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Archive for 29 enero 2009

El equipo de nuestra infancia

Joder, cada vez saco menos tiempo para todo. Alguien dijo una vez que éstos son momentos en los que uno sufre y trabaja como un chino para que en un tiempo pueda disfrutar de estos sacrificios.

La seriedad áspera de lo cotidiano, se torna suavidad cuando uno consigue evadirse con noticias que se recordarán por los siglos de los siglos.

Parece que fue ayer cuando perdí una apuesta con Rodríguez, porque éste dijo que la patética Ana Obregón aparecía en un capítulo de El Equipo A. Pues tenía razón. Que conste, porque seguramente mienta el susodicho José Luis, que le pagué su Pancho o su Lequio o lo que fuera. El caso es que se lo pagué.

Bueno, resulta que lo que parecía que sólo era un rumor se confirma: En unos meses empezará a grabarse la película de El Equipo A.

No sé en qué quedará todo, pero dudo que haya alguien en este país que no haya visto alguna de esas aventuras míticas de esta serie inolvidable. Esa furgoneta, esos puros, esos planes que salen bien, ese arsenal que consiguen crear (siempre con un soplete) de la nada, esos 0 muertos por capítulo, esas drogas para volar…joder, qué jóvenes éramos. Pero ha pasado el tiempo…

Algunos de los nombres que ya han sonado han sido Bruce Willis para dar vida a Hannibal; Woody Harrelson, del que el propio Singleton ya dijo que era el actor “ideal” para encarnar al loco Murdock; y Ice Cube para sustituir a Mr.T en la piel de M.A. Barracus.

Para desvelar todas las incógnitas habrá que esperar hasta junio, cuando comience el rodaje. ¿No están deseosos de volver a 4 de los mejores hombres del ejército estadounidense que formaban un comando…?

El aspecto de las ilusiones

Dentro de la cancha hacer cuento, como hacer teatro, son malas artes; una prueba más, acaso casual, del poco aprecio que el fútbol siente por la inteligencia clásica. No descarto la venganza como móvil, al fin y al cabo pocas veces fueron amables las opiniones de los intelectuales con respecto al fútbol.

Este libro es un lugar de encuentro para el músculo y el pensamiento con la intención de que vayan perdiendo la desconfianza que se tienen. Un juego, el del fútbol, metido dentro de otro juego, el de la literatura. El hombre escapando de la realidad con el afán de buscar sus aspiraciones más auténticas.

Y es que resulta placentero un viaje de la inteligencia por los alrededores del fútbol; siempre que no intentemos comprenderlo todo como Alcides Antuña Cavallero, un serio intelectual de izquierdas que creía en el hombre nuevo y despreciaba el borreguismo de las masas. Indignado por lo que el fútbol provocaba en el mundo entero el pobre pretendió entenderlo.

Vio parecida pasión en los estadios de todos los continentes: “Es un fenómenos universal”, se dijo.

En un parque de Camerún vio jugar a un padre con su hijo: “Produce un diálogo intergeneracional”, se dijo.

Fue en Río de Janeiro donde vio a un negro salir de una favela y a un blanco de una mansión para jugar un mismo partido en la arena de Copacabana: “Es un rito de inversión social”, se dijo. En Munich vio jugar con eficacia alemana y en Sevilla comprobó que también en la cancha el público quería jactarse de arte: “Es una expresión cultural como otra cualquiera”, se dijo. Vio a dos aficionados discutir de fútbol y luego a cuatro, y luego a diez en una esquina de Riyadh: “Es un vehículo de comunicación”, se dijo.


Vio una piedra estallar contra la cabeza de un árbitro en Hong Kong: “Es una vía de escape”, se dijo.

Vio obreros dejando energías detrás de un balón en un suburbio de Buenos Aires: “Es un arma de distracción”, se dijo.

