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Toda una vida esperando

Podrán pasar mil años…podrá pasar una eternidad. Nada será igual.

El partido más importante de nuestra historia se saldó con una victoria aplastante. Con una ocupación perfecta de los espacios, una demostración de solidaridad ejemplar y una decisión a la hora de triunfar que sólo poseen los elegidos para la gloria.

Alemania es «el» equipo de los Mundiales. El más completo. Aquel cuya historia le permite competir siempre al máximo. Nosotros dependemos de diversas circunstancias. Y mira que tienen que ser muchas y complejas… porque es nuestra primera vez. Lo más emotivo que nunca hayamos vivido. ESTAMOS EN LA FINAL DE UN MUNDIAL. DE UN ¡¡¡¡¡¡¡PUTO MUNDIAL!!!!!!!

Después de una exhibición memorable. Después del triunfo de un colectivo, de unos tipos que enorgullecen al mundo del fútbol… España juega al fútbol de manera cuasi poética. Se apodera de la lírica. Rondamos la fascinación. Y todo desde la sutileza. Desde la grandeza. Desde el orgullo. Y sobre todo, desde el juego. Sólo así se entiende que España salga imponiendo un estilo a nada menos que Alemania.

España es el mejor equipo que jamás han visto nuestros ojos. Es lo más parecido a la perfección que se pueda ver en fútbol.

Semifinales: Alemania 0 España 1 (Puyol)

El equipo de Del Bosque llega a la final como es él, fiel a la pelota, con ese delicioso punto de descaro que define a este grupo de desacomplejados futbolistas que han desterrado el escepticismo crónico (José Sámano). Es así.

Y el caso es que Alemania es un gran equipo. Tiene talento para exportar. Pero es que España es el talento. España es la emocionante expresión de la música celestial focalizada en el fútbol. España ha anulado por completo a Alemania. Desde el principio se vio quién era quién. Posesión nuestra, ataques nuestros, forma de jugar nuestra, detalles nuestros, calidad nuestra… Alemania sabía que iba a perder. Y, ¡ojo! lo hizo con dignidad, pero tenía fecha de caducidad. España es el mejor equipo de fútbol de la tierra. Las lágrimas adquieren vida propia si uno dice estas cosas. Pero, amigos… es que es la verdad.

Cuando en el futuro hablen del equipo de la orgullosa España que tocaba hasta la extenuación para fabricar un mensaje, que masticaba los bocetos hasta convertirlos en realidades, recordarán a un conjunto inigualable: campeón de Europa y en unos días aspirante a ser campeón del mundo. Y, reitero, recordarán una manera. Un estilo.

Un conjunto de tipos empapados de una filosofía fraternal del pase, el desmarque y el toque. Porque eso es España. Nunca seremos los mejores en otras facetas. Para que España gane, necesita dominar el partido desde el puro agotamiento psíquico del rival. Y es que es fácil de entender: el rival de España acierta a interpretar pronto el partido que le toca ante los nuestros: no tendrá mucho balón, no por nada, sino porque el balón es nuestro. Y las reglas las ponemos nosotros. Es el acogotamiento dictatorial. El KO técnico. España gana, porque es verdaderamente superior a cualquier rival.

Alemania había humillado a Argentina y a Inglaterra. Y, sin embargo, qué poco pareció. Qué poco pudo hacer. Es un gran equipo. Pero todavía no está en el punto excelso que te dan varios años de rondar la eminencia. España hizo un partidazo. Sin fisuras. Sin dobleces. Perfecto.

No puedo más que alegrarme sin contención por el golazo descomunal de ese ingente central, todo corazón y fuerza llamado Carlos Puyol. Trabajador estajanovista y solidario con sus compañeros: un defensa único. Se lo merecía. Le podemos dar toques evangelistas a toda esta película y desentonaríamos, quizás, pero hay veces que lo terrenal no explica tantos deseos cumplidos. ¡Grande Puyol!

