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Archive for 24 febrero 2011

Jefes

Qué hijos de puta son algunos jefes.

Si miro atrás veo a un tío de pelo blanco, con mirada de jifero, maneras de Gadafi y un importante problema de paranoia social: el tipo creía que todos le odiaban; ¡ojo!, el problema no era ese, porque era real; el grave conflicto interno que —supongo— le atormentaba era no entenderlo, ya que se consideraba un buen jefe. Si mezclamos un buen puñado de esquizofrenia con otro aún más grande de egocentrismo trabajado tenemos a un personaje de la calaña caritativa del Paco. Vaya descerebrado.

Es cierto que antes de las ondas hertzianas tuve otros curritos más bien coyunturales, mas ha tanto tiempo que ya casi ni me acuerdo.

Después de Paco Opus Dei, trabajé más de un año en un sitio agradable, pero de escaso rendimiento económico. Aunque nominalmente recordase a un verbo propio de los sufridores, fue una buena época: la jefa estaba un poco superada, tenía tics de taradilla, pero a mí nunca me cayó mal del todo.

Decidí que todavía no había llegado a conocer al gran cabrón. Entendamos por gran cabrón el prototipo de jefecillo del siglo XXI: torpe, desorganizado, más preparado en su cabeza que en la realidad, desagradable, mentiroso (sobre todo, mentiroso), con graves toques de chorizo, asesino de la lengua castellana, acomplejado y sobre todo —para qué engañarnos— gilí (gracias RAE).


Antes de decidir que lo mejor es que tu jefe sea ese tío al que a veces quieres y a veces odias, al que tienes que soportar cada día (incluso los festivos), al que sabes cómo emborrachar y cómo hacer feliz tuve que pasar por el averno. Mefistófeles me esperaba para dar el gran salto a la tierra de la que Orfeo se llevó su lira, pero no a su amada. Pues no. Fue en el averno donde conocí al jefe más competente que he tenido. Curiosa parábola del destino.

Pensaba todo esto, porque no hago más que pensar en lo duro que fue tener que ver cada día la cara de ese cernícalo lagartijero en un sitio al que cada día odiaba más ir.

Tengo un amigo que desearía ir a lo alto de un cementerio a comentarle a cierto supuesto superior que para cojones negros los suyos, preguntarle si también piensa que el asesinato debe considerarse una de las bellas artes, para finalmente cogerle del cuello y meterle un cabezazo de esos que deben conseguir que te sientas el hombre más feliz de la tierra. Acto seguido, el gesto pertinente conllevaría el arrojo, con un toque despectivo, de varias monedas y una frase displicente: «Toma, pringao, cómprate un culo nuevo».

Para todos los puteados de España, aquí tenéis una página interesante para desahogaros.

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Dolores

Estaba esta mañana tranquilamente en casa (a la hora del curro) después de un madrugón considerable para ir a buscar mi coche. Actividades recurrentes a esas matutinas horas: cagarro, corregir, contestar correos, etc., cuando de repente me ha sobrevenido un dolor absolutamente brutal al estómago.

Una sensación horripilante que durante más de una hora me ha consumido. Con mi hipocondriaca manera de analizar este tipo de asuntos he pasado de la hernia al cáncer intestinal pasando por el tacto rectal después de una sonda renal. Un dolor punzante, casi seguro que muscular que ha venido no sé muy bien por qué. Quizás haya cogido frío mientras esperaba en el taller a que me dieran el carro que me destrozó el/la hijo/a de perra de matrícula M-0523-OZ (según un testigo que me dejó nota), pero he estado un rato largo completamente doblado.

Al final se ha ido pasando y he podido seguir con la tarea contidiana. Ahora en mi garitil empleo vespertino creo que la cosa se estabiliza. Si antes el dedito en el culete era la opción más apetecible,ahora se ha convertido en el peor de los resultados que mi asustadiza materia gris pergeña. Parece que todo vuelve poco a poco a la normalidad, pero vaya mañanita.


En fin, la cuestión es que me ha dado por pensar en lo eficaces que deben de ser las torturas en general. Perogrullo, un principiante a mi lado, lo sé. Pero aseguro ante quien sea que hubiera afirmado ante el Tribunal de la Haya que había matado a Kennedy si con eso se acababa el dolor con mayúsculas que me ha visitado de manera traicionera esta mañana.

Y siguiendo con el silogismo torturil, lo que a uno le da por pensar es cuánto merecen los torturadores de nuestro siglo que por la mañana les venga a visitar su cruel aliado.

