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Los caballeros de la triste figura

Amor” es una de esas palabras cargadas de significados variopintos. Es difícil de explicar realmente su esencia por el abuso que se hace de la misma. No hay más que ver la cantidad de basura televisiva (programas del corazón) que utilizan con excesiva frivolidad el término “Amor”, que en ningún caso definen el amor auténtico.

Amar algo presupone el deseo de unirse con ello: amor y unión, entiendo, que son expresiones que se conjugan recíprocamente.

Decía Julián Marías que “la vida humana se caracteriza por una pluralidad de trayectorias entrelazadas argumentalmente”. Infiero (me encanta la palabra) que se refiere a que durante el periodo vital de una persona, muchas circunstancias y personas (o personas y circunstancias, mejor dicho, no vaya a estar Ortega leyendo) se cruzan haciendo de ésta una “buena vida” o no.

El amor y la vida van indefectiblemente unidos, porque es muy difícil ser feliz si los 2 conceptos no se unen en un mismo ser.

No podemos dejar de pensar que la vida, por tanto, no se improvisa, se programa. Creo que cuando ya se ha dejado atrás la más pura adolescencia, se sube de nivel en las relaciones interpersonales y todo adquiere un nivel trascendental superior. Los amigos que yo tengo a mis casi 27 años son los amigos que, casi seguro, tendré hasta que me muera. Y cuando una mujer se cruza en mi vida a esta edad, empiezo a notar que adquiere rango social superior al de las tías que conocí con 18. Es un silogismo simple, pero que considero interesante.

“Son nuestros proyectos, sustentados por nuestras ideas y creencias, los que conforman las distintas etapas de la historia personal” (Enrique Rojas).

Ahora bien…aunque cada historia está transitada por numerosos azares imprevisibles, es necesario no perder la perspectiva de que ninguno de estos azares debe ser tan fuerte como para cambiar la trayectoria emprendida. Si no, el resultado puede ser traumático. Esto es: el fin que uno busca es ser feliz, y lograrlo requiere esfuerzo y tropezones por el camino, haberlos haylos, pero no pueden cortar de raíz la trayectoria que se pretende.

En ese recorrido suele desprenderse que existen 2 formas de ir por el camino: la urielina o la mikelina. La Urielina u “homo románticus” radica en el hecho de que el ser se implica, siente y vive de forma mucho más directa, forma parte intrínseca de los contenidos y de los continentes. En la Mikelina u “homo clásicus” hay una cierta distancia entre el sujeto en sí y la pareja, con lo que se gana en imparcialidad, pero se pierde en cuanto al calor de la vivencia.
Parece que una conjunción de ambas sería lo mejor…pero a ver quién es así… Por lo que yo tengo entendido, casi todos pertenecen a mi grupo, salvo el Mikel, por supuesto, y el Chori (aunque habría que preguntárselo a Sara).

Enamorarse es uno de los acontencimientos más maravillosos de la vida. Es un estado emocional al que, como decía ayer nuestro amigo Del Rosal se debería llegar a través de sucesivas etapas: atracción física, atracción emotiva, comunicación (física y psicológica) etc…

Muy muy muy importante a mi entender: Amar a alguien es necesitarlo.
Creo que es ahí donde pueden radicar las decepciones de Del Rosal y de Zurita de esta semana. Pero es ahí donde ellos deben crecer: no se le puede dar el corazón a quien no lo necesite ni sepa valorarlo, tratarlo, quererlo y mimarlo al 100%.

Porque utilizando el manido Corta/Pega, decía Lope de Vega en su famoso soneto:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso,

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.

Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño:
esto es amor. Quien lo probó lo sabe.

Y un apunte muy personal, aunque el amor verdadero sea irracionalidad, desenfreno, éxtasis, misticismo, arrobamiento y embeleso, hay mucho de inteligencia. Debe ser aquello que ejerza de guía permanentemente. “Toda obra bien hecha (decía Beethoven) necesita esfuerzos constantes de la voluntad regidos por la cabeza”. He ahí el principal ingrediente del fracaso de la relación entre Zurita y la gabacha Flo, que no tuvo demasiado de este componente.

Por tanto, he de decir que el amor de verdad se da cuando las 2 personas que componen la relación sienten que quieren estar con la otra persona, que necesitan ese referente vital y que pueden compartir un proyecto en que su imbricación sea la base donde sustentar un futuro común y donde puedan afrontar ese futuro “con una misma mirada”.