Y grande Piqué. Partido de museo el que ha hecho. Todo contundencia. Todo elegancia. Todo saber estar. Central imperial. Central de un equipo llamado a ser campeón del mundo. ¿Y qué me dicen de Pedro? No hay palabras. La baza escondida de Del Bosque dio resultado de partido. Jugando entre líneas, asociándose, siendo el amigo de todos… Pedro estuvo inmenso. No hay ‘peros’. Sólo hay gracias.Podríamos volver a caer en la redundancia al hablar de Xavi, de Iniesta, de Xabi Alonso, de un estratosférico Busquets, de un siempre cumplidor Capdevila, de un desconocido Ramos, de Iker, que estuvo cuando tenía que estar, de Villa, el más grande… todos, todos, todos. España es un todo que le sonríe a la vida. Y que está por encima de falacias y maldades.

El domingo, España puede ser el equipo campeón del mundo. Imagino que son conscientes de que esto significaría un antes y un después. Nunca, nada, jamás, nunca jamás volverá a ser igual. Es el partido más importante de nuestra vida. El techo. A partir de ahí, todo serán copias, algunas intuyo que fantásticas, pero el original será inviolable. Imperturbable. Eterno.

A mí, hay varios puntos que me emocionan especialmente. Por un lado, uno externo: el saber que todos nos admiran y lo dicen abiertamente: somos los mejores. Y punto. Luego hay una sensación intrínseca que hace ya años que siento: uno sabe que España al final va a marcar, que va a pasar, que no nos puede fallar. Uno aplica algo de racionalidad a toda esta locura: creemos, porque podemos creer: porque somos el mejor equipo de largo del planeta. Los mejores del mundo (incluso más allá de lo que pudiera pasar el domingo contra Holanda).

Me acuerdo de mis amigos, de esos cerdos que tantos sinsabores han compartido conmigo. Me acuerdo de aquellos que se rieron. De los que simplemente pasaron del tema. Me acuerdo de la racionalidad de los que no entienden esta locura. Me acuerdo de mí hace años rumiando derrotas y malos pensamientos. Y de que los años pasan y de que por fin ha llegado un momento tan culminante para los que seguimos esta droga inacabable en forma de balón. Y me acuerdo, y me sigo acordando… y cuanto más me acuerdo, más difícil se me hace dejar de llorar.

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  1. Rubens
    08/07/2010 en 09:53

    Poco más que añadir, si acaso, reiterar la elegancia de estos alemanes… ni un balonazo, ni una mala patada…. chapeau! debemos aprender mucho de ellos para cuando esas épocas en las que nuestro fútbol vuelva a ser terrenal, mientras tanto, toca disfrutar! lástima que el Mundial sólo sean 7 partidos!

    • Penépolis del Pilar
      08/07/2010 en 13:05

      Estoy con Rubens. Acojonante estos alemanes. He de admitir que mi germanofilia se ha visto aún más incrementada. Lo decía el capullo de Relaño el otro día: desde España vemos a Alemania como una especie de tractor imparable que hace electrodomésticos irrompibles y coches eternos. Amén de jugar siempre las finales y las semis como mínimo. Loas y parabienes para esa Manschaft y ese Land que no para de dar lecciones.

  2. 08/07/2010 en 11:06

    • Penépolis del Pilar
      08/07/2010 en 12:57

      ¿Y qué me dicen de Paquito con las lágrimas en los ojos? De lo que se acordaría en esos momentos. Y grande también J. J., hay que reconocerlo, cuando al final del programa de ayer le dijo a Paco que “hubiese sido imperdonable que Paco González no pudiera vivir esto”. Aplausos.

  3. 08/07/2010 en 11:12

    Hace poco más de cuatro años, e inmerso en la enorme desazón que me produjo el ver como la Francia de los ‘prejubilados’ se llevaba una vez más el sueño español por delante en una Copa del Mundo, titulaba mis sentimientos post eliminación, desde la más absoluta desesperación, con un elocuente ‘Desengañémonos: nunca ganaremos el Mundial‘. Las cosas han cambiado de manera evidente.

    Fue en una noche de junio en el Ernst Happel de Viena. Rompimos con nuestra historia, apeando a la Italia campeona del mundo. Aprendimos a competir. Algo cambió en nuestra mentalidad. A partir de que Cesc Fàbregas anotase aquel bendito penalty a Buffon, los nuestros se sintieron importantes y, lo que es aún más importante, se sintieron capaces. Luego vino lo de la Final. El gol de Torres frente a Alemania y la gloria. Ya no éramos los habituales perdedores derrotistas. Éramos campeones de Europa.

