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Urtain

Hacía ya unas fechas que no iba al teatro. Sin embargo, la deuda ha quedado saldada.

En Alcobendas he asistido con Mentxu a la representación de la obra estrella de la temporada y que casi con total seguridad va a arrasar en los premios Max de teatro: Urtain.

Aciertazo. Y todo mérito de Molly, como casi siempre. El montaje es espectacular y la historia, real y cercana, conmueve por la crudeza y la pasión.

Tal vez, no haya mucha gente que responsa sí cuando se le pregunta si conoce la figura de José Manuel Ibar Azpiazu. Quizás al decir Urtain ya cambie.

Boxeador de Cestona (Guipúzcoa), se inicia en el boxeo cuando promotores y empresarios ven en él una opción de ganar dinero. Un tipo “con pocas luces” como dice en un momento dado de la obra su manager, pero con mucha fuerza. “Un torrente, un huracán, una fuerza de la naturaleza” le recuerda el periodista Manuel al propio Urtain, ya viejo, que escribiría años antes, en los momentos de los continuos KO en plena España franquista. Y es que decían de Urtain que era pura fuerza, pero no demasiada técnica. Siempre se le reprochó.

A mí me ocurre una cosa. No soy un apasionado del boxeo. No lo sigo demasiado. Pero más de una vez ya he dicho que sí admiro las historias de boxeadores. Como las que Bill Shankly les contaba a sus pupilos del Liverpool.

La obra emociona. Desde el punto en que transmite la decadencia de un “buen hombre vasco de campo” que engañado, abandonado y arruinado advierte la farsa en que estuvo viviendo todos sus supuestos gloriosos años hasta suicidarse. La vida real de un tipo tradicional, de un regio vasco, que no puede con el mundo de complejidades al que se enfrenta.

Porque ese mundo es, además, la grisácea y atrasada España de la última etapa de Franco.

Además, muestra otro ejemplo del peligro que supone dejar el estrellato y las dificultades de adaptarse a la vida cotidiana. Los ejemplos son múltiples y no tan lejanos. Creo que los tenemos en la cabeza.

Por otro lado nos encontramos con el Urtain utilizado para la propaganda del régimen. «¿Qué he hecho yo para que todo lo que hago sea tan sucio?» repite continuamente.

Dice el director, Andrés Lima, «Urtain fue utilizado como símbolo, como marca. La del toro, la del coñac, la España con dos cojones, la España de raza que tanto gustaba a Franco. ¡Y encima era vasco!».

Hay que reconocer que la compañía Animalario ha hecho un trabajo sensacional. La composición, el montaje musical, la puesta en escena, la escenografía… el conjunto es extraordinario. Actores versátiles, hábiles en la interpretación. Mucho talento ciertamente. Especialmente Roberto Álamo. Espectacular. Actuación brillantísima.

Da miedo pensar que un corazón puro pueda llegar a corromperse de tal manera por diferentes circunstancias. La obra comienza y termina con una muerte. Cada uno de los Ibar (Urtain y su padre) son los dos extremos de una cuerda de orgullo, fanfarria y honor que sucumbe al acabar en manos de la gente cruel y despiadada que pulula por el mundo.

No se la pierdan.

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Objetivos

Veía una película hoy (por ayer) con mi querida Mentxu: El desafío: Frost contra Nixon. Ya conocen la historia. La serie de entrevistas que concedió el ex presidente al peculiar periodista inglés en que acabó por reconocer que hubo delitos, ocultación de pruebas, corrupción y abuso de poder desde su cargo como máximo mandatario entre 1969 y 1974. Vietnam, Camboya… Watergate.

En un momento inicial de la película se ve a Nixon que le dice a Frost que él es su nuevo objetivo. Que es un desafío en el que sólo puede “quedar uno”. Le insiste en que la vida se resume en desafíos. Y que sin ellos, sin objetivos (ya se consigan o no) la vida queda reducida poco menos que a nada.

¿Por qué digo esto? Porque he tomado una decisión drástica. Tras la juerga del último jueves acompañado del ínclito Del Rosal – que hoy (por ayer) hizo su examen y con el que no he podido hablar todavía-, del masterfucker Sr. Barra y otros amigos en que acabamos bebiendo demasiado y terminando a las 4 de la mañana tras varios cubatazos made in Padrao, estoy decidido y he tomado la determinación de no beber nada de alcohol en lo que queda de mes de Septiembre.

De hecho, el sábado estuve en la representación de La casa de Bernarda Alba en el Matadero de Madrid. Grandiosa obra, maravilloso texto y absolutamente espectacular representación. No duden en ir a verla. Merece la pena. Sin ninguna duda.