El fútbol provocaba más cosas de las que había imaginado pero no lograba saber por qué y empezó a ponerse pesado. Durante horas clavaba la mirada en el mapamundi de su hijo mayor como si esa pelota llena de países fuera la síntesis de su búsqueda. Nada.

Se puso a viajar por la biblioteca y lo mismo se entusiasmaba que decaía. Albert Camus le contó que lo mejor que sabía sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol. “Voy bien”, dijo Alcides, y siguió buscando.

Fue Jorge Luis Borges quien escribió que resultaba increíble que una cultura que se desarrollaba con juegos como el ajedrez, hubiera degenerado en juegos tan vulgares como el fútbol. “Cagamos”, se le escapó a Alcides, pero no abandonó. A veces una pista lo llevaba a Marx, Sastre o Virgilio, pero se terminaba enredando en una maraña sin salida. Hurgó en la historia y los antropólogos le contaron que la primera pelota fue la cabeza de un ser humano. Ya no sabía si eso era bueno o malo para su investigación.

Intelectualmente sobrado, cada conversación sobre fútbol la convertía en una tesis doctoral.

-¿Has visto cómo paró el balón?- comentaba alguien.
-No digas paró -saltaba Alcides- , di recepcionó o amortiguó… y en cuanto al balón, Wenceslao Fernández Flórez lo definió como “aire de cuero forrado”, para que te enteres.
-¿Vas al estadio?- consultaba otro.
-Estadio -aprovechaba él- según Manuel Vázquez Montalbán, “mausoleo de tranquilidad”; según Mario Benedetti, “esqueleto de multitudes”…

Y así andaba como un poseído repartiendo lecciones y espantando amigos. El propio Alcides se empezó a cansar de sí mismo y de tanto simbolismo que no lo conducía a ninguna parte. No le encontraba salida a su obsesión y empezó a emitir señales inquietantes. Un día la mujer lo encontró hablándole a una pelota vieja como Hamlet a la calavera.

-¿Pero se puede saber qué haces?- le gritó.
-La seducción de la esfera… -intentó principiar Alcides pero la mujer no lo dejó progresar; después de gritarle “loco” catorce veces se largó a llorar sin consuelo y lo dejó por imposible.

Alcides siguió con una insistencia ya claramente lunática. Durante una noche insomne le encontró una ruta nueva a su empeño científico: “Si es un fenómeno popular la respuesta la tiene el pueblo”, dedujo y, de madrugada, salió a la calle con un grabador en la mano y una euforia que empezaba a tener mala pinta. La gente le contestaba a sus preguntas pensando que se trataba de una encuesta radiofónica, pero los testimonios recogidos era de una vulgaridad devastadora. Uno declaró que los jugadores cobraban mucho dinero, otro se quejó de no sé qué injusticia arbitral y una señora mayor, tampoco se sabe a cuento de qué, explicó que a ella Jesús Gil no le caía del todo mal.

Alcides se sintió casi obligado a enloquecer del todo…

Cuando los enfermeros llegaron a su casa el pobre estaba descuartizando aquel viejo balón a cuchillada limpia con la cara desencajada y un clamor como grito:

-¡Contesta, contesta, contesta!

Ahora está mejor. Vive para los fines de semana y ya no se hace preguntas raras. Los domingos por la mañana su mujer le prepara un bocata, le pone una camiseta número 12 de la selección y lo lleva a unos campos municipales para que anime a cualquier equipo. Se ayuda con un bombo que sus amigos intelectuales le regalaron para Reyes. Pobre Alcides, cuanto más ruido hace más feliz parece“.

Venía pensando en el coche cuando volvía del Bernabéu y me vino a la cabeza la maravillosa historia de Jorge Valdano sobre Alcides. Podemos encontrarla en el prólogo de Cuentos de fútbol, publicado hace ya unos años por Alfaguara. Recopilación de cuentos con el trasfondo del balompié con escritores de la enjundia de Roa Bastos, Delibes, Atxaga, Julio Llamazares, Juan García Hortelano, Eduardo Galeano, Fernán Gómez etc…

Ha sido un gran fin de semana en lo que a Máster se refiere. Uno se siente pequeño ante la categoría de los interlocutores que por allí pululan. Grandes conocedores del mundo literario y de la magia que supone un libro, como puerta especial a los sueños.

