bien, la mayoría de las veces con una sonrisa y tiene la perenne certeza de que aquí la gente es más feliz y punto. Quizás ni tanto ni tan calvo. Ni una ni otra.

Cualquiera que haya estado en Francia, especialmente en París, habrá notado que efectivamente hay una serie de especímenes deplorables: distantes, groseros y lindando un punto peligroso de mala educación. ¿El chovinismo ese tan cacareado que en momentos de baja estampa se vuelve en tu contra? Tal vez.

Países vecinos y sin embargo tan distantes. Hasta hace poco nos veían como nosotros vemos a veces a Portugal. Como ese hermano pequeño al que te crees con derecho a manejar sin mucha dificultad. Es cierto que ha cambiado algo la opinión, aunque el gran estratega Zapatero y la economía de la Champions League que tenemos nos haya dejado mal por todo el planeta.

Uno con todo este tipo de cosas se siente orgulloso. España en lo alto del mundo en multitud de aspectos, tan envidiado por ciertas cosas (por Fabras, Camps y demás basura no, claro) y por la vida que a priori nos adjudican (más allá de los toros, el flamenco y la paella). Pues sí.

Y sin embargo, uno ve como un país como Francia, compuesto por más de un engreído, más de dos prepotentes y más de tres agraces personajes te enseña cómo se protesta cuando crees que están pisoteando tus derechos y debes luchar por demostrar que el poder es del pueblo, para el pueblo y dirigido por ejecutivos (pobre Sarkozy) a los que vota y veta el pueblo. Huelga y protestas, intuyo que en algún caso excesivamente salvaje, pero permítanme la opinión, con un punto emotivo que ya nos gustaría aquí tener. Quizás con el tiempo.

Aunque también se entiende cuando uno revisa los libros de Historia. Mientras ellos oponían la Marsellesa al nazismo, nosotros nos matábamos los unos a los otros. Mientras ellos crearon el espíritu de Mayo del 68, los nuestros sólo podían correr delante de los grises. Ellos «inventaron» la Revolución.

Aplausos.

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Pub nº47: Irish Star Pub

Pensaba en números. En el 47 para ser exactos. Este es el pub irlandés 47 que visitamos. Proeza dirían algunos. Estulticia, otros. Disfrute, nosotros.

Pensaba en que dentro de poco hará 47 años que mataron a Kennedy. El tipo aquel que un día dijo que «si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas». Y claro, ¿se les ocurre un lugar más apto para ellas que un pub irlandés? Las cosas cambian, mutan al compás que marca la cerveza deslizándose por el gaznate hasta llegar al núcleo de la fruición, dejando atrás las hablillas. Uno disfruta en un pub porque sea cual sea su situación, el prisma cambiará.

Irish Star Pub desprende ese aire novel imposible de obviar. El compañero Atticus apuntó un dato significativo: hace poco este lugar era un Museo de la Cerveza. Ahora pretende ser un pub irlandés.

Cumple ciertos de los mandamientos esenciales como se ve en varias enormes menciones a Guinness o en la librería típicamente irlandesa repleta de libros que sí se pueden ojear (no como hemos visto en otros sitios), de ediciones de los años 50 que llaman la atención al que se fija. Pero, por lo general, hemos de decir que hay varias deficiencias. La irreemplazable madera autóctona se dispersa entre bloques de piedra y las paredes brillan, pero por la ausencia de parafernalia habitual.

Además, el escenario previsto para monólogos o conciertos (no parece que vayan a ser de música celta) le da un toque que poco a poco se aleja cada vez más de la Emerald Island. De hecho, la música que, por defecto, se puede escuchar en el local deja bastante que desear.

A modo de curiosidad merece la pena apuntar que los barriles no están justo debajo de la barra, sino que los deben de tener en el sótano y mediante un conducto bastante largo y una presión adecuada sirven la cerveza de manera más que potente. Uno ve su cerveza rubia en ebullición durante varios minutos; llamativo por lo extraño. Las negras, aparentemente algo líquidas no despertaron en sus degustadores epítetos grandilocuentes. El precio, el imaginado: 5€ la negra y 3’5€ la rubia.

Allí fuimos todos los indeseables habituales con nuestras cuitas de siempre. Por una vez, el documento gráfico aportado por el Sr. Rodríguez no fue tan excelso como de costumbre, intuyo que por la impericia del improvisado fotógrafo.

Sin más y tras dos simples pintas (noche presidida por una intachable moderación) decidimos salir y regresar. Sin olvidar que cada vez tenemos más cerca nuestra particular Irish Star.

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Pub nº46: Taberna Elisa

by Mariano de Oz

En el Madrid de 1989, cuando todavía ni se imaginaba el actual circuito de pubs irlandeses, algunos grupos de los que por aquel entonces se dedicaban a la música celta encontraron en la Taberna Elisa el local que, con el tiempo, se convertiría en el de mayor solera de los que acogen actuaciones de música tradicional. Por ello, si de lo que se trata es de escuchar a grupos parecidos a los SolFaMiDas o a Lurling Lumpkin, muy del gusto de algún bebedor, no se ha de buscar en esta magnífica taberna, la cual, hasta la fecha, puede ser fácilmente catalogada como aquella con la mejor música irlandesa de toda nuestra gira.

El bar es coqueto y acogedor. Algo estrecho, pero con varias salas dispuestas a lo largo del local y con azulejos en algunas de sus paredes, lo que no resta ni un ápice de irlandidad, por mucho que alguno se empeñe. La barra se extiende a lo largo de la taberna, ocupando hasta un par de las antedichas salas. En ella se puede retar a jugar al ajedrez al mesero, aunque desconocemos si su nivel es karpoviano o mikelino.

Decorada con montones de carteles antiguos, botellas y botes de cerveza traídos desde todos los rincones del planeta, recuerda a aquellos pubs irlandeses en los que se amontonan los recuerdos unos encima de otros y que nos trasladan a épocas anteriores.

Esta taberna, dado que se puede considerar como el arquetipo de local que depende mucho de los camareros y su sabiduría a la hora de regentarlo, no tiene de qué preocuparse en absoluto, ya que el trato, mucho más que correcto, y unas pintas excepcionalmente tiradas, incluido el dibujo correspondiente en la espuma de la Guinness, hablan del buen hacer del mesero. Y es que la Guinness y esta taberna tienen una relación de años y años, pues fue en ella donde se instaló el primer grifo de esta cerveza de todo Madrid. Y ahí estuvimos BebedoresMagazine dando buena cuenta de varias pintas de este brebaje centenario a un precio más que razonable: 4,5€, teniendo en cuenta además, que el establecimiento está situado en una de las más típicas y castizas zonas de marcha madrileña.

En cuanto a los asistentes, cinco fueron los bebedores que acudieron a la cita, entre ellos el pater Txutxi, del que esperamos retome sus apariciones, manteniéndose conversaciones tabernarias de todo tipo, dejando en esta ocasión el vocabulario del siglo X en la puerta. La conclusión final, a la que la mayoría de los bebedores llegó, es que este bar es un excelente representante del concepto de pub irlandés en Madrid.

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