La cuestión es que tras terminar, decidimos dar una vuelta por los Madriles y terminamos en el mercado de San Miguel: jamoncito, tapitas, ostras… manjares en definitiva y mucha cerveza… sin alcohol. Lo que oyen. Cumplí lo previsto. Y así debo terminar el mes.

Entiendo que lluevan insultos, críticas e improperios. Pero ya saben… objetivos.

Poco más: la liga ya toma la forma que esperábamos. No se puede decir lo propio del europeo de basket. Empieza la Champions… divertido va a estar el año.

En lo puramente profesional, ya están puestas las primeras piedras: web en marcha y temas burocráticos también. Habrá que ponerse las pilas. Además, ya preparamos el desembarco algeteño inmediato.

En fin, no quería terminar este variopinto espacio cibernético sin loar al bueno y grande Don Miguel. El sábado siguió a rajatabla aquello de veni, vidi, vici con una ninfa vecina. Dale que te pego. Parecía tonto el Señor. Y además hizo dobles figuras (genial analogía inventada por Ortigoza).

Bueno señores, brindo por que tengan una buena semana. Con zumito de piña.

Otras cosas

Bueno, pues el póker. A falta de que llegue alguno más en unas semanas, el gabacho, admirado por el Ferlein también ha sido presentado. Todos apuntan que es un gran delantero. Nos quedamos sin Villa (digno de Jardiel Poncela lo del Valencia)

No sé ustedes, yo no he visto nada. El empacho Kaká y Cristiano me ha impedido verlo. Bueno y que tenía cosas mejores que hacer.

Lo que sí hice ayer fue paladear una obra de teatro espectacular de Lope de Vega en el Festival de Almagro: ¿De cuándo acá nos vino? Paliza de comer y beber, teatro y vuelta de madrugada. Mereció la pena. Se lo recomiendo.

En fin, enfilamos el último fin de semana de Máster. Después sólo quedará a la vuelta de las vacaciones proyecto final, memoria y tal.

Bueno y en breve nos vamos a una boda sonada. La rubia que se casa… na menos. Del Rosal y mi menda daremos la talla. Además, él está deseando reencontrarse con viejos amigos de juergas. Yo además, quiero estar con la Olivina. ¡Qué recuerdos!

Luces de Bohemia

Cuenta Gracián en El héroe, más o menos, lo que debieran ser las cualidades de un hombre excepcional. Entroncando, temporalmente, con Maquiavelo explica las virtudes que tendrían que adornar a un prócer de la vida terrenal.

“Cegó Belisario para que abriesen otros los ojos”. ¿Interpretamos este pasaje como un paralelismo a la generosidad de Cristo dando su vida en la Cruz por los hombres? Debate habemus.

Porque fue un gran hombre Belisario. Lo mismo demuestran los libros sobre Homero. Ambos ciegos. Como Max Estrella…

Asistí ayer a, posiblemente, el culmen en la dramaturgia española. Luces de Bohemia. Inmortal, imperecedera, inolvidable. Una obra mágica con la que uno paladea cada detalle, como si de una caricia se tratase.

El esperpento (inventado por Goya, dice Ramón María) se nos llena de vida, de sentido, se puebla de armónicos extraños y, perdido el borde desencantado en que se movía hace unos años, se convierte en lo que realmente quiso Valle Inclán: en criatura artística, admirable, repleta de testimonio y de vida, libros de denuncia, formidable fe de vida de un hombre que ha mirado su paisaje humano con una angustiosa voluntad de perfección.

Referencias continuas a la España de principios del siglo pasado: decadencia, corrupción, indignidad, olvido, pesadumbre, dolor, miedo…

“Los héroes clásicos han ido a pasearse en el Callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas…”.

Si Haine lloraba cuando Don Quijote fallecía, algo así podríamos sentir al ver que Max es absorbido por una sociedad injusta que fagocita a sus genios acentuando su mediocridad y su decadencia.

Seguramente inspirándose en el epílogo vital de Alejandro Sawa, el gran alter ego del Marqués de Bradomín – un don Juan feo, católico y sentimental – nos adentra en la misteriosa aventura que supone el quehacer humano. Temas universalmente abordados con ese toque ácido del bohemio desencantado (reflejado en la generación del 98).

No voy a hablar de la representación, porque fue lo de menos. Como una vez dijo Borges sobre la representación de Macbeth, hay textos que quedan siempre por encima de su interpretación.

La vida es sueño

Sueña el rey que es rey,
y vive con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe prestado,
en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Señores, no tengo tiempo para escribir. Les dejo este texto para que reflexionen. O para que se planteen, metafísicas aparte, qué es qué, quién es quién y y si hay algo mejor que soñar.

Lo mejor del fin de semana fue la obra que pudimos ver de Calderón. No se la pierdan.

