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Hijos de…Caldera

Voy a detenerme unos minutos (unas líneas) en comentar lo frustrante, y tal vez peligroso, que es el encontrarse con camareros desagradables, ineptos…en fin, unos hijos de puta.
Tras mi habitual jornada laboral, los ínclitos del Rosal, alias “el malagueño” y Zurita, alias “el fraternófobo” se aproximaron a mi curro para tomar unas reparantes cervezas. En un primer momento nos tomamos una sencilla cañita en el bar más cercano para acompañar a Ester y a Jorge, 2 compañeros del que suscribe. Allí O´Connell, aunque diga que no, quiso sacar sus seductoras armas de hombre de acción para con la extremadamente agradable y buena persona Éjter (apelativo cariñoso, copiando el modus hablandi de Bono). Todo sabiendo que dicha señorita está felizmente emparentada con un caballero de origen galo. Está claro que al “fraternófobo” le van los retos. Fue divertido. Aunque Zurita criticó mi forma de actuar, nuevamente. En fin…

Al ratito nos fuimos a otro tugurio. Al clásico pub irlandés, que creo que todos los lectores (activos y pasivos – ya queda menos para darles cera a todos los intrusos que no sacan la patita por debajo de la puerta-) conocen.

En dicho antro, sólo quedábamos los 3. Allí nos atiende un impresentable elemento (de extraña etnia) que después de servir de forma deleznable las cervezas y el Bayleys del cordobés errante nos dice de malas maneras (con gesto simiesco -sé que suena racista, pero es que fue tal cual-) que le paguemos. Tras pasar de él y desplazarnos 3 metros hasta la otra barra se acerca otro camarero para decirnos que el de la barra quiere que le paguemos. Tras espetarle que somos clientes poco menos que habituales y que no es un trato lógico el de este sujeto, pone como excusa que es nuevo y que se agobia. Abonamos nuestras consumiciones con las moscas detrás de las orejas y nos trae el cambio. Como recompensa por la amabilidad y confianza del subalterno tipejo le dejamos 1 céntimo. Nos fijamos en la reacción del antropoide: tira el céntimo al suelo, mira al O´Connell y le pregunta “¿Te pasa algo?”. Éste contesta: “No, ¿y a ti?”. El primate (mental) se aleja, porque se da cuenta de que la estaba cagando y que si seguía por ese camino, no sólo era probable la petición de la hoja de reclamaciones y de sus papeles (bueno, eso hubiera sido perder el tiempo. Gracias Caldera), sino también que se escapase algún guantazo.

De hecho, Zurita ya se estaba quitando la chaqueta para enseñar sus músculos. Por cierto, cuando nos preguntó al canario y a mi menda sobre qué nos parecía el resultado de sus años en saunas y gimnasios, no hubo respuesta. Sólo un comentario mío sobre su condición sexual. Sánchez Zurita, muy escéptico él, se lo tomó a mal. Una anécdota, pues seguíamos rumiando sobre el trato del camarero de segunda clase que había tras la barra.

Lo que más me jodió, personalmente, es que teníamos una buena caterva de asuntos miríficos (va por ti, Ferlein) que tratar y que no pudimos por estar cabreados ante la situación generada.

Finalmente, nos fuimos cuando se rebajó la tensión y la cosa no pasó a mayores.

Este breve comentario sólo quiere hacer ver la suerte que tenemos de haber conocido a uno de los mejores sirvientes (Mikel dixit) de la historia, al que, por cierto, no se me olvida decirle que le debo un post insultándole sin parar.

Y otra sucinta duda que dejo en el aire: ¿No se nos está llenando en exceso el país de gente indeseable?

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Categorías:Uncategorized
  1. Atticus Finch
    25/11/2006 en 18:14

    Me limitaré a escribir un breve, pero rotundo “SÍ”, a la espera de que el ínclito insular conteste a este post. Su sabiduría y experiencia al respecto suponen un rayo de luz en mis opiniones.

    Un Saludo.

    Atticus

  2. Penépolis
    26/11/2006 en 17:04

    Uf, poco me apetece escribir ahora, estimados contertulios y muerdealmohadas varios.

    Los hechos ocurrieron tal y como los describe el señor Jipi-Lite, a los que yo añado la tristeza que nos embargó viendo a basura de esa calaña trabajando en un pub en España (o en cualquier otra profesión, la verdad).

    En fin, se imaginan lo que jode que un macaco te DÉ POR EL CULO y te tire a la mierda una tarde con pintas, amigos y temas recurrentes, algo que, en mi opinión, es sagrado en la vida de un hombre.

    Penépolis, esperando el blog sobre los muerdealmohadas para despacharse a gusto durante líneas y líneas.

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