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Posts Tagged ‘Selección Española’

Nada que hacer

Mira que me lo olía. De verdad, lo intuía.

En el año 2008 ganamos la Eurocopa y el Balón de Oro no se lo llevó ningún español. «Es que es un torneo a nivel exclusivamente continental», decían. Cristiano se lo llevó.

2010. España gana el Mundial. Los jugadores franquicia lo son también del Barça. Vale, pero el mejor el Messi. Sí, pero es que no ha metido ni un gol en el torneo que decide quién gana el Balón de Oro ese año. Y si no, miren para atrás: 2006 – Cannavaro / 2002 – Ronaldo / 1998 – Zidane.

Es una decepción absoluta. Y es lamentable. Xavi conduce al mejor equipo, probablemente, de todos los tiempos y la selección campeona del mundo. E Iniesta hace una labor complementaria y además marcó el gol de la final del Mundial. Casi nada.

Pues eso, casi nada. No ha bastado. Messi ha marcado muchos goles, eso sí. Pero en un equipo brutal, ya conformado y que juega como los ángeles. En Argentina, ni un gol.

Vale, que sí, que rozo la demagogia. Que Messi es un jugador de otro planeta. Estoy de acuerdo. Es un jugador escandaloso.

Pero lo que roza la injusticia es que España haya ganado el Mundial y ni así nos den el puto Balón de oro.

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El año en que fuimos campeones del mundo

En fin, no tengo ganas de escribir.

Pero es que acabo de ver el Informe Robinson en que se recuerda cómo fuimos capaces de ganar el Campeonato del Mundo y no sé, tenía que hacer mención a ese verano tan inolvidable, dentro de este año tan complicado.

Bueno, pues eso, acaba el año en que fuimos campeones del mundo.

La magia de la vida

En un rato, los mineros chilenos empezarán a salir de la mina en que se encuentran aherrojados. Es un momento histórico y demuestra que la tecnología y el saber humano siguen superando situaciones que hace un tiempo parecían imposibles. Suerte.

Si uno cierra los ojos y se imagina varios meses en la oscuridad más absoluta, comido por la ansiedad y el miedo, creo que valoraría enormemente aquello de aprovechar el tiempo que nos toca.

España, por su parte, venció en un estadio mítico a una selección maravillosa. De tradición basada en valores como el esfuerzo, el coraje y el orgullo, Scotland The Brave dejó nueva muestra de la belleza sinfónica de los sentimientos con el inolvidable Flower of Scotland al inicio. La mejor selección que jamás hemos visto y que probablemente veremos tuvo ratos nuevamente de excelencia. Silva, Cazorla, Xabi Alonso, Iniesta y Busquets volvieron a configurar un centro del campodigno de un cuento de Chéjov. Pura delicia. Y todo sin Xavi, Cesc, Navas o Torres. Villa marcó el 44 (felicidades) a pesar de un partido relativamente pobre por su parte, Casillas y Del Bosque volvieron a Hampden Park 8 años después y la selección con el gol de Iniesta (poco más de 3 meses después del día D) y Llorente (espectacular delantero) camina firme hacia la fase final del europeo de 2012.

Finalmente, el día de la Hispanidad de 2010 deja para la posteridad el óbito en forma de mirada bondadosa de Manuel Alexandre. Una vida plena y ejemplar. Siempre habrá un recuerdo para él. Hasta siempre.

La historia más grande jamás contada

Siempre he oído que no hay medicina que cure, lo que no lograr sanar la felicidad. Y así debe ser. Hoy todo pareció menos grave, más pasajero y completamente fútil ante la avalancha de emociones que la selección española de fútbol le ha dado a todo un país, a varias generaciones… a los que están y a los que no… gracias a una victoria histórica e inigualable. España es campeona del Mundo. Somos CAMPEONES DEL MUNDO. Y lo seremos siempre. Cuando encuentras tu estrella, nunca te abandona.

Los pensamientos se extremezclan con el desenlace tan cercano y con la sensación de haber subido el último escalón, aquel peldaño inalcanzable para un pueblo condenado a vivir martirizado por la impotencia. 23 jugadores y un superlativo Vicente del Bosque cambiaron el signo de la historia.