    Fue el punto de partido para lo que comenzó a gestarse el 6 de septiembre de 2008, cuando un gol de David Villa (quién si no) nos sirvió para deshacernos de Bosnia-Herzegovina en Murcia, en el primer partido de clasificación para la fase final del Mundial sudafricano. Han pasado casi dos años, pero el efervescente empuje de España sigue manteniéndonos en la cresta de la ola. Pese a todo, yo confieso que estaba aterrado ante el partido de anoche. Alemania me parecía un rival complejísimo, muy mejorado con respecto a su versión del 2008. Había percibido síntomas de debilidad y vulnerabilidad en los nuestros, imagino que como cada aficionado que se bhubiera parado a analizar someramente el juego desplegado en este torneo. Y el tenerlo ahí, tan cerca pero a la vez tan lejos, me hacía ponerme en el peor de los escenarios posibles.

    Cuando el húngaro Kassai dio por finalizado el choque, cuando, por fin, la gesta de España se confirmó, cuando ese gol de Carles Puyol, el gol más rebosante de ‘Furia’ de todo este torneo, quedó indeleblemente grabado en nuestras memorias para siempre, los recuerdos comenzaron a agolparse, ansiosos por exhibirse, en mi cabeza. Me acordé del penalty de Eloy Olalla en Puebla, y de mis incrédulas lágrimas infantiles junto a mi abuelo. Vinieron Platini y Stojkovic con su pies justicieros, Rudi Völler mandándonos para casa en el Olympiastadion en el 88, Tassotti con su codo de vida alegre, Sunday Oliseh desde lo más profundo del África negra. Incluso un árbitro egipcio de dudoso nombre e infausto recuerdo se dejó caer por allí. Todos en tropel. Y a todos les dije adiós con la mano, sonriente, feliz. Habían sido muchos años junto a ellos, muchas vivencias compartidas, muchos sinsabores, demasiadas desazones. Me despedí de todos ellos, de aquella ‘troupe fantástica‘ protagonista de mis peores pesadillas ante un campo de fútbol. Y me dispuse a vivir un nuevo orden en la parte de mi vida que gira en torno a este deporte.

    España, todo el país, jugará el próximo domingo día 11 la primera final mundialista de su Historia. Ahora sí veo cercano el poder ganar un Mundial. Y lo quiero ganar. Quiero poder lucir orgulloso esa estrella, hasta ayer inalcanzable, en mi pecho.

  4. Rubens
    08/07/2010 en 11:18

    Ahí el crack es Nostrapacus… la madre que lo parió, puto cenizo!

  5. 08/07/2010 en 11:42

    ¿Qué pensará ese prócer llamado Laporta de todo esto? Tanta felicidad de españoles opresores gracias a catalanes de pura cepa.

    No sé si me puedo reír más.

  6. Penépolis del Pilar
    08/07/2010 en 12:54

    Sabes? En el fondo pienso que toda esa gentuza no puede evitar alegrarse con los goles de España. De veras lo digo. En lo más profundo de sus limitados cerebros decimonónicos sentirán alegría y placer por los goles patrios y por las noches se autolesionarán, golpeándose contra las paredes por haber “pecado”, por haber sentido satisfacción al ver a su país en la final de un mundial.

    Vamos a repetirlo otra vez: el domingo España juega la final del Mundial de fútbol. Una vez más: el domingo jugamos la final del Mundial. Aún recuerdo con nostalgia aquellos amistosillos que se juegan sobre el 15 de agosto, tras cada derrota mundialista y europea. Qué tiempos aquellos…

  7. Rubens
    08/07/2010 en 13:38

    Laporta ya no tiene que disimular ante su afición diciendo que no va con España, ahora le ha cedido ese testigo a Sandro, que dijo que, tras la eliminación de Brasil, el único equipo de los que quedaba que le gustaba es España… tócate la polla, como si el Brasil de Dunga tuviera algo que ver con este Barça…

  8. 08/07/2010 en 14:08

    Por cierto, clasificación megaporra. Ortigoza… ¡eres el uno! Vaya crack.

    1º Ortigoza 54’5 puntos
    2º Pascual 39’5 puntos
    3º Rodríguez 38’5 puntos
    4º Espáriz 35’5 puntos
    5º Del Rosal 32’5 puntos
    6º Barra 29’5 puntos

    Bueno, aunque parezca increíble, todavía quedan combinaciones para que cualquiera sea ganador. Esto de la porra es la leche.