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De tiendas

Me voy a Barcelona para una formación unas 48 horas y sólo pensar que me tengo que levantar antes de las 5 me hace ponerme de una mala leche importante. En fin.
Sólo dejar constancia, como ya sabrán varios de los allegados, que he vuelto a aprovechar varias horas libres para ir a comprar ropa. Hoy han caído 2 nuevos pantalones, una camisa y una jersey.
He de reconocer que jamás pensé escribir algo similar en este cutre sitio, pero tal cual. ¡¡Señores, ya no podrán meterse más con mis camisetas ajadas, los famosos agujeros y destrozos propios de esas camisetas inolvidables y los pantalones míticos que combinaban con ellas!!
En el fondo, uno se siente algo raro. Toda la vida despreocupado y “presumiendo” de ser independiente a los comentarios groseros del resto de los mortales y a la hora de la verdad, estoy cambiando. Será que nos hacemos mayores…

Hace unas semanas, cuando acudí con una camiseta nueva (estilo paffiana) acompañada de zapatos y vaqueros nuevos recibí un kilo de sorna y de chanza a partes iguales, por parte de los ínclitos Rodríguez & Barra. No quiero ni pensar lo que puede conllevar este post.

De hecho, cuando el sábado tomé algo con uno de los implicados ya sonrió sarcásticamente.
Ahora bien, no se confundan. Puede que haya decidido arreglar en parte mi imagen, pero el “Football is life”, el Camygol y demás clásicazos nunca desaparecerán del todo de nuestras vidas.
P.D. Tuve la oportunidad de ir el sábado al teatro y disfrutar de una obra de esas que es obligado paladear alguna vez en la vida “La señorita Julia” de Strindberg. Se la recomiendo.
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Querer y poder

Como algunos de ustedes sabrán, ayer estuve en el teatro. En uno de esos alternativos. Curiosa expresión. Podríamos definir ese tipo de teatros como “pequeños”, “de barrio”, algo jinchos para qué engañarnos.Debo de ser un clasista, pero donde estén los grandes teatros, perfectos para representaciones mayúsculas, con grandes escenificaciones y posibilidad de generar composiciones de lugar que se quiten estos teatrillos. Por ejemplo, El Rey Lear la ponen en el Valle Inclán. No faltaré.

Pero bueno, no quiero ejercer de capitalista in péctore (teatralmente hablando). También parece propio que los jóvenes que empiezan a meterse en el mundo de las tablas puedan tener una oportunidad así. Lo que viene siendo la regional en el mundo del fútbol.

El caso es que la Salomé me despertó una reflexión. Tal vez, algo simplista, incluso cruel, pero me salió así.

Doy por seguro que conocerán la historia de la princesa Salomé, Herodes Antipas, San Juan Bautista, los preludios del Cristianismo….

Se cuenta que Salomé era una preciosidad andante. Una belleza de la naturaleza. Un prodigio de sensualidad y de hermosura suprema. Una gracia de otro mundo. Consciente de esa fuerza arrolladora, se sentía con potestad para conseguirlo todo…o casi.

Pues bien, la que hacía ayer de Salomé era un híbrido de María Jiménez y Teté Delgado. Durísimo para el espectador.

Además, la pequeña salita con una oscuridad y un negro tenebroso digno del mejor Caravaggio terminaron por estropear cualquier posibilidad de absolución. Joder, si hasta cuando le cortan la cabeza a Yokanaan sacaron una bufanda roja que pretendía simbolizar el trágico desenlace. Digo yo que una pequeña bandeja de plata y encima una cabeza hecha manualmente hubiera estado bien.

En fin.

A lo que voy, hay que diferenciar entre el querer y el poder. “Las cosas no son difíciles. Son difíciles porque no nos atrevemos”, dijo Séneca. Ejem…Hay veces que no se puede y punto.

Yo no puedo hacer de Sansón por razones obvias. El Míkel nunca podría anunciar un dentífrico. Rodríguez no podría emular al protagonista de Carros de Fuego. El Mote no daría la talla para jugar en la NBA. Fermín jamás podría ejercer de asceta, místico y despreocupado. Tiene una cadena calzoncillil que le ata por los siglos de los siglos. Del Rosal no podría presentar un telediario a nivel nacional por su extraño acentillo. El Paff jamás podría retar a nadie al FIFA. El Perro, a duras penas, podría ganar en un concurso de agudeza visual a Rompetechos. No sé, joder, que hay cosas que uno quiere, pero no puede.

Contradigo, por tanto, al maestro Séneca. Ni fuerza de voluntad, ni fe, ni miedo al fracaso ni gaitas. La psicología positiva deja de tener sentido en algunas ocasiones.

Y lo de ayer es un ejemplo.