El miedo que siempre atormentó a Rousseau fue morir sin hallar la ansiada satisfacción completa. Y así terminó sus días. El fútbol español siempre fue su mejor émulo. Hasta hoy. Todo es distinto. Esplendoroso. Y eso sólo puede catalogarse dentro del abanico de las maravillas.

Final: Holanda 0 España 1 (Iniesta)

España se encontró con toda clase de pruebas a lo largo de su primera final mundialista. Los quince minutos iniciales permitieron el desarrollo cotidiano de toque y desmarque con una naturalidad impropia de un acontecimiento definitivo como el que nuestros representantes tenían sobre sus espaldas. Remates de Sergio Ramos (Mundial descomunal el que ha hecho, aquí el caballero; mejor lateral derecho de largo), una volea de Villa y la percepción de que se estaba arrollando a Holanda. Parecía que España encontraba el punto necesario para repetir la exhibición contra Alemania en semifinales.

Entonces llegó un período de 30 minutos (hasta el descanso poco más o menos) oprobioso para cualquier amante de este deporte. Y de la justicia. Holanda encarnó el mal absoluto con una colección de malos modos y de groserías inaceptables (no olvidar la canallada en la devolución de la pelota buscando no se sabe qué en el tiro a puerta de Sneijder) en un deporte en que hay reglas claramente marcadas. Si Holanda encarnó la infamia, sus profetas fueron dos demonios. Por un lado, el jifero Van Bommel, despreciable e innoble deportista, sucio, obsceno portador de una zamarra que un día llevaron Cruyff, Neskens, Gullit o Van Basten, que buscó la lesión de Iniesta a través de una entrada que hubiesen firmado los principales matarifes del Wimbledon de los 80.

Por otro, el criminal con galones De Jong, un asesino repulsivo y abyecto que decidió que lo mejor para evitar que España siguiera con su fúbol puro, dulce y limpio era enviar al centro de urgencias más cercano de Johannesburgo a Xabi Alonso. El chacinero de los Países Bajos (bajísimos con elementos de esta calaña) dejó la historia de su país por los suelos con una entrada de kárate sacada de la ficción más recóndita de Stephen King. Aunque el verdadero culpable de esta carnicería fue el inane Webb y su vomitiva parsimonia para con las tarjetas rojas. Holanda pegó como nunca se había visto en ninguna final mundialista. Esa mancha les perseguirá toda la vida. Y nunca la conseguirán lavar. Los buenos siempre podrán con los malos.

La segunda parte fue, tal vez, al menos hasta el minuto 70 la más equilibrada del encuentro. Casillas salvó a España en el minuto 60 con la parada del Mundial (con permiso del penalti paraguayo). El inagotable velocista Robben le encaró tras un pase fastuoso de Sneijder y el aguante de Íker evitó el 1-0 (bueno, concretamente su pie). Ese vuelco al corazón fue una victoria en sí misma. Era un señal divina. La puerta inmaculada de Casillas lo seguiría siendo hasta el final. Y eso que un calco de la anterior se produjo a poco del final, cuando el trastabilleo de Robben tras una carrera ganada a Puyol acabó con Casillas robándole nuevamente el esférico en el momento en que buscaba el regate final.

Entre medias, Villa falló debajo de los palos, Ramos no acertó a rematar en el área pequeña un córner de Xavi y Capdevila tampoco acertó entre rebotes a batir a Stekelenburg. La tensión era inaguantable. Prórroga.

España, para entonces, había introducido a un incisivo Navas en el campo y a Cesc para intentar aprovechar su llegada y su sapiencia en momentos claves. No debería olvidarse en cualquiera de los análisis que estamos ante una generación de ganadores natos. Cesc tuvo un gol cantado tras pase al hueco de Iniesta, el propio Andrés no culminó una buena jugada de la delantera hispana, basada siempre en el toque y en la precisión… siempre fieles a un estilo único y reconocible. Cesc remató desde la frontal del área y Navas tocó la red por el lado incorrecto. España tenía el partido en sus manos. Sólo algún contraataque del Sr. Robben y disparos lejanos de Sneijder nos podían llegar a sobresaltar.