    Quedan otros 12 puntos en juego para el tercer y cuarto puesto y nada menos que 24 puntazos (8 por ganador y 16 por resultado) para la final. Todo está en el aire. Aunque hay que reconocer que Ortigoza sabe más que los demás…

    Ortigoza, alias Zoetemelk, ya ves la meta… ¿no irás a desfallecer ahora?

  9. Antonio Agredano
    08/07/2010 en 16:01

    SOBRE FÚTBOL Y ALREDEDORES

    A mi padre no le gusta el fútbol. Sólo he visto con él un par de partidos en mi vida. No venía a verme al campo de tierra. Cuando me despellejaba las rodillas defendiendo a equipos anónimos. Me felicitaba si ganábamos y desdramatizaba si perdíamos. No entendía que pidiera con tanta insistencia unos guantes de Uhlsport para mi cumpleaños, se reía de los banderines del Madrid colgados en mi cuarto. Me decía: son muy malos. Yo me enfadaba, y eso le hacía aún más gracia. Recuerdo una tarde, un gol de Alfonso con la Selección ante Yugoslavia. Él estaba por casa, y acudió al salón al escuchar mis gritos. Le abracé emocionado. Poco más. La tele en mi cuarto ocultó mis celebraciones. El fútbol sobrevivía en el hogar en la pequeña reserva de mi dormitorio. Después me fui de casa y sólo dejé allí un póster de Raúl doblado en alguna parte, una banderola del West Ham que alguien me trajo de Londres y un balón desinflado con el que jugueteaba con los pies mientras estudiaba en el escritorio. Ayer, cuando ganamos, mientras brindaba con los amigos y nos abrazábamos como insensatos, me dio por coger el teléfono y llamarlo. Había visto el partido con mi hermana, me dijo. Noté en su voz una emoción inédita. Afonía. Me costaba imaginarlo gritando a los árbitros. Levantándose del viejo sofá con los brazos en alto tras el gol de Puyol. Sentado frente al reflejo esmeralda de la televisión. Con la cerveza y las pipas. El ritual doméstico de los hinchas. Aquel que nunca compartimos. Con el corazón temblando ante el ataque de los alemanes. Lo imagino echándome de menos allí. Sin poder preguntarme por Klose, sin saber quien era ese tal Schsweinsteiger. Sin saber si el cambio de Pedro por Torres era bueno o malo. Lo veo navegar por mares comunes. Con planteamientos sencillos. Infantilmente nervioso ante un espectáculo que le fue ajeno mientras compartíamos espacio pero que hoy disfruta, precisamente, sin tenerme a su lado. Me preguntó si estaba feliz. Apenas pude contestarle. Y no era sólo el fútbol. No era el cuero, ni el césped, ni los músculos cansados. Era descubrir que este estúpido deporte tiende puentes, que es una suerte de reencuentros. Que detrás del espectáculo hay una telaraña de sentimientos, de recuerdos comunes, de vidas en paralelo. Ayer, tras la victoria, pensé en mi padre. Él pensó en mí. Nos volvimos a juntar en alguna parte, en el espacio tierno de los afectos. Nos echamos de menos mientras los alemanes lloraban y los españoles se abrazaban sobre el césped. Le dije que le quería. Él me dijo que saliera a la calle a celebrarlo.

  10. 08/07/2010 en 18:52

    No desfalleceré Pascual, he demarrado y ya no miraré atrás…

    • Penépolis del Pilar
      08/07/2010 en 18:59

      No tendrá usted tentáculos, dos ojos acuosos saltones y una prominente cabeza branquiada?

  11. 08/07/2010 en 19:01

    Ya os lo dije gentucilla:

    http://www.marca.com/2010/07/08/futbol/mundial_2010/selecciones/espana/1278593013.html

    ¿Esto no suma punto para la porra?

  12. Penépolis del Pilar
    08/07/2010 en 19:39

    Atención al comentario de José Francisco cuando le preguntan algo de la rima del cinco. Qué grande.

      Así vivimos en Carrusel los minutos finales del Alemania-España emb&c18=prisacom&c20=gadget&h1=prisacom>cadenaser>gadget>llevatelo>emb>” width=”0″ height=”0″ border=”0″>

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