El caso es que salió el fútbol como tema tangencial y me fascinó el hecho de que no hubo nadie que soltara la típica expresión peyorativa. No sé si lo pensaban; la realidad es que no lo dijeron.

De hecho, uno de mis compañeros de grupo en nuestra ficticia editorial Albiés es socio del atleti desde hace más de un cuarto de siglo.

Es innegable que el fútbol como espectáculo multitudinario, como motor de pasiones generalizado atrae a personajes de toda índole. Y claro, también los hay de una capacidad mental bastante dudosa. Pero, tal vez, aquéllos que desprestigian, que insultan, que agreden desde la superioridad cultural… en el fondo muestran una incapacidad de enfrentarse a lo que no pueden analizar desde el método tradicional del conocimiento.

Es una pena… porque no saben lo que se pierden. Y sobre todo, no se dan cuenta de que la puerta a los sueños no tiene estructura exclusiva de libro. Peor para ellos. Yo tengo claro que no dejaré ninguna de ellas.

P.D. Hablando de sueños y hablando de puertas, el fin de semana tenía marcada una fecha importantísima desde hace días: la del sábado 24. Todo parece que fue bien, a falta esencial de confirmación oficial.

Largo viaje hacia la noche

A ver si es que la clave para ir saliendo de la crisis va a estar en nosotros.

El inane Miguel Sebastián, a la sazón, candidato vapuleado en las pasadas elecciones a la alcaldía de Madrid dice que si los españoles consumen productos nacionales se pueden salvar hasta 120.000 empleos.

Joder con el Ministro de Industria. ¡Qué hacha! Resulta que una de sus principales medidas para mitigar lo que hace unos meses era algo inexistente, puesto que la economía española estaba en la “Champions League”, consiste en azuzarnos para comprar productos nacionales.

Al menos yo lo tengo claro: si me puedo tomar un buen Rioja lo prefiero, quizás a meterme entre pecho y espalda un Chateauneuf du Pape, pero desde luego no por prescripción económica. Faltaba más. De hecho, no le haré ascos a ese vino o a cenar en un restaurante italiano o a ver cine yanqui.

De verdad, que yo no hago más que oír y ver cifras catastrofistas de cara al futuro y cuando uno espera soluciones por parte de aquéllos que tienen la potestad de decidir, lo que ve es que el boomerang vuelve.

Ayer, el “yes we can” de Obama se oyó por medio mundo y en momentos de su discurso de investidura, hubo más de una referencia a la situación dramática que vive la economía mundial. Yo no sé si, tal vez, deberíamos empezar a confiar más en lo que pueda hacer Obama a lo que pueda hacer Zapatero.

Es que, de verdad, vaya caterva de incompetentes tiene a su alrededor el Sr. Presidente. La preocupación me recuerda a aquel libro de O´Neill y su largo viaje hacia la noche.

No deberíamos ser tan pesimistas como nos hace ser el gobierno, aunque es complicado.

Malos tiempos

La crisis sobrevuela.

Miro la cuenta corriente y ésa es la palabra que sobrevuela mis pensamientos. Leo el periódico y todos los datos lo avalan. Crisis. Con miedo e incertidumbre inacabable oteo el horizonte y está claro: crisis. Pienso en gastos, ingresos, saco la balanza de pagos y el resultado es nítido, transparente, cristalino… casi como las últimas conquistas del embajador nacional en Chochópolis, a la sazón eterno conservador de cuadros de valor sentimental: crisis (la de la balanza, no la del chino, claro). He oído, por cierto, que Hugo Sánchez quiere reconocer ante todo el mundo que desde que se marchó no ha encontrado a otro goleador mexicano de tanta valía.

