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La maravillosa sensación de la primera vez

La alegría no se posee… es ella la que le posee a uno. Y cuando anega el raciocinio, sólo se puede sonreír y abrazarte. O llorar. No está definido. Creo.

España se ha clasificado para las semifinales de la Copa del Mundo. ¡Las semifinales de un Mundial! Primera vez en nuestra vida. Nuevo paseo por lo desconocido. Por la bendita senda anónima. Por el terreno reservado a los demás. Todo es extraño. No miren demasiado a los lados. No les suena. Nadie les puede dar una indicación. Somos afortunados. Debe de ser la irresistible y adictiva sensación de la primera vez.

Cuartos de Final: Paraguay 0 España 1 (Villa)

Tuvo que suceder todo así. Estaba pactado con el destino. Hubo que aguantar una primera parte errada y errónea, mal planteada y pésimamente ejecutada. Tuvimos que volver a resignarnos con la peor versión de Torres (y los continuos exabruptos de Don Miguel), con un Xavi perdido, un Villa rodeado y un Iniesta anulado. Los primeros 45 minutos dejaron un gol anulado a Valdez y un tiro de Xavi rozando el larguero. Poco. Nada. El ahogo nos impedía derribar la puerta paraguaya, la única que nos separaba del esperado momento de la celebración en masa. 45 minutos donde la «victoria de calle» pasó a mejor vida. Esto es un Mundial.

Todo lo bueno y verdaderamente valioso sale del sufrimiento y de la soledad. Sale de los momentos en que uno discute consigo mismo; con aquél que siempre estará a tu lado. Incluso cuando tú no quieras.

El minuto 57 tenía reservado un intento de luxación de Piqué a Cardozo dentro del área. Penalti claro. El abismo a nuestros pies. El diluvio universal de lágrimas volvía del destierro. Cardozo, que marcó de manera impecable el penalti clave ante Japón en la tanda de octavos nos podía dar la puntilla. Entonces apareció Íker. Cuartos de Final otra vez. Él otra vez. Los penaltis nuevamente. «El Santo» que gritó hasta la extenuación un incontenible Don Miguel. Casillas nos salvó. Como ante Italia. Un recuerdo maravilloso al que agarrarse ante la duda en que Paraguay nos quiso dejar caer.

El éxtasis permitió que un pase profundo (¡por fin!) llegase al Guaje (ya sin el inexistente Torres sobre el campo) que encaró al portero, pero fue trabado por un defensa paraguayo. Penalti; sin roja. Xabi Alonso marcó. Sin embargo, un guatemalteco sin nombre mandó repetir (Al Ghandour saludó desde el recuerdo). Entonces Xabi no repitió acierto (Eloy vino de la mano de Joaquín con la tristeza imperecedera en sus rostros). El rechace le cayó a Cesc y un penalti indisimulable se fue al limbo (Tassotti nos daba la puntilla). Tres en uno. En dos minutos habíamos pasado por todos los estados psicológicos permitidos por la Organización Mundial de la Salud. El agotamiento físico era terrible. Pero el mental era devastador.

Quedaban 20 minutos para la prórroga. El temor es siempre propenso a creer lo peor. Por eso temíamos llegar a ella. Pero más temíamos los penaltis. Y sobre todo, nos consumía la idea de que cualquier error puntual nos dejaba en la cuneta. Fueron minutos de tensión exagerada. Paraguay ponía su granito. Pero los fatídicos cuartos de final y la cruel despiadada memoria nos martilleaban hasta dejarnos sin fuerzas.