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El bueno, el feo y el malo

Comenzaban los cruces de la Champions y tocaba hacer zapping para ver los dos partidos de hoy (lamentable formato de octavos): Valencia-Schalke 04 y Milán-Tottenham. Cualquiera que haya escuchado mis pronósticos habrá comprobado que he acertado.

Por un lado la cosa se le complica al Valencia, equipo de medio pelo donde los haya ante un Schalke con poco más que orden y el máximo goleador en competiciones europeas (y de la Champions League-Copa de Europa) en sus filas. Además, el Milán demuestra que es un equipo viciado, sin fútbol, con poco más que lastre en el centro del campo y con el jugador más sucio desde Vinnie Jones. El Tottenham —equipo que me encanta— supo aguantar y sin esa maravilla llamada Bale aguar la fiesta de los italianinis.

Queda la vuelta y los resultados son tan ajustados que habrá que esperar para sacar conclusiones y convertir en definitivo lo que hasta ahora es sólo orientativo. Pero esta noche deja 3 grandes conclusiones si a nombres propios nos ceñimos.

1) El bueno: el que nunca hace nada. Bla, bla, bla, gol, bla, bla, gol, bla, bla, gol, gol, gol, bla, bla, gol… Acabo de definir la carrera de Raúl con sólo monosílabos. Merezco algún premio. Sólo un tipo de ese nivel competitivo mayúsculo, de esa fe inquebrantable es capaz de seguir superándose con 33 años para 34, en un equipo bastante limitado y cumpliendo, en definitiva, su único objetivo marcado a principios de temporada (batir el récord de goles en Europa). Porque, una vez lo apuntó Ortigoza, seamos conscientes de que cuando el Schalke caiga eliminado de la Champions, la competición se quedará para siempre sin su mayor embajador de la historia. Decir Raúl es decir fútbol. Decir superación. Levantarse del asiento y aplaudir. Porque es único y porque, yo no sé ustedes, pero cuando ha marcado se me ha iluminado una sonrisa con una mezcla nostálgica de melancolía. Se acaban los adjetivos. Mejor dicho se acabaron. Raúl, gracias.

2) El feo: lo peor que tienen los pendencieros, por definición, es esa propensión a la riña permanente, a la pelea como modus vivendi. Gattuso no pertenece a esa estirpe, hace años (desde que supo manejar la taladradora de su papá —5 añitos tendría—) que la dejó. Gattuso forma parte —con todo merecimiento— de la banda de matarifes despreciables y malsanos que se han ido haciendo hueco en la historia de este bello deporte. Sin ninguna habilidad salvo el cuerpo a cuerpo, con esa pinta de portero de discoteca de inacabable vacío cerebral, incomprensiblemente, el barbitas de mirada penetrante ha recibido históricamente los halagos que merecen ciertos genios futboleros, en vez del reproche, el desprecio y el ostracismo que tanto se ha ganado con sus infames acciones. Con una balumba de supuestas virtudes hay gente que le sigue idolatrando —no miro a nadie—. El partido de Gattuso de esta noche es una de las mayores desgracias que jamás he tenido que contemplar: provocando continuamente, pegándose con todos y agrediendo incluso al segundo entrenador inglés. Desearle todo lo peor a ese matachín sería lo fácil. Yo le metía en una celda con Berlusconi y arrojaba al cocodrilo de Gil para que se pusiera las botas. De verdad, Gattuso, muérete ya.

3) El malo: lo malo del TDT, el Imagenio y todas estas historias es que muchas veces tienes que tragarte al comentarista de la tele (generalmente mediocres) y no disfrutar a los radiofónicos (habitualmente menos mediocres). Hoy ha sido así. Escuchar una narración de Sergio Sauca —dudo que alguien tenga ese nivel de compromiso con la ciencia de lo desconocido— o una parte es más duro que intentar medírsela a los negros del Congo (a veces hay que tirar de clásicos cinematográficos). Sauca es la nulidad más absoluta que recuerdo. Arrítmico, falto (y mariquita), lento, paradigma del embrollo dialéctico, camión de obviedades y exageración permanente, Sergio Sauca es a la narración futbolística lo que Arévalo a la literatura: pequeño, pero matón. Este tío acaba con la más elemental forma de entender una sucesión de acontecimientos. De verdad, su última impagable contribución del partido (al menos para mí) se ha producido en el descuento. Un balón que le cae a Raúl, la mete al hueco a la entrada de Hao (número 8 de los alemanes) y el remate de éste lo desvía Guaita. Textual (o casi): «Eh, eh, eh, Raúl, Raúl, pasa, cae para eh, eh, eh, esto,  el japonés (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!), perdón, para el chino (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!), paró el portero». Por no saber no sabía ni la nacionalidad ni el nombre del delantero. Todo combinado con una caterva de interjecciones y un puntito de ritmo desigual dio como resultado un mejunje perfecto para cortar cualquier tipo de estreñimiento. Sauca, dedícate a la danza palmera de los enanos y desaparece, majo.