Me sumerjo en el fútbol, como pobre método de abstracción momentánea y evidentemente se repite la ecuación. Fernando Martín “alias” chorizo – cierto -, el tal Montejano, Calderón, ahora el gordo este montado en el dólar y lo que te rondaré morena. ¡¡¡Vuelve Floren!!! Pero ya, ya.

Como digo, voy al Bernabéu y atraco al colista. El fútbol del Madrid sigue en la UVI. Y en breve llega Benítez (el que está en crisis es su dietista) para demostrarnos que en Inglaterra se vive mucho mejor que aquí.

Pues toca habituarse: la crisis va a formar parte de nuestras vidas por un puñado de meses. Qué duro va a ser. Esperemos que el sábado podamos celebrar un quiebro inicial a este duro contendiente.

Ya lo hemos comentado varias veces, pero no me canso. Y nunca me cansaré. Gente como Estasiano García, ignorante hasta la náusea y analfabeto hasta el vómito, que se ha hecho de oro robando a los pobres trabajadores sigue demostrando que la decencia no se compra. Lo único bueno es que cada vez queda menos gente que merezca la pena a sus órdenes. Y es que las noticias corren como la pólvora. Hay gente que se vende por muy poco. Ha aparecido el topo. Tenía forma…ahora ya tiene nombre. Qué decepción.

En fin, lo dicho, el mantecoso andaluz sigue ensuciando la vida de personas a las que aprecio y me da pena. Ojalá poco a poco vayan encontrando una salida mejor. Todo lo que sea alejarse de ese montón de mierda, será una buena noticia.

Buenas noches y buena suerte

Pues nada. Se la ha vuelto a pegar.

Era yo un chaval cuando ganó aquellos dos mundiales, por lo que todos lo tenemos poco reciente. También Australia (creo recordar) en 1991 cuando tuvo aquel accidente descomunal. Eso ya nos suena a pleistoceno.

Desde entonces, mucha mala suerte y muchos desengaños. Que si pierde un mundial porque su compañero Mc.Rae tiene que ganar. Que si un tronco, que si una vaca (¿era una vaca, no?), que si me paro a 100 metros de la meta, que si mi coche en una mierda, que trates de arrancarlo, que me paso al Dakar, gano el 70% de las etapas y se me rompe una pieza que no se ha roto jamás de los jamases… y así hasta el infinito. Hoy resulta que ha caído por un terraplén.

En fin, se ha acabado la aventura de Carlos este año. Habrá que esperar a otra oportunidad.

Me recuerda el caso de este aventurero de la carretera a la típica etapa que todos tenemos en la vida en que nos salen las cosas al revés, no acertamos con las decisiones y la oscuridad se cierne sobre nuestro futuro. Curioso.

El otro día leía en la agenda que le han regalado a la ganadora de un concurso de talento fotográfico-bibliotecario-frikitecaril una de las múltiples frases típicas que acompañaban a cada día del calendario: “Si te caes siete veces, levántate ocho”.

Qué bueno es el refranero castizo y los consejos que pretenden aupar la maravillosa y sorprendente fuerza de voluntad del ser humano.

Pero, ¿y si ya te has caido ocho veces?

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Luces de Bohemia

Cuenta Gracián en El héroe, más o menos, lo que debieran ser las cualidades de un hombre excepcional. Entroncando, temporalmente, con Maquiavelo explica las virtudes que tendrían que adornar a un prócer de la vida terrenal.

“Cegó Belisario para que abriesen otros los ojos”. ¿Interpretamos este pasaje como un paralelismo a la generosidad de Cristo dando su vida en la Cruz por los hombres? Debate habemus.

Porque fue un gran hombre Belisario. Lo mismo demuestran los libros sobre Homero. Ambos ciegos. Como Max Estrella…

Asistí ayer a, posiblemente, el culmen en la dramaturgia española. Luces de Bohemia. Inmortal, imperecedera, inolvidable. Una obra mágica con la que uno paladea cada detalle, como si de una caricia se tratase.