Cuando el tropezón en este virtual recorrido de la vida se ha producido, es ahí donde debemos recuperar y enderezar la postura y seguir caminando. Al principio, titubeando y apoyándose en objetos y sujetos que también van por tu trazado hasta que cuando uno pueda, de nuevo, valerse por sí mismo encare el resto de la senda con esperanza y serenidad.

Un día hablaba con mi amigo O´Connell sobre el cambio de los tiempos que han aumentado exponencialmente los momentos de crisis en las relaciones. Yendo ayer hacia el metro ayer hacíamos un aproximado cálculo y sólo un 20%, más o menos, de las relaciones que se inician en fechas en que antaño eran ya casi inamovibles, salen adelante.

Es inapelable que en una relación haya crisis: por desgaste de la convivencia, por crisis de identidad, por intromisión de terceros, inmadurez etc…

Pero siempre debería haber una serie de remedios para combatir el desamor: borrón y cuenta nueva, respeto, vida sexual sana y mucha comunicación (me gustó este chiste de Forges) etc…

Yo sigo pensando que cuando se produce una ruptura, hay que aprender de los errores cometidos y adquirir una experiencia que impida volver a tropezar con la misma piedra.

Esta semana ha sido muy dura para los ínclitos Del Rosal y Sánchez Zurita. Más allá de que busquen la solución allende los mares, en granjas irlandesas o en playas canarionas, la solución está en ellos mismos, pero eso sí, requiere tiempo, paciencia y mucha confianza.

La vida sigue. Y además, ya sabéis, queridos amigos, que siempre estaremos aquí. Porque los amigos son como ángeles que se levantan cuando tus alas han olvidado cómo volar.

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Categorías:Uncategorized
  1. Penépolis
    21/10/2006 en 14:33

    ¿Qué decir? Cualquir palabra es hueca ante mi dolor y lo que siento. No sé expresarlo, pero los aquí presentes sabemos todos de qué hablamos. Gracias a mis amigos conseguiré remontar el vuelo.

    Gracias.

  2. Vicente Rojo
    22/10/2006 en 13:18

    Pinceladas sobre una soplapollez

    Estoy emocionado. Toda la vida oyendo de Pascual que soy un tio sin sensibilidad, incapaz de ver la belleza interior de una mujer, y solo interesado en la penetración, la mamada y adios muy buenas. Y ahora, como el señor se ha puesto tierno, resulta que guardo las distancias entre yo y la pareja (majadería que vete tu a saber lo que significa).

    Pero te prevengo, amigo Uriel, de que se empieza formando parte intrínseca de los contenidos y de los continentes, y se acaba yendo a sacar al perro de la parienta, y de vacaciones fantásticas en Roma con la mejor amiga de la novia y su novio. En estos viajes se suele emprender una dura competición entre los dos novios para ver quien es más calzonazos.

    Si quereis saber quien es el máximo exponente del selecto grupo formado por JL y yo, corta y pega:


    Yo no quiero un amor civilizado,
    con recibos y escena del sofá;
    yo no quiero que viajes al pasado
    y vuelvas del mercado
    con ganas de llorar.

    Yo no quiero vecínas con pucheros;
    yo no quiero sembrar ni compartir;
    yo no quiero catorce de febrero
    ni cumpleaños feliz.

    Yo no quiero cargar con tus maletas;
    yo no quiero que elijas mi champú;
    yo no quiero mudarme de planeta,
    cortarme la coleta,
    brindar a tu salud.

    Yo no quiero domingos por la tarde;
    yo no quiero columpio en el jardin;
    lo que yo quiero, corazón cobarde,
    es que mueras por mí.

    Y morirme contigo si te matas
    y matarme contigo si te mueres
    porque el amor cuando no muere mata
    porque amores que matan nunca mueren.”

  3. El Alba siempre es difusa
    22/10/2006 en 16:04

    Y la pregunta es qué cojones pasaría ayer por la noche entre Don Miguel y la ínclita cántabra ayer por la noche cuando nos fuimos a casa después de pasar una interesante velada con el canarión en Padrao.

    No cuenta nada, o sea que parece que Don José Luis sigue siendo el vencedor de la apuesta. El caso es que sí se vio un pelín más suelto al hombre del Garfio con su presa. A ver a ver.

    Por lo demás, lo pasamos bien ayer. Don Miguel bebiendo y bebiendo. Fermín torrijón perdido. José Luis sudando mientras se mamaba y no paraba de joder. En fin, interesante.