Viva la Champions.

El poder del pueblo

«Aquí estoy y aquí me quedaré».

Así contestó el general Mac Mahon el 9 de septiembre de 1855, durante la guerra de Crimea, cuando, después de haber ocupado las trincheras situadas frente a Malakoff, el aconsejaron las abandonase para no quedar expuesto a los fuegos del fuerte.

Enhorabuena al pueblo egipcio. Han honrado la premisa que reza por la libertad del ser humano. Es cierto que se plantean dudas sobre hacia dónde se conducirá (o les conducirán) ahora, pero han demostrado que el poder verdaderamente está, ha estado y estará siempre en el pueblo.

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Jurisprudencia

Yo reconozco que el tío nos ayudó a ganar el Mundial. Es la verdad. ¿Quién no recuerda la estampa de ese chulito catalán escupiendo sangre y con la ceja abierta por unos tacos suizos excesivamente afilados?

Es una sensación agridulce. Defensor de la selección para un buen lustro (o dos), pero también —por ende— pilar básico de nuestro gran rival por antonomasia del fútbol diario.

Además, el muy cabrón siempre que puede hace sangre (que si la manita, que si celebro como un loco el 2-6, etc.).

Pero bueno, hablamos de fútbol y parece que todos entendemos la rivalidad sana y no debería pasar de ahí.

Pero es que lo que era un secreto a voces se ha confirmado. El tío cuelga —parece ser que aconsejado desde su club— una foto con esa mujer a la que más de uno mataría por ver de cerca (¡¡sólo por ver!!).

Sí, esa reina del Waka Waka y seguro que del Folleteo-teo se está zumbando a un tío que ha nacido en la madrre patrria. Joder, y encima a éste.

El Míkel tiene la teoría de que el mundo esconde bajo su aparente equilibrio una justicia poética en su devenir. Y por tanto, todo lo bueno suele contrarrestarse con algo no tan bueno.

Y yo me pregunto: si mañana mismo a Piqué le echan del Barça por lo que sea, acaba jugando en el Alcalá de Guadaira por 45.000 pesetas al mes, su familia burguesa reniega y prefiere darle el dinero en un principio destinado para él a la ONG Chochos sin fronteras y su actual NOVIA decide mandarle a paseo por descubrirse bollera para liarse con Sara Carbonero, ¿sería suficiente justicia después de haberse zumbado a Shakira?

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Marcha

Me llama esta mañana el Míkel. Yo creo que no eran ni las 9. Yo con mi curro y él… sin demasiado, según me decía. Con lo liado que está el hombre que tiene que levantarse a las 4 cada día para llegar a tiempo y poder dar abasto, hoy parecía más liberado.

Bueno, pues me llama y me dice: «Para lo que estoy haciendo aquí, la verdad es que preferiría estar en Egipto en la marcha». ¿Y a quién no?, pensé.

30 años aguantando a su «odiado presidente» repiten los ciudadanos.

Dicen que puede haber cerca de 300 muertos y miles de heridos. Todos se han unido en contra del oprobio y de la tiranía. Es y debería ser algo que se enseñara a fuego en cada rincón del mundo democrático. Y seguir conquistando zonas, como cuando juegas al Monopoly y vas comprando calles. Hay que llenar el mundo de hoteles llamados Libertad. Y lo más importante: asegurarse de que los cimientos no se caigan por mucho que sople el viento.


No conozco El Cairo. Es uno de esos emplazamientos a los que todo buen turista debería intentar ir antes de que sea demasiado tarde. Ortigoza siempre recuerda su paseo por el Nilo. Yo reconozco que siempre he pensado que es uno de esos lugares que tengo pendientes. Aunque también he de confesar que no me he preocupado demasiado por lo más importante: por la gente que allí habita. Por un momento cambio el objetivo y el enfoque: quiero ir a El Cairo, pero quiero ir cuando pasear por sus calles sea un buen momento para ir quitándose el sombrero ante cada ciudadano. Por luchar. Por protestar. Por creer.

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