El esperpento (inventado por Goya, dice Ramón María) se nos llena de vida, de sentido, se puebla de armónicos extraños y, perdido el borde desencantado en que se movía hace unos años, se convierte en lo que realmente quiso Valle Inclán: en criatura artística, admirable, repleta de testimonio y de vida, libros de denuncia, formidable fe de vida de un hombre que ha mirado su paisaje humano con una angustiosa voluntad de perfección.

Referencias continuas a la España de principios del siglo pasado: decadencia, corrupción, indignidad, olvido, pesadumbre, dolor, miedo…

“Los héroes clásicos han ido a pasearse en el Callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento. Las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas…”.

Si Haine lloraba cuando Don Quijote fallecía, algo así podríamos sentir al ver que Max es absorbido por una sociedad injusta que fagocita a sus genios acentuando su mediocridad y su decadencia.

Seguramente inspirándose en el epílogo vital de Alejandro Sawa, el gran alter ego del Marqués de Bradomín – un don Juan feo, católico y sentimental – nos adentra en la misteriosa aventura que supone el quehacer humano. Temas universalmente abordados con ese toque ácido del bohemio desencantado (reflejado en la generación del 98).

No voy a hablar de la representación, porque fue lo de menos. Como una vez dijo Borges sobre la representación de Macbeth, hay textos que quedan siempre por encima de su interpretación.

Historias con duende

“A Lorna, novia casi adolescente y compañera eterna. Ella fue la primera en hablarme de la existencia de los ángeles, me convenció de la importancia de su trabajo y me animó a ir en su busca, ayudándome a superar mis viejos prejuicios ideológicos”.

La fascinación que produce un libro se puede llegar a palpar desde su cubierta. O desde su título. O desde su autor. O claro, su temática. Y también, desde una emotiva dedicatoria.

Hace ya muchos años que soy un fiel y apasionado seguidor de la historia contemporánea de nuestro mundo. Me parece revelador y sobre todo fundamental para entender todos los ´qué´ que nos rodean por doquier.

“Me gusta todo” diría Rosa Caracciolo. Pues sí, me gusta todo. Desde la independencia de los actuales Estados Unidos de América hasta ahora, absorbo cualquier pasaje histórico con devoción auténtica. Libros, películas, teatro, exposiciones, museos… no lo puedo evitar. Me encanta. Joder, quizás debería hacerme profesor de Historia y compartir con el barbas interesantes tertulias.

Por ejemplo, ví ayer “Buenas días, noche” con mi querida Mentxu y me gustó. Mucho. Una gran opción de situarse en aquellos casi 2 meses de cautiverio de Aldo Moro, en la utópica lucha de clases de los típicos grupos terroristas marxistas-leninistas que surgieron en la época y la situación tan particular de Italia, del Vaticano y de los intereses internacionales.

De un tiempo a esta parte, bastante inducido por el gran Sr. Barra I de las nieves, adoro la historia de África en su etapa de descolonización y la crítica situación en que se encuentra día sí, día también. Kapuscinsky, Conrad, Javier Reverte… la lista es muy amplia. Ruanda, Mali, Kenia, El Congo, Etiopia, Senegal, Egipto, Camerún, Namibia, Sudáfrica… la de cosas que puede contar Auro… y que nos contará… del continente, posiblemente, más auténtico de este mundo.

Guerras civiles, crímenes contra la humanidad, dictadores, intereseses coloniales, vergonzante pasotismo del “primer mundo”, hambrunas, muertes, analfabetismo… dolor. Dicen todos que el mundo visto desde África cambia a cualquiera.

Sobre todo, si tienen la suerte de cruzarse con un ángel. El extraordinario Vicente Romero se lo cuenta en una joya que deben leer si quieren saber Donde anidan los ángeles.