Segunda parte de la prórroga. La angustia tomaba los vomitorios del Soccer City. No había escapatoria. O se marcaba ya o nuestra suerte la iban a decidir los malditos penaltis. La lotería no parecía el desenlace más justo para el mejor equipo del torneo. Y volvió la magia. Y se apretó arriba. Se fue a por todas y el mejor ejemplo fue el cambio de Torres por Villa. Una obra de arte de Xavi habilitó a Iniesta. Nueva falta (innumerables parones y cortes los cometidos por la indecente Holanda a lo largo del partido) y roja a Heitinga. A la calle. Donde no acabaron los dementes del centro del campo holandés. Lo de Van Bommel no tuvo nombre —¿recuerdan su fingimiento de agresión después de haber castigado nuevamente los tobillos de Iniesta, cuando al levantarse se tiró como si le hubieran matado?—; sólo un miserable canalla podría haber hecho eso. Si tuviera vergüenza colgaría las botas mañana mismo.

Llegó el minuto 115. Y Navas decidió darle brillo a la palabra aventura. Arrancó desde su campo y acabó por cederle a Iniesta que de tacón habilitó a Cesc. Tras un nuevo paso por Navas, el balón recayó en Torres. Su centro al área lo maldespejó Van der Vaart. Jaque. Cesc le cedió educadamente a Iniesta el sueño de 46 millones de almas. El bueno de Andrés liquidó la final. Jaque Mate. Para Jarque. Y para España. Para todo un país sumido en el momento más duro de esta era contemporánea. Gracias Andrés. Estarás de por vida en el recuerdo de todos. Todo se nubla desde ahí al final. Lágrimas, emociones, recuerdos. Escalones subidos… el techo. La gloria. El final. El límite. El cierre del círculo. El punto de inflexión.

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Cuando Iker levantó la copa, uno se acordó de su padre, el otro de su hermana, el de más allá de su amigo. Ella de él. Que ya no está con nosotros. Él de ella que siempre estará. Tanta energia positiva debe alumbrar por sí misma el futuro del más iluso.

Entre sollozo y sollozo, acerté a divisar las sinceras lágrimas del Ferlein, la alegría indisimulable de ese genio llamado Miguel Barra, la profunda mirada de satisfacción del Sr. Del Rosal que ya es campeón del mundo como soñó desde que tuvo noción primeriza, la sonrisa inacabable del otrora hermético Rodríguez y de su jubilosa y risueña futura esposa Sara, los puños arriba del Papo, los saltos incontrolables del Perro y de Ana, ocupando en su simbiosis alada el espacio del regocijo, la emoción del sabio Ortigoza (y es que él ya lo sabía; ganador de la porra con diferencia, un crack infinito) y de la mirífica Cilli que también sonrió como una niña con zapatos nuevos. Y sobre todo acerté a rodearme de los brazos de mi querida y nunca suficientemente loada Mentxu, lo mejor de mi vida, la que le da sentido y forma al futuro.

Pude conversar con la familia, los del Te quiero verdadero, hablar con Auro (tenía que ser en Sudáfrica donde se produjera el milagro) y disfrutar en la distancia de un momento para la eternidad —Auro, ¡qué grande eres, tía! ¡Rubén, tenemos karaoke pendiente!—, ver a Mote el otomano con quien tantos disgustos pasados tuve la desgracia de compartir y pudimos, incluso, ser testigos del beso de Íker a Sara, vencedores de la porquería televisiva. Y todo en la tierra de Mandela, aquel que iluminó Sudáfrica como el sol, según epiloga John Carlin en su fabuloso El factor humano.

Quizás lo propio es soltar un corto y cierro. Todo importa ya menos. El fútbol pasa a un segundo plano. Al menos durante un tiempo. La excelencia nos rodea. Y los trofeos le dan brillo. El oro de la copa del Mundo. Y sobre todo el valor incalculable de 23 amigos que representan intachablemente a un país tan heterogéneo como único. Puede que todo a partir de ahora sea menos cálido, menos intenso. Menos vivo.