Dicen que sin trabajo, el talento no es sino un fuego de artificio: deslumbra un instante, pero no queda nada de él. Por eso bastó un segundo. Un chispazo fascinante. Cesc tocó hacia Xavi que de primera y medio girándose habilitó a Iniesta de forma prodigiosa. El inacabable ingenio de Iniesta hizo el restó. Limpió en una baldosa a dos enemigos, avanzó con la mirada clavada en el horizonte y cedió el balón magistralmente a Pedro. Gracias Iniesta. Emociona pensar que un jugador de ese calibre quiera lo mismo que nosotros. El remate de Pedro se estrelló en el poste, pero el rechace le cayó al elegido. Villa anotó el gol que nos mete en semifinales después de golpear en los dos postes. Tuvo que ser así. Metáfora de nuestra historia en los mundiales. El gran Villa, el impagable Villa. El delantero más grande que hemos conocido con la zamarra española. Nuestro pichichi. El del Mundial. Nuestra referencia. El gol resume las virtudes y la intención de nuestro maravilloso conjunto: toque, velocidad, finura y definición. Insuperable.

El tiempo no sabe conservar las esperanzas. Que levante la mano quien no pensara más de una vez que nos íbamos a ir a casa… otra vez. De ahí al final, sólo podía ocurrir una cosa: sufrir. Barrios la pegó fuerte y Casillas rechazó el Jabulani hacia Santa Cruz, pero si metemos la religión en esta película, Casillas se las sabe todas y por eso rechazó el disparo a bocajarro. Salve Iker. Gracias otra vez.

España no jugó su mejor partido ni mucho menos. Pero hoy sólo importaba ganar. Paraguay hizo todo lo que pudo y deberían marcharse orgullosos. Extraordinario su despliegue. Pero si hay algo de justicia en esto (no la hay), España debía pasar. La fuerza centrípeta de poder estar entre los cuatro mejores equipos del mundo (sólo pensarlo hace que tiemblen las piernas) nos sirvió de «automático» en los peores momentos. Nos esperaba el Paraíso.

Pero estaba escrito. Había que pasarlo mal y notar que había que sortear la ruleta rusa que siempre podía con nosotros. Cómo gusta  poder confirmar que no es cierto aquello que reza que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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Cuartos de Final: Argentina 0 Alemania 4 (Müller, Klose (2) y Friedrich)

No hay mucho que contar. Toda la vida en deporte, un equipo ha sido más que un simple individuo. Alemania ha conformado un bloque soberbio. Fuerte, talentoso, rápido, ágil, solidario y tremendamente inteligente. Argentina está formada por un grupo de buenos delanteros que conviven dentro de una estructura en la que no existen centrocampistas de ningún tipo (salvo Mascherano) y que tiene varios de los peores defensores de su historia. El resultado parece evidente.

Müller nada más empezar y Klose, dos veces, además de Friedrich destrozaron el ego del paupérrimo Maradona. Debe de pensar el ídolo que con besos y carantoñas se gana un Mundial. Parece inocente. Más bien parece estúpido. Pero es lo que pasa cuando uno se cree un Dios hasta en los lugares en los que no existen. La inagotable fe que este tipo de conjuntos tiene en el líder desapareció con el 0-2. A partir de entonces cayeron en el más profundo de los ridículos. La humillación fue incontestable. El fútbol gana, porque Alemania es semifinalista. El egocentrismo pierde: Maradona y su nadería técnica se van a casa. Por la puerta de atrás. Primer obstáculo serio y eliminados. Esa es la única verdad. La de hoy y la de todos aquellos que se paren a recordar qué tal jugó el «equipo» de ese genio de los 80, bajito, gordito y que tantas sandeces soltaba por la boca.

Alemania (lo que nos importa) es un conjunto grandioso. A aquél que fue finalista en la Euro 2008 han añadido a dos centrocampistas (aprende, Maradona, bocazas) como Khedira y Özil que le dan un ritmo impresionante. Además Müller (que no jugará contra nosotros). Quizás lo más flojo sea su defensa. Pero mantienen ese caparazón germano, mantienen la racha increíble de Klose en los mundiales, el rigor táctico y el sacrificio por el bien colectivo. Será más que duro hacerse con ellos.

«El alemán pide cierta gravedad, cierta grandeza de alma, cierta plenitud interior», dijo el escritor Eckermann. Por eso saben que deberán ganarnos para encontrarlo. Pero también saben lo que tendrán enfrente.

