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Involución genética

Recuerdo que pensé escribir algo sobre esto, pero lo he ido dejando.

Volvía el sábado del Máster con las noticias de Onda Cero en la radio y entre las múltiples buenas nuevas que nos depara el “mundo de los hombres” escuché algo así como que en lo que va de año 3000 madres/padres han denunciado a sus hijos por maltrato.

Pero ojo, según afirman los entendidos, la realidad es que el dato es a todas luces inexacto. Parece ser que este total es menos de la mitad de las vejaciones reales.

Además, al hablar de maltrato no sólo deberíamos entender las agresiones propias de los delincuentes (golpeos, patadas, puñetazos) sino que el maltrato psicológico es a veces peor, más cruel y mucho menos publicitado.

Piensen, por tanto en la abominable cifra que resulta al intentar calcular este producto de la bajeza humana más repugnante.

Alguna vez he hablado con el Míkel (imagino que con más gente, pero es que recuerdo vívidamente haberlo hecho con él tras el episodio de ese ser a mitad de camino entre el rinoceronte y el dinosaurio que es el Flá) sobre esta cuestión y hemos llegado a una conclusión bastante justa: paliza sin paliativos a ese tipo de execrables personajes.

¿A qué clase de residuo se le puede ocurrir pegar a su madre? Imaginen un segundo a su madre. Después imaginen que alguien la golpea. Si alguien me niega que en ese mismo instante querer asesinar a ese agresor y hacer lo posible por hacerlo no son uno que me lo explique. Pues piensen que el que pega, insulta, hiere o falta es un hijo/a. Es el cataclismo.

El problema es muy grave. Pero no hace falta abrir los ojos y dejarse los lacrimales encima de estos vergonzosos números para preguntarse qué está pasando. Simplemente con salir a la calle y ver al típico niñato de mierda que no se levanta en el Metro para cederle su asiento a una anciana, o el típico ser inferior que va con la música a toda pastilla sin importarle los conciudadanos y así podríamos poner ejemplos hasta el fin de los días.

Probablemente el problema atañe también a las familias por la educación tan pobre que se da en muchos casos. En la que no se respetan unos mínimos valores o unas reglas que deberían ser inherentes a cualquier persona con los genes correctos.

En fin, lo peor es que la solución está “a mil jodidas millas” (Pulp Fiction). No es a corto plazo. Ni mucho menos. La crisis del mundo no es sólo económica. Tal vez, unas se entrelazan con otras.

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  1. 26/05/2009 en 20:06

    Es urgente plantear la posibilidad de aniquilar Corea del Norte y que sólo sea un recuerdo.

    Bomba atómica YA sobre Pyongyang.

  2. 26/05/2009 en 21:01

    Yo propongo un dildazo directo al corazón del problema norcoreano.

  3. 27/05/2009 en 08:30

    Ejercer la maldad en serio, en plan profesional, no es tan fácil como puede pensarse. La crueldad, la codicia y la falta de escrúpulos son sólo las condiciones básicas de un buen aspirante. Para desarrollar una carrera exitosa como malvado hace falta mucho más: constancia, ambición y facilidad para el peloteo y el despotismo resultan imprescindibles, igual que en cualquier ámbito profesional; una buena cepa de rencor, tendencia al delirio psicótico y generosas dosis de megalomanía constituyen las características de quienes alcanzan la excelencia en el ámbito del mal. Lo más fácil es quedarse por el camino, sin alcanzar la cima. En tal caso, el malvado se pasa la vida compitiendo con bandas de albanokosovares, despachos de especuladores y demás clase media del ramo.

    Uno sabe que ha llegado a la cumbre del asunto cuando es capaz de dañar muy gravemente a muchísima gente, cuando encarna un cierto estilo de maldad y cuando se le reconoce una determinada imagen, personal o corporativa. En esa élite destacan Hitler y sus nazis, que durante décadas han representado el modelo a seguir.

    El problema, cuando se ha alcanzado un prestigio indiscutible como malvado, consiste en los detalles. Las propias virtudes profesionales pueden convertirse en peligrosos defectos. La psicosis y la megalomanía, por ejemplo. Es el caso de Kim Jong-il, el dictador norcoreano, cuyos éxitos (hambrunas, miseria, amenazas nucleares) se ven lastimados por esa estúpida chaquetilla corta, de inspiración psicótica, y por el pelito cardado con el que intenta crecer unos centímetros. Toda una vida dedicada al mal, parcialmente echada a perder por una cuestión de imagen.

    Otra desgracia es la de ETA. Después de tantas víctimas y tanto esfuerzo contaban con un logo reconocible (la culebrilla y tal), una imagen palurda pero impactante (caperuza y txapela) y una tradición que pocas bandas terroristas han llegado a alcanzar. ¿Vieron la entrevista en Gara? ¿Vieron el “logotipo del cincuentenario”? Ellos parecen el madelman terrorista. El logo podría ser el de una pastelería. ¿Qué harán ahora? ¿Llaveritos del cincuentenario?

    Una lástima. Y una prueba más de que el mal está siempre a un paso del ridículo.

  4. 27/05/2009 en 11:11

    Jajajaja!!!! GRANDE ENRIC GONZÁLEZ!!!

    Y ya que hablamos de cosas serias, vean, amigos, el siguiente anuncio. ¿Les suenan? Qué gran época…

    Moteeeeeee!!!! Si estás ahí, dime ¿quién es el segundo? GRANDEEEEE!!!!!!!

    Un saludo,

    Atticus

  5. 27/05/2009 en 15:01

    Joder qué míticos!!!!!

    Vlado Gudeljjjjjjj grandísimo!!!!! Ese tío está para jugar. Finito, finito…

    Y el cameo de Ratkovic que me dices?? jaja

    Fermín, he soñado contigo tronggoooo

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