O puede que la verdadera felicidad esté en la imaginación y no tanto en el acto. Que, tal vez, el placer se encuentre primero en la ilusión y finalmente y por siempre en el recuerdo. Allí donde eternamente guardaremos y podremos rememorar, hasta que el destino considere oportuno, la historia más grande jamás contada.

11 de julio de 2010

Final Campeonato del Mundo Sudáfrica 2010. 20:30. Soccer City (Johannesburgo).

Holanda – España

«El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas: eso es lo que la sostiene». Víctor Hugo.

Jornada de reflexión

Sábado. Quedan horas.

Antes el Uruguay-Alemania por ver quién será tercero.

La disyuntiva en estos momentos radica en si se prefiere que llegue cuanto antes el momento de comenzar a sufrir o se prefiere que tarde lo más posible para disfrutar de esta sensación maravillosa previa a la posibilidad de ser campeones del mundo. Hay gustos para todo. Es lógico.

Una vez metido en la vorágine peligrosa de la imaginación, a uno le da por verse siendo campeón. Comprando periódicos, grabando reportajes, analizando y escrutando opiniones de los expertos. Uno se ve delante del televisor viendo a Pepe Reina volviendo a protagonizar el mejor Reality Show jamás visto de un campeón.

Y uno está disfrutando, cuando empiezan a cruzarse otra serie de imágenes no tan divertidas. Y da por acordarse de los últimos subcampeones. Uno tiene que estirar, como un chicle, la fantasía para imaginarse a Xabi Alonso dándole un cabezazo en el pecho al Materazzi de turno o a Casillas escupiendo un remate como Khan en 2002 a la espera de algún remache. O incluso a una defensa incapaz de defender, como la Brasil del 98, correctamente los córners. O lo que es peor… perder la final por penaltis. Mejor ni pensarlo.

Tras tanta ida y venida, se conviene en que lo más inteligente es no darle demasiadas vueltas. Mañana, día de concentración y de fatiga completa (va a ser muy muy duro; esperemos que gratificante al menos), pero hoy algo de relax y de descanso. Al menos hasta que empiece la final de consolación.

La sandez del pulpo antes de la final

Paul tiene nombre de pulpo. Y retraso mental es la definición de lo que le pasa a la mitad de la humanidad.

Lo he dicho ya y me repito: si el pulpo supiera que es el ser más racional de todos los que hemos estado pendiente de esta memez, se ahogaba con sus tentáculos.

El cefalópodo más famoso desde el Míkel cuando lleva cuatro copas ha predicho que ganamos a Holanda. Si lo dice el pulpo… Por si acaso que no se lesionen Xavi o Iniesta.

Bueno, más allá de paridas sin sentido, hoy toca pensar ya en el último partido. El que decide si el sueño se sumple hasta el final. O suena el despertador antes de terminar.

Comprobado está. España y Holanda no se han enfrentado nunca en fase final de Mundial ni de Eurocopa. Parece increíble, pero así es. Vaya forma de debutar.

Mañana partido por el tercer y cuarto puesto: Uruguay – Alemania. Aquí también ha pronosticado el pulpo de los cojones. Y triunfo germano. En el fondo, da que pensar sobre el nivel mental de los seres humanos. Mirando a un puto pulpo zampándose un mejillón. De locos.

En fin, si vamos a lo «serio», habría que comentar que Holanda es un conjunto que a uno le deja frío. No me parece un equipo de súper clases, en absoluto. Y están en la final. Habiéndose cargado a Brasil. Sí, pero… no me parece una barbaridad de equipo. Sneijder y Robben son lo mejor que tienen. Grandes jugadores, pero, insisto, para mí no se pueden comparar a los nuestros. Yo no me olvido de que estos dos fueron titulares en aquel Liverpool 4 R.Madrid 0 en que fueron (fuimos) literalmente humillados. Y de repente, ¿son los mejores del mundo? Son buenos, sí, pero hasta ahí.

Si España juega como sabe, con sus centrocampistas embelesando y creando jugadas de ataque, tenemos muchas posibilidades de lograr un triunfo para la eternidad.

Hasta entonces, toca entretenerse con gilipolleces del tamaño de un pulpo.