    Por cierto, estoy deseando que me llames al móvil don Miguel… qué bonita melodía suena…

  4. El Alba siempre es difusa
    22/10/2006 en 16:07

    Por cierto. Acaba de perder el Liverpool… otra vez. Esta vez contra el Manchester United.

    Me da que le hace falta a Don Rafa otro año sabático o un jugón como Gattusso. Tranquilo, Sr. Red, que en breve recibirás respuesta sobre tu ídolo, el picapedrero de las nieves ese que tanto te gusta.

  5. Atticus Finch
    23/10/2006 en 10:23

    Hay una frase de tu texto que me gusta mucho y que suscribo al 100%. Es esa en la que dices que “enamorarse es uno de los acontecimientos más maravillosos de la vida”. Añadiría yo una frase, a mi entender definitoria en todos sus términos de lo que puede representar el enamoramiento, del primer libro de Benedetti títulado “Quién de nosotros” (sí, yo también leo a Benedetti, como Jorge Valdano) en la que dice: “Hubo un tiempo, asimismo, en que me creí capaz de sufrir y disfrutar una de esas pasiones sobrecogedoras que justifican una existencia”.

    Enamorarse es una de las experiencias más bonitas que puede uno disfrutar en la vida. Amar a otra persona es vivir o morir a cada instante, es reír y llorar, es gritar y estar en silencio, es mirar y es quedarse ciego, es oir y es quedarse sordo, es sentir la grandeza de la vida, y es hundirse en la más profunda miseria. Amar es saber conjugar estas contradicciones, que, por otra parte, te hacen sentir el amor más intensamente. Pocas cosas hay más agradables, bonitas o gratificantes en la vida como el reencuentro tras la discusión. Ahí veo uno de los síntomas de que, en mi humilde opinión, el amor fluye y sobrevuela la pareja.

    Amar es, en definitiva, el suceso más grande que a alguien le pueda suceder en su transcurrir vital. Y quién no haya estado enamorado no puede sentir esto. Yo lo estoy, y doy mil gracias por poder sentir todo este cúmulo de sensaciones. Uriel, estoy seguro también conoce esta sensación, pues hemos hablado larga y profundamente acerca de este tema en diferentes bares y diferentes situaciones. Cada una de ellas con un estado de ánimo completamente diferente: enamorados, desengañados, indiferentes…

    Tal vez me equivoque y el amor no tenga nada que ver con esto. Pero también pudiera ser que no yerre y el amor sí sea algo parecido a lo que siento. Me siento afortunado de poder pertenecier a los urielinos, de ser un Homo Románticus. Y me siento afortunado de amar, de amar a Diana.

    Sin más, quisiera despedirme dándole un fuerte abrazo a mis amigos Zurita y Del Rosal, porque ellos, sin duda alguna, merecen tener roto el corazón, pues son, y de esto no tengo duda alguna, dos de las personas más sinceras y puras de corazón que he conocido en mi vida.

    Atticus.

    Pd: en fin, Uriel, como vuelvas a escribir sobre este tema, te corto los huevos, pues me haces entrar en un estado de amariconamiento inaceptable. Quedas avisado.

  6. Atticus Finch
    23/10/2006 en 19:35

    ¡Coño! Releyendo mi post me he dado cuenta de un tremendo error en el párrafo de apoyo a del Rosal y Zurita. En realidad debería ser así:

    “Sin más, quisiera despedirme dándole un fuerte abrazo a mis amigos Zurita y Del Rosal, porque ellos, sin duda alguna, NO merecen tener roto el corazón, pues son, y de esto no tengo duda alguna, dos de las personas más sinceras y puras de corazón que he conocido en mi vida.”

    La verdad es que estoy seguro de que si leyeron el párrafo erróneo en el texto original no pensarían que eso es lo que yo quería decir.

    Sin más, pidiendo disculpas por tan notorio error, me despido otra vez.

    Atticus

  7. Mariano de Oz
    24/10/2006 en 12:24

    DIIOOOOOOOOOOOSSS¡¡¡¡ que horror¡¡¡¡¡
    Pobrecitos los diabeticos, que subidón.
    No se si podré superar todo este empalago.
    Además no escribais cosas que no pensais porque aqui todo el mundo busca el amor para tener buen sexo y quien no lo piense que lo diga, sea el o sea ella.

    Se va Mariano de Oz, quizás a leer un rato.

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