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La naturaleza del hombre es tan insatisfecha y rutinaria que desprecia el placer de las cosas de la vida en cuanto las posee habitualmente. No es el caso para nosotros, todavía. Aún nos encontramos en el punto de la obnubilación. Es nuestra mejor baza.

España está en semifinales. Habrá que repetirlo mucho estos días. Por eso de convencerse. Y por eso de entender por qué cuando uno se mire al espejo se sienta diferente.

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  1. 04/07/2010 en 16:19

    Clasificación:

    1º Ortigoza 38’5 puntos
    2º Rodríguez 34’5 puntos
    3º Pascual 31’5 puntos
    4º Espáriz 26’5 puntos
    5º Barra 25’5 puntos
    6º Del Rosal 24’5 puntos

    Para semis y 3º y 4º puesto doblamos puntuación: 4 por acertar quién pasa a la final o gana ese tercer puesto y 8 si se clava el resultado. La final serán 8 y 16 puntos respectivamente.

    Es el momento de la verdad.

  2. 04/07/2010 en 21:20

    Míkel, menos mal que no apostaste conmigo a lo de si iba a jugar Torres o Cesc… porque parece que va a volver a repetir con tu ídolo del Liverpool. Pero tranquilo… esta vez sí marca… enfrente está Alemania.

  3. 04/07/2010 en 21:22

    El gran Camacho… gol de Villa contra Portugal:

  4. 04/07/2010 en 21:23

    Y el de Paraguay… ¡Impresionante!

  5. 04/07/2010 en 21:26

    Y en la Ser… Mola, pero falta Paquito. ¡Cómo se nota!

  6. 04/07/2010 en 21:27

    Y en Radio Marca, hay que reconocer que mola un huevo.

  7. 04/07/2010 en 21:34

    El viejo Casale habrá resucitado, supongo. Qué menos. Habrá vuelto a la vida por el susto y el disgusto y estará queriendo morirse, para olvidar. Porque esto de hoy se recordará mientras estemos vivos.

    (Ya sé que a la lepra le parece bien que sufra Casale, pero el canalla Casale, en este momento, vale por Argentina entera; quien no sepa de qué estamos hablando puede aprovechar la conexión a internet, teclear “Viejo Casale” o “19 de diciembre de 1971”, que es el nombre del relato, en el buscador, y leer, en memoria de Roberto Fontanarrosa, el mejor cuento de fútbol de todos los tiempos).

    Ahora tocará ensañarse con Maradona, que al fin y al cabo era sólo Maradona, un tipo que fue el mejor futbolista y tras muchos tumbos, adicciones y sandeces fue colocado en el banquillo como última solución, como mamá-amuleto, porque los técnicos profesionales llevaban décadas sin sacar jugo de la selección; tocará añorar a Zanetti y Cambiasso, cuando lo que sobraba en la parte trasera eran años y experiencia; tocará preguntarse si Messi es tan bueno como dicen, aunque sepamos que sí lo es.

    Debería ser el momento de preguntarse por qué Argentina funciona a la argentina, es decir, por qué no funciona, pero eso es inútil: no se va a resolver precisamente ahora uno de los grandes misterios del siglo XX.

    El caso es que Argentina no es Alemania. La selección alemana es el producto de un trabajo a largo plazo realizado por dos técnicos de mediana cotización, Klinsmann y Low: obtuvieron un discreto tercer puesto en su propio Mundial, en 2006, pero no hubo revoluciones y la federación siguió apostando por un equipo joven. Fueron subcampeones de la Eurocopa en 2008 y campeones de la Eurocopa sub 21 en 2009. Sin tener ningún futbolista fascinante (por favor, no alucinemos), tienen un equipo espléndido. Y el fútbol es, entre otras cosas, eso: un juego colectivo.

    Argentina, en cambio, prefiere los milagros. Como, y que me perdone la lepra, la palomita de Poy o, puestos en lo máximo, la cabalgada de Maradona el 22 de junio de 1986.

    A mí también me gustan más los milagros. Pero con esta Alemania parece que no valen.

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